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El Baskonia quiere guerra

Los vitorianos aguantaron las acometidas del Madrid y se impusieron en el primer partido de la final. Los de Laso, irregulares.

  • El Baskonia quiere guerra

Tiempo de lectura 2 min.

13 de junio de 2018. 23:49h

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Mariano Ruiz Díez Madrid. 13/6/2018

En medio del ruido descomunal producido por el huracán que sacudió a la Selección futbolera, la final ACB reclamó la atención con un partido que promete emociones fuertes en los próximos nueve días. El campeón de Europa, el mejor equipo de la primera fase, el propietario del factor cancha, el multifinalista Madrid de Laso se topó con la versión más completa del Baskonia. En los vitorianos ocho jugadores anotaron entre 7 y 16 puntos. En el Madrid todo se basó en apariciones puntuales. Un rato de Tavares, un rato de Doncic, Carroll y Llull al final contra el mundo... el saldo es que el Baskonia tomó las riendas de la final anotando más de 90 puntos y demostrando que todo lo protagonizado en la segunda mitad de la temporada no es casualidad.

«Hemos tenido serenidad, ritmo, y hemos reboteado muy bien», analizaba Pedro Martínez a las cámaras de Movistar + después del triunfo. La serenidad que le faltó a su equipo y a él en el cuarto partido en el Palau, y que estuvo cerca de concluir con una derrota, apareció en Madrid. Después de dos cuartos muy equilibrados, el Baskonia tomó impulso gracias al acierto desde la línea de tres. Era uno de los factores sobre los que había advertido Laso. Seis triples en ese parcial dieron el mando del partido a los vascos. El Madrid fue capaz de contestar y afrontó los tres minutos finales en ventaja, pero ahí careció de la capacidad de amenazar que ha mostrado tantas veces. Carroll, 14 puntos en el último cuarto, sólo encontró la ayuda de Llull. Estuvieron demasiado solos.

Shengelia, que había estado poco menos que desaparecido hasta entonces, lideró a los suyos en unos minutos finales a los que llegó el equipo vivo después de encajar un parcial de 24-12 desde el arranque del último cuarto. La victoria dejó el recital en la dirección de Vildoza. El argentino fue una amenaza permanente. Anotó 16 puntos con un solo fallo en el tiro y en el tramo final mantuvo una sangre fría que permitió a su equipo sobrevivir a un par de triples imposibles de Llull y Carroll. Sí, porque la épica fue el único arma al que pudieron recurrir los de Laso en los segundos finales. Tavares dejó de ser importante demasiado pronto. Marcó territorio al comienzo, dominó ambas zonas en el primer cuarto, pero su emparejamiento con Voigtmann le desactivó. El alemán se instaló en la línea de tres, demasiado alejado de los dominios del africano y, además de anotar un par de triples en la racha vitoriana, apartó de la circulación a «Edy». A Doncic también se le echó de menos. Mucho, además. Sólo ayudó al equipo en el tercer cuarto cuando el Baskonia se había desatado. Fue el que mantuvo el pulso anotador, pero el resto del partido estuvo más preocupado de buscar jaleo con Timma o protestar a los árbitros. El Madrid dio durante bastantes minutos la sensación de no estar del todo enchufado como había sucedido el último mes. Y si eso no lo corrige mañana...

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