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En el día de la revolución

Alberto Contador se alza contra todos y arrastra en la escapada a Mikel Landa, que acarició el maillot amarillo. La etapa, para Barguil, y el alavés se acerca a 1:09 de Fabio Aru, todavía líder

  • Alberto Contador y Mikel Landa, de fuga por los Pirineos
    Alberto Contador y Mikel Landa, de fuga por los Pirineos

Tiempo de lectura 2 min.

15 de julio de 2017. 04:21h

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14/7/2017

El día en que una moto arrolló todos los sueños de rosa de Mikel Landa en el Giro estaba claro. No iba a ganar la «corsa» del centenario, pero iba a convertirse en el hombre clave de la prueba. Ayer, en el Tour, pasó igual; pero Mikel estuvo en el otro lado. Era Contador el desahuciado, el descarriado y dolorido que se levanta dos horas antes de que grite su despertador para calentar el cuerpo antes de la corta y explosiva etapa que va a poner el Tour, por si no lo estaba ya, por los aires. Él, el hombre de la mirada asesina, la ambición inagotable y la épica como destino, es la clave. De nadie más que de él se esperaba un ataque así, brillante. Una acción así, loca. Una pedalada así, con esa garra.

Contador no elige minuciosamente los días destinados a agrandar su leyenda. Él es un ciclista a la antigua, de los que improvisa, de los que pregunta a su corazón y no de los que inserta números en la calculadora. Pero todas sus gestas empiezan por f, de formidable. Fuente Dé, Formigal y ayer Foix. En su precioso ataque en el Col de Latrape arrastra consigo a otro ciclista que va camino de ser igual que él, también con f, fantástico. Mikel Landa le coge la rueda y juntos se marchan, ya nadie más les va a ver hasta la meta.

Y Contador envenena al alavés. «Que estamos haciendo algo grande, que me iba a ayudar en todo lo posible», le dice a Mikel Landa, que te puedes poner de líder, le repite. Y por detrás, Froome pasando más pena que gloria aguanta, mientras el ag2r de Bardet se toma el 14 de julio al pie de la letra y pedalea por los Pirineos de fiesta, como espectadores, en vez de aprovecharse de las debilidades que se ven en el keniano, rojo como la tierra del Masai Mara donde creció.

Ninguno se aprovecha y acaba siendo él mismo quien toma el peso en el último descenso, intentando atacar a Bardet y Aru; pero sin conseguir despegarles. Por delante, Barguil y un renacido Quintana dan caza a Contador y Landa y es el ciclista del Sunweb quien gana la etapa. Hacía 12 años, desde el 2005 con Moncoutie, que un francés no ganaba en el día de la patria.

Pero la revolución fue cosa de los españoles. Sublevados, Contador y Landa. El alavés ya es quinto en la general a 1’09’’ de Aru. «Tengo piernas, pero no galones. Hemos venido a ganar el Tour con Chris y yo sé cual es mi rol». Y a la insistencia de preguntas acaba por desarmarse el alavés: «Espero que lo gane él... Y si no, yo».

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