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Las confesiones de Carlos Alcaraz en El Hormiguero: ¿cómo se llama a sí mismo? ¿cómo lleva la comparación con Nadal? ¿se ha emborrachado alguna vez?

El joven tenista, actual número 9 del mundo, disputa desde el próximo domingo el Mutua Madrid Open de tenis

Carlos Alcaraz, en su visita a El Hormiguero
Carlos Alcaraz, en su visita a El Hormiguero FOTO: La Razón (Custom Credit)

Carlos Alcaraz no ha descansado ni una semana. Después de ganar el Conde de Godó el pasado domingo, ya está en la capital de España para disputar el Mutua Madrid Open, tras haber pasado por Atenas para un acto con el tenista polaco Hurkacz. Antes de entrenar incluso en la Caja Mágica, el tenistajugador murciano, la sensación de la temporada tenística en el circuito masculino con sus 18 años (19 el próximo 5 de mayo), ha pasado por “El Hormiguero”, programa de Antena 3, en el que ha hecho algunas confesiones a su presentador, Pablo Motos.

¿Cómo lleva la fama?

“Yo lo llevo bastante bien. A todo el mundo le digo que no me considero famoso. Si me conocen lo llevo con la máxima naturalidad posible. A mí me encanta. [Mis amigos] si se beben un par de copas de más, siempre suelen ser más graciosos de la cuenta. A veces sí sale mi nombre por ahí para ligar”, confesó Alcaraz.

Cuando está a punto de ganar, ¿qué piensa?

“Lo tienes tan cerca y es cuando más nervios te entran. Tu cabeza va a mil. A veces siempre digo: “Charly, porque me llamo Charly a mí mismo, haz magia. Intenta terminar a lo grande”, aseguró.

¿Cómo vivió las dos horas entre la semifinal y la final del Gogó, jugadas el mismo día?

“Tengo que confesar una cosa: el domingo me caí por las escaleras antes de jugar la semifinal y me hice daño como en el sóleo, y estuve diciendo: ‘Voy a poder jugar bien, no...’ Estaba ya activo, iba a calentar, pero me resbalé. En esas dos horas me dormí una siesta de media hora y comí algo. Y justo después del partido de semifinales hago 20 minutos de bici para soltar el músculo”, explicó. Me duermo en cualquier parte. Si no hay sofá ni nada, me pongo tres toallas en el suelo y a dormir”, añade.

Con 18 años, ¿pide permiso a sus padres para comprar un capricho?

“Sí, obviamente, ellos me llevan el tema del dinero. Depende del capricho. Si son cosas de golf, por ejemplo, que me encanta, no tengo que pedir permiso, pero por un coche...”, afirma.

¿Qué come antes de los partidos?

“La noche antes suelo tomar arroz y pescado. Y como hora y media antes del partido, una pasta con crema de cacao, que se llama Ambrosía. Me la tomo para llenar la energía”, desvela.

Su relación con Ferrero, su entrenador

“Con 15 años yo era complicado. Era y soy cabezón, pero antes no entraba en razón. Era desordenado, me cabreaba... Juan Carlos [Ferrero] ha tenido un trabajo complicado”, confesó. “Hasta hace un año me ganaba, le ganaba... Pero ahora le gano yo los partidos”, dijo también.

Gestión de la presión

“Lo que más me digo es que tengo que ser valiente. No intentar amarrar el resultado, no quiero sólo meter bolas, quiero ser agresivo; si pierdo, he perdido, pero que salga de mí”, explicó.

La constante comparación con Nadal

“Me lo voy tomando más normal poco a poco. Si me comparan con él es que estás haciendo bien las cosas, es uno de los mejores de la historia es bueno por un lado, pero también es malo porque te echan piedras en la mochila, aunque yo las voy sacando. Me gusta su espíritu de lucha y de pelear hasta la última bola”, reconoció.

Manías en competición

“Ducharme siempre en la misma ducha. La bolsa siempre intento dejarla en el mismo sitio del vestuario...”, cuenta.

Su golpe de dejada

“Los contrincantes me van conociendo más, pero es un golpe en el que tengo confianza. Como tengo buena derecha, hago que se vaya para atrás y entonces hago la dejada, porque el otro está más o menos vendido”, analizó.

¿Ha perdido mucho de su infancia por el tenis?

“He salido menos de fiesta que mis amigos, pero no he perdido nada. Es más, en mi pueblo olvido que soy jugador de tenis”, asegura. ¿Y qué bebe cuando sale? “Ginebra con limón”. ¿Y se ha emborrachado alguna vez? “Alguna vez me he emborrachado, alguna vez me he puesto contento, sí...”.