El Sevilla frena al Barcelona de Koeman (1-1)

Partidazo de los de Lopetegui. Koeman no encontró soluciones a la presión alta de los hispalenses

Lo peor para el Barcelona del empate que logró ante el Sevilla es la sensación de que fue superado por el rival. Lo peor para el Sevilla fue la sensación de que podían haber sacado algo más del Camp Nou. Un punto para cada uno y primer frenazo del nuevo equipo azulgrana... Tenía que pasar, y lo hizo contra un equipazo.

Se encontró el Barcelona de Koeman con sensaciones que no había tenido hasta el momento, como por ejemplo verse por debajo en el marcador o encajar un gol. Lo logró de De Jong, pero no fue demasiado inconveniente porque casi en la siguiente jugada empató Coutinho al aprovechar un baló suelto que le dejó Navas. El lateral fue al límite para tratar de parar el pase de Messi a Alba y el resutado fue falta. El verdadero problema del Barça era el Sevilla, que preparó el partido a la perfección y que tenía claros varios aspectos: por una lado presionar arriba del todo, incluso en el área rival, en la portería de Neto, lo que fue un suplicio para los azulgrana, que no lograban salir con el balón limpio. Después, cerrarse bien por dentro y cuando tenían la pelota, buscar los desplazamientos largos. El resultado fue una primera mitad muy equilibrada, sin muchas ocasiones, pero bonita y muy disputada. ¿Quién se equivocaría? Todo era al límite y el Sevilla rozó el segundo en una internada de Navas después de que lograran sacar la pelota con triangulaciones anulando a jugadores del Barcelona. También los de Koeman tuvieron alguna opción de correr que se quedó a medias, con tiros tímidos. Faltó más parcicipación de Ansu Fati o de Coutinho, pero el mérito era del rival. Estaba tímido De Jong, y más fallón de lo habitual, con algunos errores en el pase incomprensibles. El choque de fuerzas provocaba una onda expansiva que no iba ni a un lado ni a otro. Podían las defensas, con un imponente Koundé en un lado y Araujo, el sustituto de Lenglet, que no desentonaba en el otro.

Las sensaciones no hicieron más que multiplicarse tras el descanso. Se podía esperar un paso adelante del Barcelona, una marcha más, pero no pudo o no supo. La presión del Sevilla arriba era ya una pesadilla y tenía que jugar en largo. Pocos balones les llegaron en condiciones a los futbolistas de talento. Poco de Messi, nada de Griezmann, invisible Ansu... Lo intentó Koeman cambiando a los atacantes, con la presencia de Pedri y Trincao, con lo que el técnico holandés volvió a demostrar que están por delante de Dembélé. Pero el problema no estaba ahí. Era más atrás, en la elaboración, inexistente, siempre sucia, sin precisión. Apenas un tiro de Messi, un remate de De Jong... Hubo un arreón final, precipitado como todo, y Trincao la tuvo de verdad, pero se encontró con Bono. El empate es un mensaje para los barcelonistas: hay que seguir trabajando. Al Sevilla sólo le faltó creérselo.