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El refugiado Abbas Karimi, único afgano en Tokio: “Me acosaban y amenazaban porque nací sin brazos”

El nadador nació sin brazos y tuvo que escapar de Afganistán acosado por su discapacidad y perseguido por su etnia

Abbas Karimi
Abbas KarimiLeila NavidiAP

Abbas Karimi será el único deportista afgano de las Paralimpiadas de Tokio que arrancan hoy con la ceremonia inaugural. El nadador afgano, que escapó de su país a los 16 años, no defenderá la bandera de su país, pues forma parte del equipo de refugiados.

Peor suerte han tenido la taekwondista Zakia Khudadadi y el atleta Hossain Rasouli, cuyos sueños olímpicos se rompieron en pedazos el día que los talibanes entraron en Kabul.

Sin embargo, si podrá contemplar como emoción como la bandera afgana participa en el desfile de las delegaciones. Una decisión que fue anunciada ayer por el presidente del Comité Paralímpico Internacional Andrew Parsons. “La bandera de Afganistán ondeará en el Estadio Olímpico de Tokio durante la ceremonia de inauguración “como señal de solidaridad” y un representante de Acnur (Agencia de la ONU para los Refugiados) portará la enseña afgana como abanderado. Nos gustaría tenerlos aquí. Desafortunadamente, no es posible, pero los tendremos aquí en espíritu”, afirmó

Abbas Karimi nació sin brazos y tuvo una infancia difícil por su discapacidad en Kabul, una circunstancia le llevó a practicar, a partir de los doce años, el kickboxing, una disciplina que le sirvió para tratar de hacerse fuerte e intentar defenderse en el colegio de todas las humillaciones a las que se vio sometido. En un país en el que la discapacidad es una condena, sufrió discriminación y acoso psicológico (bullying) no solo por su discapacidad, sino también por su identidad. Sin embargo fue en la natación donde encontró un refugio. Su hermano construyó una piscina de 25 metros para la comunidad cerca de su casa, en Kabul.

En 2013, Abbas tuvo que huir del país debido a las persecuciones que atentaban contra su grupo étnico. Primero a Irán, con varios incidentes durante la travesía, y después Turquía, donde permaneció en diferentes campos de refugiados para menores y empezó a competir en natación. En 2015, Mike Ivers, un ex entrenador de lucha libre, lo vio en un vídeo a través de las redes sociales e hizo todo lo posible por llevarlo a Estados Unidos, que aceptó su entrada en el país tras la mediación en las largas gestiones del Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU.

Desde entonces, Abbas ha ganado ocho medallas, incluida la medalla de plata que obtuvo en el Campeonato Mundial de Natación Adaptada de 2017 en la Ciudad de México. Su historia comenzaba a escribirse con la nueva vida que empezaba a tener en América. Entrenando seis días a la semana en el Complejo Acuático de Carter, en Fort Lauderdale (Florida), su constancia, trabajo y fuerza de voluntad le han llevado a cumplir su sueño de participar en el mayor escaparate del deporte paralímpico.

Forma parte del Equipo Paralímpico de Refugiados del Comité Paralímpico Internacional (CPI) pero su objetivo es conseguir un lugar en el podio, pues considera que hacerlo llevará esperanza e inspirará a millones de personas desplazadas en el mundo, a quienes busca representar.

“Creo en mí mismo, pero nada de lo que hago es para mí. He llegado muy lejos y, como colaborador de ACNUR, me esforzaré por dar lo mejor de mí para representar a todas las personas refugiadas y desplazadas en el mundo” afirma.

El mundo está prestando atención y tengo la fortuna de poder representar a las personas refugiadas y a los 80 millones de desplazados en el mundo.

Desde que se marchó de Afganistán a los 16 años solo ha vuelto una vez. “Volví en 2019 once días para estar con mi madre porque mi padre había fallecido. Lloré mucho”, asegura Karimi, que aún recuerda las palabras que su progenitor le dijo antes de fallecer relacionándolas con sus éxitos en la piscina: “Sabía cuando naciste que ibas a ser algo especial, entre todos mis hijos tus eres el único que puso mi nombre en la cima del mundo”.

Con el paso de los años, Abbas Karimi tiene su filosofía clara. “Cuando muera quiero que la gente sepa que Abbas Karimi, que nació sin brazos, nunca abandonó sus sueños y sus metas”... y a hora su sueño no es otro que ser campeón olímpico.