Ciclismo

Fabio Jakobsen resucita en Molina de Aragón

El holandés se impone en cuarta etapa de la Vuelta poco más de un año después de la terrible caída que estuvo a punto de costarle la vida en la Vuelta a Polonia

Fabio Jaksobsen celebra su victoria en Molina de Aragón
Fabio Jaksobsen celebra su victoria en Molina de AragónAlvaro BarrientosAP

Sólo un diente conservó Fabio Jakobsen como testigo único de la terrible caída que sufrió el año pasado en la Vuelta a Polonia. Perdió el resto de la dentadura, pero las lesiones eran muchas más: traumatismo cranoencefálico, conmoción cerebral, aplastamiento de tráquea, perforación de una cuerda vocal, el paladar agujereado y parte de la mandíbula destrozada. Tuvieron que trasplantarle hueso de la cresta ilíaca para recomponerla después del tremendo golpe que sufrió al ser empujado por su compatriota Dylan Groenevegen cuando disputaban la victoria a 80 kilómetros por hora. Estuvo varios días en coma inducido y tuvieron que intubarlo y someterle nada más llegar al hospital de Katowice a una delicada operación de cinco horas. “Me estaba ahogando con mi propia sangre”, recordaba después.

Cuando se despertó y vio a tres médicos en su habitación fue consciente de la gravedad de su situación. No se había enterado de que un sacerdote había acudido a verle por si era necesario administrarle los últimos sacramentos.

La rehabilitación fue dura. Tuvo que someterse a varias operaciones de reconstrucción porque tenía el rostro desfigurado. Incluso cuando se concentró con su equipo, el Deceuninck Quick Step, en enero para la pretemporada aún tenía alguna operación pendiente. No pensaba entonces que fuera a volver a ganar. Al menos con tanta rapidez.

«Un año pasa rápido, pero no ha sido el caso para mí», admite. El proceso ha sido lento y costoso. «Todo empieza con lo físico, me rompí los dientes y muchos huesos de la cara, Fueron muchas las operaciones para volver a ser una persona normal», relata. «El primer tramo del camino fue volver a tener dientes; luego, volver a ser ciclista profesional física y mentalmente», dice. Tuvo siempre la colaboración de su equipo, que no le quiso apresurar en la recuperación. «Me dijeron que me tomara el tiempo que necesitara».

El proceso mental fue más lento. «Me daba miedo volver a meterme en el esprint por la velocidad y por la posibilidad de que haya caídas, pero cuando sentí que la cabeza acompañaba al físico volví a ganar carreras». Ganó dos etapas en el Tour de Valonia que le dieron la confianza que necesitaba para volver a ganar en una grande.

En Molina de Aragón cerró el círculo. En la Vuelta consiguió su primera victoria en una grande en 2019, también en la etapa cuatro como ahora, con final en El Puig. Después se impuso también en la etapa final en Madrid. «Aquí cierro el círculo. Empecé ganando etapas en una grande aquí en la Vuelta y volver a ganar aquí es muy grande. El accidente es parte de mi vida, pero ha llegado el momento de dejarlo atrás, es un capítulo cerrado y estoy preparado para escribir el siguiente», asegura.

En Molina de Aragón ha empezado a escribirlo, en un terreno exigente, con una rampa final que convertía el esprint en un esfuerzo más explosivo. Pero no tuvo rival. Tampoco miedo. «Siempre cambia algo cuando te ocurre algo así. No freno más de lo que frenaba, pero sí mantengo más la distancia. Lo importante es mantenerte encima de la bici porque una caída te impide ganar, da igual a cien metros que a dos kilómetros. Soy algo más cuidadoso, pero no te puedes permitir frenar más de la cuenta porque entonces no puedes ganar. El cambio lo resumo en correr más concentrado», reconoce.

Jakobsen ha vuelto a empezar como si nada hubiera sucedido, pero sin perder la memoria de lo que ha padecido en el último año. «El límite de sufrimiento que tengo ahora es más alto, el de los últimos 500 metros de un esprint no es comparable con lo que he pasado. Es uno de los momentos más bonitos de mi carrera», asgura. Y ahora sí, sonríe con todos los dientes.