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Campazzo y Deck: «Laso maneja bien la felicidad del jugador»

Los dos argentinos del Real Madrid, conversan con LA RAZÓN antes del comienzo de una Euroliga en la que los blancos defienden título: «Todos nos van a querer ganar», dicen.

  • Foto: Cipriano Pastrano
    Foto: Cipriano Pastrano

Tiempo de lectura 4 min.

11 de octubre de 2018. 00:27h

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José Manuel Martín Madrid. 11/10/2018

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¿Qué tipo de jugador es Campazzo?

«Cuidado con lo que vas a decir», avisa el interesado. «Un enano», responde Gabriel Deck, uno de los dos fichajes del Real Madrid de baloncesto este verano. «Todos conocemos su capacidad, las ganas y concentración que pone. Cuando está en cancha hay un ritmo increíble, contagia al resto. Es una bestia», comenta, ahora ya serio. ¿Y cómo es Deck?

«Es un jugador que también contagia mucho. Si fuera de la pista le dicen el tortuga, dentro de ella sería un animal muy rápido. Tiene mucho talento y puede anotar o hacer jugar al equipo. Encaja perfectamente en el Real Madrid y lo van a disfrutar mucho». El que responde es Facundo Campazzo, el otro argentino del equipo blanco, que a partir de hoy arranca la defensa de su último título de Euroliga.

Ambos, Facundo Campazzo (Córdoba, 1991) y Gabriel Deck (Colonia Dora, 1995) son la cuota albiceleste del conjunto de Pablo Laso, herederos de las grandes estrellas de la generación dorada argentina, de la que hablan con veneración. «Antes de conocerlos los tenías de ídolos y pensabas que se llegaba ahí sólo por el talento, que estaban tocados por la varita. Luego te das cuenta de que no, que los valores de sacrificio, de trabajo, de equipo y de unión son los que les hicieron estar tan arriba», cuenta el Facu. A él lo consideraban el sucesor de Prigioni, mientras Deck se sonroja cuando lo comparan con Nocioni, pero por encima de todos los nombres sobresale el de Ginóbili. «Fue el primer argentino que brilló de verdad en la NBA y eso nos cautivó a sus compatriotas. Cuando lo tuve cerca siempre traté de aprender de él. No hace falta que hable para enseñarte cosas y jugando te transmitía tranquilidad», resume Campazzo, que trata de ser el mejor anfitrión para Deck, recién llegado a Madrid desde el San Lorenzo de Almagro argentino. Han hecho el intento de organizar el típico asado de su país, aunque no ha habido demasiado tiempo. «Organizamos uno con Tavares y alguno más, pero terminó cocinando Deck, porque Edy no sabía hacer nada. Fue una barbacoa, pero un asado realmente argentino todavía no hemos celebrado», confiesan a pocas horas de que comience su primer partido de Euroliga.

«Es un torneo muy duro. Cualquier rival te puede ganar, y si no estás al máximo física y mentalmente, te pasan por encima. Somos el último campeón y eso juega en la cabeza de los rivales. Todos nos van a querer ganar», confiesa el base, que este curso por fin ha podido empezar desde el principio con Llull al lado. «Tenía muchas ganas de jugar con él y no se pudo dar la temporada pasada, porque cuando volvió yo estaba lesionado. Le gusta competir, ayuda a mi juego, potencia a sus compañeros y cuando está encendido es difícil de defender. Todo equipo quiere, sueña o desea tener un superganador como Sergi. Los dos somos, de alguna manera, los entrenadores en la pista».

Son la extensión de la pizarra de Laso en la cancha, una parte importante del vigente campeón de Europa y de un grupo que lleva mucho tiempo funcionando en torno a la idea del técnico vitoriano. «Entiende perfectamente a sus chicos y el juego, y maneja bien la felicidad del jugador. Todos estamos contentos, ganemos o perdamos, morimos con esta identidad. Pablo saca lo mejor de cada uno», alaba Campazzo, que espera una guerra de cada partido europeo este curso. «Ahora importa más el cómo que el qué. Si le metemos el doble de intensidad vamos a andar bien. Si aflojamos un poco y sólo pensamos en la táctica nos va a costar. El ADN de este equipo es la intensidad y el corazón. El Madrid nunca se aburre de ganar. La sensación de conseguir un título la quieres volver a vivir en tu cuerpo», insiste el Facu, que tiene pendiente llevar al recién llegado Deck a un restaurante «realmente» argentino en Madrid, aunque se guarda el nombre. A él le gusta pasear por Malasaña con su esposa en sus días libres. Los dos empezaron desde muy abajo en Argentina y ahora sólo quieren disfrutar y competir con los mejores.

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