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Damián Quintero y Sandra Sánchez lo tienen claro: "Juntos seríamos invencibles"

Desde niños llevan compitiendo juntos y en los Juegos de Tokio serán una de las más claras opciones de medallas

  • Damián Quintero y Sandra Sánchez en la Residencia del Embajador de Japón en España
    Damián Quintero y Sandra Sánchez en la Residencia del Embajador de Japón en España /

    Jesús G.Feria

Tiempo de lectura 4 min.

10 de octubre de 2019. 16:51h

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Isabel Pacheco 10/10/2019

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¿Desde cuándo nos conocemos tú y yo?», pregunta pensativo Damián Quintero a Sandra Sánchez. «Puff. Desde que éramos muy pequeños. Teníamos 8 o 9 años», le responde sonriente la talaverana. «Recuerdo ir a Campeonatos de España y estar Sandra allí. ¡Qué recuerdos! ¿Eh?».Sandra Sánchez (38 años, Talavera de la Reina) y Damián Quintero (35 años, Buenos Aires) son la imagen del kárate en España. Número uno y dos del mundo respectivamente, ambos han logrado con sus katas que España se instale en lo más alto del podio. «Tenemos que proponer que pongan algún campeonato mixto. Seguro que ganaríamos a todos», bromea Damián. «Juntos seríamos invencibles», añade con una carcajada Sandra.

¿Y si coincidiéseis en la misma categoría? «Intentaría cambiar el número uno por el dos, pero a lo mejor me quedaría igual», responde Damián, que no puede parar de reír mientras mira fijamente a Sandra. La admira. «Es la perseverancia y el sacrificio en persona. Ha luchado muchísimo por llegar a donde está. Como ella dice, la edad sólo es un número». Y Sandra tampoco se queda corta. «Lo que más me sorprendió cuando he podido trabajar con él es su capacidad de sacrificio. Si hay que hacer 100 repeticiones Damián va a hacer 100. No se salta ninguna. Es la energía en el tatami».

Amigos y compañeros desde hace años, aunque «a mí ha costado un poco más el acople», bromea Damián haciendo referencia a que Jesús del Moral, su entrenador, es la actual pareja de Sandra, los dos cuentan ya los días para que arranque el reto más apasionante de sus vidas: los juegos Olímpicos de Tokio 2020. Una aventura sin precedentes en el mundo del kárate, pero que, por desgracia, en París 2024 ya será historia. «Esa decisión fue muy injusta. No tuvimos la puesta en escena en Tokio para que se pudiera valorar el kárate en unos Juegos. Esa decisión no estaba tomada en base a una realidad. Y claro, tienes sentimientos encontrados porque estás viviendo algo único, pero tienes esa espinita de... ¿y si son los últimos?», señala la reciente campeona de la Premier League de Moscú. «Es complicado para las generaciones que vienen detrás. Somos conscientes de que somos referentes para muchos niños y niñas, que también sueñan con llegar a esto y es complicado para ellos porque se esfuma la posibilidad de ser olímpicos», añade Damián, que también ha vuelto de la capital rusa con una medalla debajo del brazo: la plata. «Vamos a hacerlo bien por si acaso son los últimos. Para que quede constancia», dice con una mezcla de resignación y humor la talaverana.

Son favoritos en todas las quinielas. Sandra y Damián llegarán a Tokio con claras opciones de medalla. «O eso dicen», apunta el número dos del mundo. Ninguno se ha cansado de ganar y, aunque cada vez tienen menos espacio en casa para colocar los metales, tanto ella como el malagueño prefieren aterrizar en el país asiático con los pies en el suelo. «Ser número uno y dos del mundo trae consigo que todos hablen de ti. Están los que te van a criticar y los que te van a adorar. Al final, gestionar esa presión es parte de nuestro trabajo» Y añade: «Es gratificante que te coloquen en las apuestas, pero hay que estar con los pies en la tierra y seguir trabajando porque uno es humano y se puede equivocar». Y en esa misma línea continúa Sandra. «Cualquiera puede tener un desequilibrio y estás fuera seas el uno o el cien». Y ellos, acostumbrados al podio, están preparados para cualquier situación. Incluso para la más amarga de todas: la derrota. «Damián trabaja con un psicólogo para preparar esas situaciones. Yo utilizo a Jesús como entrenador, psicólogo, amigo... Al pobre lo machaco», confiesa Sandra. «Nadie nos garantiza nada. Tienes que tener la cabeza fría», añade.

Y, ¿qué es lo más duro? «Es una mezcla. El camino es muy bonito, pero muy severo. Hay días que uno no puede mover ni las pestañas», dice Sandra. Los niños que de pequeños soñaban con representar a su país en unos Juegos, vivirán otra aventura juntos en Tokio. «¡Quién no los iba decir!», concluye Damián.

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