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Oxígeno para Froome

El líder de la Vuelta recupera 21 segundos a Nibali. Quería venganza después de sufrir en Los Machucos. Contador llegó con él.

  • Chris Froome, en la salida de la decimoctava etapa de la Vuelta Ciclista a España, con salida en la localidad de Suances y meta en Santo Toribio de Liébana
    Chris Froome, en la salida de la decimoctava etapa de la Vuelta Ciclista a España, con salida en la localidad de Suances y meta en Santo Toribio de Liébana
Enviado especial.

Tiempo de lectura 4 min.

08 de septiembre de 2017. 00:38h

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Domingo García Enviado especial. 7/9/2017

Chris Froome se había sentido vulnerable, superado por todos sus rivales en la general y con dificultades para seguir la rueda de su compañero Mikel Nieve en Los Machucos. «Me gustaría no volver a verlos nunca más», admitía ayer después de la etapa. Es un puerto infernal para él, en el que resulta imposible marcar un ritmo constante. Los cálculos no resisten cuando de repente los ciclistas se encuentran con muros del 26 por ciento de desnivel. Se sintió débil por una vez y ayer salió con ganas de venganza. Se lo advirtió a sus compañeros, que hicieron algo más que controlar la carrera como siempre.

Fue Wouter Poels el que le advirtió por la radio de que Nibali no podía seguirle cuando lanzó el ataque en el último kilómetro del ascenso hasta Santo Toribio de Liébana. Le dijo que continuara hacia delante. Daba igual que en su intento se llevara con él a Alberto Contador y a Michael Woods. Lo importante es que Nibali entró 21 segundos después en la meta. En sólo 500 metros había conseguido recuperar la mitad de lo que había perdido en Los Machucos. «Teníamos nuestros planes y una parte de la estrategia era ver si había gente que en la última parte de la carrera pagaba los esfuerzos», confesaba el líder. Y el que más lo pagó fue su rival.

Froome advirtió después de ganar la contrarreloj en Logroño de que sería más conservador o más ofensivo dependiendo de las circunstancias de carrera. Y ayer le tocaba atacar para recuperar tiempo y superioridad moral sobre sus rivales. Contador no tiene esas dudas. Le quedan tres días encima de la bicicleta y piensa disfrutarlos. Ayer todo el mundo le miraba para saber cuándo iba a atacar. En la memoria estaba aquella etapa con final en Fuente Dé que le sirvió para ganar la Vuelta de 2012. «Tranquilos», decía Alberto, que se animó cuando Aru se fue en la Collada de Carmona. «Pero he pensado que no íbamos a ningún lado solos», reflexionaba. El italiano llegó a tener un minuto de ventaja, pero los tiempos en la meta daban la razón a Contador. Sólo doce segundos separaron a Aru de Alberto, Froome y Woods en la meta. Y el Sky no le hubiera permitido marcharse con la misma facilidad que al corredor de Astana.

Contador quiere seguir divirtiéndose hasta Madrid, aunque aclara que prefiere guardarse fuerzas para el Angliru. Es la última oportunidad de su carrera de hacer algo grande y es un puerto que a Froome tampoco le gusta, como Los Machucos. «Pero es lo que hay», dice resignado. En el Angliru, Alberto espera recuperar al menos ese minuto y diecisiete segundos que le separa ahora del podio que marca Kelderman. Ayer le recortó cuatro segundos, pero la sensación es que las piernas del español van mejor que las de sus rivales en esta última semana. «A todos nos duelen», dice. Y sabe que todos pasan malos días. Le sucedía a él cuando era líder en otras carreras y sus rivales no se atrevían a atacarlo por un respeto mal entendido. Él sólo respeta la jerarquía que impone el asfalto y trabaja para que sea la carretera y no el miedo el que marque el orden de la general en Madrid.

Contador es valiente, como valiente fue Sander Armée para descolgar a Lutsenko en las últimas cuestas que llevaban a Santo Toribio. «A un kilómetro de la llegada sabía que iba a ser mi oportunidad de ganar la etapa», reconocía. Fue el elegido de la escapada de 20 corredores que se había lanzado a la aventura desde temprano. «Sienta fenomenal conseguir una victoria aquí», asume.

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