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Siempre Alberto

Contador vuelve a atacar en un lugar inesperado y recupera 42 segundos a Froome, que se cayó dos veces

  • Contador consiguió recortar tiempo a los favoritos. Froome logró conservar el maillot rojo a pesar de sus dos caídas camino de Antequera
    Contador consiguió recortar tiempo a los favoritos. Froome logró conservar el maillot rojo a pesar de sus dos caídas camino de Antequera

Tiempo de lectura 2 min.

01 de septiembre de 2017. 03:54h

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Domingo García 31/8/2017

«Grande», gritaba en español Peter Stetina a Alberto Contador y le chocaba la mano mientras el corredor atendía a los medios. El ciclista estadounidense fue el único que aguantó al lado del jefe en la maldita etapa de Andorra y el primero en felicitarlo ayer después de recortar 42 segundos con un sorprendente ataque en el Torcal, a poco más de 20 kilómetros para la llegada. «He atacado, he hablado con Nicolas Roche, me fui con él, pero le costaba seguir mi ritmo», cuenta. Y Contador se fue solo en busca de su compañero Theuns, que lo esperaba para ayudarle en la bajada. Llegaron a tener casi 40 segundos de ventaja sobre el grupo de Froome y la distancia empezaba a decaer cuando aparecieron los problemas de equilibrio del británico. Se cayó dos veces en dos curvas consecutivas. En la primera, perdió la rueda delantera. En la segunda, volvió a dañar la rueda delantera, pero la cambió y continuó con la misma bicicleta.

El británico se quedó descolgado entre los coches de equipo, con el cuerpo dolorido, pero el ánimo intacto. Los tatuajes del dolor estaban en el costado derecho, con el culotte agujereado y la pierna ligeramente ensangrentada por los raspones. Poels y Nieve le esperaron para comenzar juntos dos luchas paralelas, contra Contador y contra Nibali, que puso a tirar a su compañero Pellizotti para recortar las distancias con el líder en la general.

Era una contrarreloj por equipos en la que Contador corría solo, como es su costumbre. Ya había advertido Alberto a Froome el día en que se llegaba a Sagunto, cuando atacó en el Garbí, de que en el ciclismo pasan cosas y que le hubiera convenido colaborar con él para distanciar más a sus rivales. Cosas como las caídas del británico ayer o como los problemas digestivos del español, que perdió dos minutos y medio que todavía le pesan. Sin esa pérdida, ahora sería segundo en la general. Pero se ve obligado a lanzar ataques en lugares imposibles, cuando menos se lo esperan los rivales. Es el ciclismo que le gusta y el ciclismo que mantiene viva esta Vuelta. Froome sabe que, a estas alturas, es posible que Contador no sea su principal enemigo para ganar la carrera, pero sí es el que con más facilidad podría hacérsela perder, como sucedió el año pasado con el ataque desde la salida camino de Formigal que entregó el triunfo a Nairo Quintana. «¿El ciclismo es para los valientes?», le preguntan. «Con los potenciómetros, cada vez menos», responde. Y donde nadie se atreve, él se lanza. «Hoy era un día de ésos que dolían las piernas y había que tener ganas para intentarlo», confiesa.

Valiente es también el polaco Tomsasz Marczynski, que abandonó a sus compañeros de fuga para ganar su segunda etapa en esta Vuelta.

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