La generación de oro baila el último tango en París

Hace justo un año, Nadal arrolló a Djokovic en Roland Garros, pero ese triunfo pudo ser el epílogo de una generación irrepetible

Nadal abraza el trofeo de Roland Garros que conquistó en el otoño parisino de 2020
Nadal abraza el trofeo de Roland Garros que conquistó en el otoño parisino de 2020 FOTO: CHRISTIAN HARTMANN REUTERS

No era el fresquito del final de la primavera ni caían esos chubascos que apelmazan la tierra batida durante un rato, hasta que el sol de junio la seca. En París, a mediados de octubre, hace frío de abrigo gordo y la lluvia, gracias al efecto multiplicador de la vegetación del vecino Bosque de Bolonia, deja pingando las pistas. Rompió el cielo un aguacero media hora antes de que Rafael Nadal y Novak Djokovic saltasen a la Philippe Chatrier y el parte meteorológico era inapelable: no escamparía en toda la tarde, había que cerrar el techo retráctil. Mil espectadores por las restricciones pandémicas, edición otoñal y a cubierto... Fue la final de Roland Garros más rara de la historia.

Extraño fue también el desarrollo del partido y no por la victoria de Nadal, que eso ya es costumbre, sino porque Djokovic fue un fantasma. El 6-0, 6-2 y 7-5 muestra la reacción de orgullo del serbio en el último set después de un calvario en el que fue minuciosamente demolido por el español. Nole tardó 55 minutos en apuntarse su primer juego y pasaron otros 34 antes de que ganase el segundo. Rafa levantó su decimotercera Copa de los Mosqueteros y se apuntó su vigésimo título del Grand Slam, los mismos que Federer y tres más que el balcánico. El año siguiente se erguía al fondo del calendario como el de la vuelta de la normalidad y el de su coronación definitiva como el mejor de todos los tiempos. Pero...

Pero resultó que no, porque 2021 ha sido implacable con la mejor generación dorada del deporte español, que la semana pasada cerró un capítulo con la retirada oficial de Pau Gasol, tras una carrera gloriosa tal vez amargada por el sinsabor de los Juegos de Tokio, seguramente esa copita de más que transmuta una noche de diversión en una mañana de resaca atroz. La cita olímpica era la carrera más importante en el calendario de otro ilustre cuarentón, Alejandro Valverde, que se despatarró en las faldas del Monte Fuji y a quien una caída en la Vuelta le impidió disputar el Mundial en Flandes, donde logró algunas de las más prestigiosas victorias de su vida.

Los meses posteriores a la pandemia tampoco son venturosos para algunos de los futbolistas campeones del mundo en 2010 que permanecen en activo. Piqué y Busquets, que resiste como capitán de la selección, dan síntomas de decadencia irreversible en el triste Barcelona de entreguerras que pastorea Ronald Koeman, mientras que Sergio Ramos lleva siete partidos jugados en todo 2021, cinco con el Real Madrid, que no le renovó el contrato, y dos con España, y permanece inédito con el PSG. Iniesta prolongó hace poco su compromiso con el Vissel Kobe japonés, y otros como Albiol, Navas, Silva, Pedro, Reina, Mata y Cesc apuran sus carreras rindiendo a un nivel más que digno.

Ha sido el año 2021 que ha aprovechado Novak Djokovic para igualarse a sus dos ilustres rivales. El pasado otoño, tan traumático –descalificación en Nueva York por un pelotazo a una juez de línea y la referida paliza en París–, revigorizó al as balcánico, que se mostró intratable como suele en Australia, cambió la historia en Roland Garros con una victoria titánica en semifinales contra Nadal y certificó su ascenso al trono en Wimbledon. Sólo su ambición, desmedida pero loable, de completar un histórico «Golden Slam» –los cuatro grandes y el oro olímpico el mismo año– lo humanizó en la segunda mitad del curso.

Con el tenista mallorquín aún convaleciente de sus múltiples lesiones, existe un riesgo cierto de que aquella final del octubre parisino –faltaba Yves Montand canturreando «Les feuilles mortes» por la Plaza de los Vosgos– sea el último baile de la luminaria de la mejor generación que ha dado el deporte español. Casi tiene decidido no hacer la campaña australiana en enero y apunta, puede que con la solitaria bala de la recámara, a Roland Garros 2022. Pero, ¿quién se atrevería a apostar contra don Rafael Nadal Parera?