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Cristiano ya es un rival

«No creo que en Madrid estén llorando», dijo en la presentación oficial con la Juventus. En Turín, donde se desató la «ronaldomanía», lo ven como la garantía para volver a ganar la Champions

  • Ronaldo posa con la camiseta de la Juventus con el número 7 tras la rueda de prensa / Twitter
    Ronaldo posa con la camiseta de la Juventus con el número 7 tras la rueda de prensa / Twitter

Tiempo de lectura 4 min.

17 de julio de 2018. 00:47h

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José Manuel Martín 16/7/2018

No hay lugar para la melancolía cuando se trata de ser el mejor. Lo saben bien el Real Madrid y Cristiano Ronaldo, socios durante las últimas nueve temporadas, pero rivales una vez publicadas las afectuosas y mutuas cartas de despedida. El club le abrió las puertas como él deseaba y se cumplió el objetivo de que el adiós fuese cordial. Superada la ruptura, la carrera por los títulos vuelve a estar en marcha, cada uno con su camiseta. Cristiano enseñó ayer por primera vez sus nuevos colores «bianconeri», con el número «7» cedido por el colombiano Cuadrado y el objetivo de «seguir haciendo historia», como hizo en el United y en el Real Madrid. Turín sintió por primera vez el terremoto que supone contratar un crack del tamaño del portugués. Locura en el aeropuerto, en la puerta de la clínica en la que se llevó a cabo la revisión médica y también junto al estadio, donde ofreció se estrenó en conferencia de prensa. No fue un acto abierto al público, como hace nueve años en Madrid, pero tanto la ciudad como la liga italiana ya sienten la «cristianomanía».

En la Juventus ven su llegada como el salvoconducto para ganar esa Liga de Campeones que el propio Ronaldo le ha negado en las dos últimos temporadas. Sus goles condenaron a los juventinos, pero ahora el delantero está con ellos y ha pasado página sin mirar mucho hacia atrás. «No creo que en Madrid estén llorando. Mi historia en el Real ha sido brillante. Es una nueva etapa en mi vida y la otra ha terminado», confesaba en una de las pocas referencias que hizo a su pasado reciente. Reconoció que tras la final de Kiev no tenía decidido nada, a pesar de sus declaraciones, y que este nuevo paso en su carrera no es hacia atrás, sino adelante. «Estoy muy feliz y deseando jugar. Quiero enseñar a los italianos que soy un jugador top. No tengo nada que demostrar a nadie. Me gustan más los desafíos que estar cómodo», insistía.

Por sus palabras, el Real Madrid era para él mantenerse en una zona de confort y buscaba una nueva motivación ahora que todavía se siente fuerte. «Mi forma física y mental son buenas. No soy de los que piensan que con 32 o 33 años su carrera deportiva ha terminado. Otros a esta edad van a China o Qatar, yo vengo a un club que no ha ganado las últimas siete ligas por casualidad y que ha estado últimamente en dos finales de la Liga de Campeones».

La de ayer fue la primera toma de contacto con su nueva realidad, aunque no comenzará a entrenar hasta el día 30 de julio. Poco tiempo de margen para poder estar en el partido contra el Real Madrid del 5 de agosto. El reencuentro tendrá que esperar. Su objetivo es prepararse para el comienzo del Calcio, sin precipitarse, algo que aprendió estos últimos cursos con Zidane al lado. Precisamente, a su nuevo técnico, Allegri, lo saludó personalmente y también a varios de sus compañeros, entre ellos a Chiellini, el gran capo de ese vestuario ahora que Buffon milita en el Paris Saint Germain. Para rebatir a los que aseguran que fuera del Bernabéu hace mucho frío, valoró el nivel de su nuevo equipo y de la Liga Italiana, donde empezará una etapa distinta con la misma rutina: ser el mejor y buscar el Balón de Oro. «No tengo rivalidad con otros ni me comparo con nadie. Vamos a intentar luchar y ganar a todos. Se empeñan en la rivalidad con Messi y la realidad es que cada uno defiende lo suyo».

Con tono irónico decidió responder que sí a la pregunta de si la de la Juventus era la única oferta que había recibido, como queriendo decir que eso es algo impensable y que nadie se podría creer. Sólo una frase dedicó a la que hasta hace poco ha sido su afición, porque prefería progresar en su relación con una nueva hinchada de la que se enamoró el día de su famoso gol de chilena en el Juventus Stadium. Aquel día el público le mostró respeto y admiración a partes iguales, un detalle que pudo ser el comienzo de lo que ahora es una realidad. «Fue un momento especial, espectacular y la acogida ha sido increíble», admitía antes de sujetar su nueva camiseta. Posó con el presidente Agnelli y con Jorge Mendes, su representante de siempre y el que negoció para que el traspaso fuese posible.

Ayer no hubo ni rastro del grito que ya es una de sus señas de identidad. Seguramente lo dejó para su primer gol.

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