Cajeras de supermercado, heroínas al borde del colapso: “Llego a casa con taquicardias”

El colectivo, desbordado por la situación, pide calma y respeto porque “si nosotros caemos, caen las tiendas”

Compras de alimentos en Barcelona
Compras de alimentos y productos básicos en un supermercado de Barcelona el pasado sábadoEnric FontcubertaEFE

Derrumbados. Así están acabando sus jornadas los empleados de los supermercados estos días. Desde que el lunes de la semana pasada la Comunidad de Madrid y Vitoria anunciasen el cierre de los colegios por el avance del coronavirus, el pánico ha empujado a miles de ciudadanos a invadir estos establecimientos y a hacer compras de forma compulsiva ante el temor a que se produzca un desabastecimiento de productos de primera necesidad. Los llamamientos a la calma del sector, garantizando el suministro, y las medidas tomadas por el Gobierno para garantizar el abastecimiento de alimentos han devuelto algo de tranquilidad a estas superficies comerciales en las últimas horas. Pero los que trabajan en ellas acumulan una sobrecarga de trabajo y tensión que nunca antes habían conocido. Se sienten no sólo expuestos al virus en primera línea sino también a la histeria de muchos ciudadanos.

Begoña, dependienta de un supermercado en la Comunidad de Madrid, asegura que llega a casa “con la impresión de tener taquicardias”. Lo que ha visto estos días en el centro en el que trabaja no lo había vivido nunca. “He visto a la gente abalanzarse sobre los palés para coger productos sin que nos haya dado casi tiempo a abrirlos”, relata al tiempo que denuncia las faltas de respeto y educación que ha tenido que soportar por parte de algunos de estos clientes. María, otra cajera que trabaja en un supermercado en Murcia, va más allá. “Los camiones están llegando con dos o tres días de retraso y cuando nos ponemos a descargar los carros es imposible. Los clientes se ponen a mirar dentro de ellos y a intentar sacar los productos antes de reponerlos”, explica. “Al abrir, una de las compañeras tiene que quedarse en la puerta mientras otras se cambian porque quieren entrar al momento”, asegura. La situación es tan tensa que asegura que incluso “nos hemos tenido que enzarzar con clientes porque exigían que les solucionásemos problemas que no están en nuestra mano”.

El ritmo de trabajo es frenético. Verónica, empleada en un supermercado en Bilbao, asegura que están trabajando a destajo doblando turnos para poder atender a los clientes. “No puedes ni descansar en tu desayuno, los clientes te siguen preguntando por los productos disponibles”, coincide María. “Algunos compañeros están entrando a las 6:00 de la mañana y saliendo a las 22:00 sin saber si se lo pagarán”, añade.

Tensión física y mental

Al final de la jornada, el colectivo asegura que acumula un estrés físico y mental como nunca antes. Junto a las “taquicardias” de Begoña, María describe escenas dramáticas. No sólo por el esfuerzo físico que, según dice, le obligó el sábado a tirarse en el suelo tras terminar su turno porque, literalmente, no era capaz de sostenerse en pie. “Hemos roto a llorar un par de veces frente a los clientes. Mi encargada ha caído enferma del estrés”, añade.

Quizás, como dice un vídeo que circula por las redes pidiendo ayuda y respeto para los empleados de los supermercados, los policías o los sanitarias estén mentalmente más preparados para afrontar una situación de crisis como esta. Pero en los supermercados nadie pensaba nunca que llegaría a verse en una situación así. Y, a pesar de todo, siguen yendo cada día a su puesto de trabajo para que la cadena de suministros básicos no se rompa. Haciendo, además, un esfuerzo no siempre en las mejores condiciones. Aunque Begoña asegura que a ella su empresa sí que le ha suministrado material de protección, como guantes o mascarillas, María dice que, en su caso, lo han tenido que comprar ellas por su propia seguridad. “Estamos muy expuestas. Los clientes no guardan las distancias de seguridad y nos tocan pese a conocer las restricciones”, asegura. Lourdes, cajera en otra gran superficie de Madrid, asegura que, en su caso, esta situación ha mejorado algo en los últimos días y que parece que la gente se empieza a concienciar de la importancia de mantener una distancia de seguridad para evitar contagios. Además, asegura que, al menos ella, empieza a percibir algo más de civismo. “Días atrás, la gente arramblaba a lo loco con todo lo que pillaba. Hemos llegado a cuadruplicar las ventas algunos días. Ahora hay un poco más de calma”, explica.

Si el personal sanitario es esencial para combatir el virus desde un punto de vista médicos, el de los supermercados juega en este momento un papel no menor para garantizar un servicio tan básico como el de la alimentación en tiempos de incertidumbre como los actuales. “Hacemos lo que podemos, solo pedimos calma y respeto. Si nosotras caemos, caen los supermercados”, advierten.