El bulo de los recortes en Sanidad del PP: el gasto crece sin parar desde 2013

El gasto público en Sanidad es mayor que antes de la Gran Recesión. Ha crecido sin parar desde 2013 y es 7.000 millones superior al de 2008. El empleo público en Salud alcanza récords desde 2018

La Sanidad pública española tiene, desde 2018, más medios y más personal que al principio de la Gran Recesión, lo que desmonta las tesis de los radicales sobre el desmantelamiento en España de ese pilar del Estado del Bienestar. Los Gobiernos de Zapatero y de Rajoy, es cierto, tuvieron que acometer ajustes, pero desde 2013 el gasto público en Sanidad ha aumentado ininterrumpidamente. En 2018 superó las cifras –en dinero y el personal sanitario– de 2008 y los primeros datos provisionales de 2019 apuntan a un nuevo récord de fondos públicos dedicados al capítulo sanitario.

El gasto público español en Sanidad fue de 74.154 millones de euros en 2019, según los primeros datos provisionales. Son casi 7.000 millones más que en 2008, el que está considerado como el mejor ejercicio de la economía española, año en que ese gasto fue de 67.344 millones de euros. Esa cifra ya se superó en 2016, en tiempos de los Gobiernos de Rajoy, año en el que ese gasto alcanzó los 67.724 millones de euros, según las cifras de la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE). En 2018, fecha de los últimos datos confirmados y ejercicio en el que gobernaron Rajoy y Sánchez –casi medio año cada uno–, el gasto sanitario fue de 72.017 millones de euros, es decir 5.000 millones más que en 2008. El mito, alentado sobre todo desde la extrema izquierda, del desplome del gasto sanitario se difumina porque incluso en el año más duro del ajuste, 2013, los recursos públicos destinados a Sanidad fueron de 63.350 millones de euros. Es cierto que el gasto sanitario llegó al 6,4% del PIB en 2011 y que ahora supera en algo el 6,4%, pero no se puede obviar que, fruto de la Gran Recesión, el tamaño de la economía española era menor, por lo que una cifra de gasto inferior da un porcentaje mayor. Por otra parte, en 2008 la Sanidad pública española ocupaba a 473.149 personas, cifra que ha subido hasta los 515.312 trabajadores en julio de 2019, según los últimos datos oficiales disponibles.

80.000 interinos más desde 2008

También ha crecido la remuneración total, que ha pasado de 29.568 millones antes de la crisis a 32.121 en 2018, cifra que volvió a crecer en 2019. Lo mismo ha ocurrido con el gasto público per cápita en asalariados de la Sanidad, aunque es cierto que los aumentos han sido limitados y quizá no homogéneos entre todos los colectivos, desde investigadores y médicos hasta personal auxiliar de todo tipo. Un análisis más detallado del empleo público en la Sanidad y su evolución arroja algunas conclusiones llamativas: los 515.312 asalariados en julio de 2019 se dividen entre 269.502 «funcionarios de carrera», 11.627 considerados «personal laboral», con contratos fijos, y 234.183 están incluidos entre el llamado «otro personal», ya sea temporal o interino, pero en cualquier caso, con contratos temporales. Por otra parte, 381.269 son mujeres y 129.322 hombres. Llama la atención que el número de funcionarios ha bajado desde 2008 en unos 25.000, que el personal laboral se ha reducido a la tercera parte, mientras que eventuales e interinos han crecido en casi 80.000 personas. El gasto sanitario, por otra parte, se reparte en cuatro grandes capítulos. Del total de 72.017 millones destinados a Sanidad en 2018, 32.121 millones se destinaron a remuneración de asalariados. A continuación figuran los llamados «consumos intermedios», que totalizaron 17.932 (frente a 13.932 en 2008), y que incluyen sobre todo el gasto en «farmacia hospitalaria». Una cifra similar, 17.486 millones, se destinó a las denominadas «transferencias sociales en especie», y que son fundamentalmente los «servicios extrahospitalarios y los conciertos sanitarios», así como «otros productos farmacéuticos y material terapéutico». Por último está el capítulo de inversión, al que se dedicaron 2.630 millones en 2018, cifra, en este caso sí, inferior a la de 2008, cuando alcanzó los 4.211. Además, habría que contabilizar otros 1.848 millones cobijados bajo el epígrafe de «otros gastos».

El Estado sólo paga el 4% del gasto sanitario

El gasto público sanitario en España está gestionado en un 92,4% por las comunidades autónomas. En total, gastaron 66.549 millones del total de los ya citados 72.017 millones, lo que demuestra que la descentralización sanitaria es prácticamente total. El resto del gasto se lo reparten entre la administración central (2.879 millones), la administración local (923 millones) y los 1.666 que se vehiculan a través de la Seguridad Social, que no hay que confundir con la Sanidad Pública. El reparto del gasto sanitario por regiones no ofrece sorpresas y está muy relacionado con la población. Por eso, Andalucía, Cataluña y Madrid figuran a la cabeza, con un gasto en 2018 de 10.298, 10.653 y 8.564 millones, respectivamente. Mientras que el gasto per cápita en Andalucía y Madrid es similar, 1.220 euros por persona, destaca Cataluña, en donde esa cifra es bastante superior, ya que llega hasta los 1.408 euros por persona. En todos los casos, el gasto ha crecido –incluso de una manera más o menos similar– desde 2008, con subidas alrededor del 10%. Destaca, por otra parte, el gasto sanitario en el País Vasco, un total de 3.816 millones de euros, para una población de 2.178.048 habitantes. Esto da un gasto por persona de 1.752 euros por persona, muy superior al de cualquier otra comunidad autónoma, algo que está consolidado desde antes incluso de la Gran Recesión, ya que el crecimiento del gasto sanitario vasco desde 2008 ha sido del 10,38%.

En conclusión, el gasto público sanitario español ha crecido desde 2008 en conjunto, en todas las comunidades autónomas. También ha aumentado el número de personas empleadas y el total de sus remuneraciones. Son cifras que desmontan cualquier teoría sobre un teórico desmantelamiento de la Sanidad pública española, lo que no impide que, en comparación con otros países como Alemania, Francia e incluso Italia, sea algo inferior –no demasiado– en porcentaje del PIB.