Presupuestos 2021: la misión (casi) imposible de la ministra Montero

La titular de Hacienda ya trabaja en las cuentas del Estado que sustituyan a las de su precedesor, Cristóbal Montoro, pero para aprobarlas el Gobierno tendrá que superar numerosos escollos

El Plan de Recuperación aprobado por la Unión Europea, con su «maná» de dinero, despeja el futuro del Gobierno de Pedro Sánchez y le garantiza una cierta estabilidad, pero tampoco le deja por delante un camino de rosas, sino repleto de escollos. El primero, a la vuelta del verano, más allá de los rebrotes, consistirá en lograr la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2021, la tarea que tiene encomendada la ministra de Hacienda, también portavoz del Ejecutivo, María Jesús Montero, que no es Tom Cruise, pero que afronta en la práctica una «misión casi imposible».

Como el actor de aventuras y situaciones insólitas –y con frecuencia increíbles– puede salir airosa del empeño, pero no le resultará sencillo. Ahí está el precedente del miércoles pasado, en medio de las celebraciones del acuerdo europeo, cuando el Gobierno sudó para conseguir que el Congreso aprobara tres de las cuatro propuestas de Medidas para la Reconstrucción elaboradas por la Comisión que presidió Patxi López. La cuarta, la de asuntos sociales, simplemente no obtuvo mayoría.

María Jesús Montero, médico de profesión, andaluza expansiva, tiene la asignatura pendiente –como el Gobierno de Sánchez– de conseguir alumbrar unos Presupuestos que sustituyan a los de Cristóbal Montoro, vigentes desde 2018, para regocijo de su autor, ahora retirado de la vida política pero con reapariciones punzantes de vez en cuando. La ministra de Hacienda tendrá que tener en cuenta el Plan de Recuperación de la Unión Europea, tan celebrado por Sánchez, para cuadrar las grandes cuentas de 2021.

La ley, burlada en los últimos años con impunidad, establece que antes del 1 de octubre el Gobierno debe enviar al Congreso el Proyecto de Presupuestos para el próximo ejercicio. No ocurre desde 2018 y este año topa con el inconveniente –que no lo hace incompatible– de que el 15 de octubre debe presentar en Bruselas el primer esbozo de sus planes para recibir las primeras entregas de los 140.000 millones obtenidos en ayudas, 72.700 en transferencias, que no habría que devolver, y 67.300 como créditos, eso sí, en muy buenas condiciones.

Conciliar la política nacional con las exigencias de la UE

El primer problema de la ministra de Hacienda es conciliar los planes que enviará a la Unión Europea con su acuerdo de Gobierno con Unidas Podemos y con las posiciones de los aliados que necesita para obtener la mayoría parlamentaria. Pablo Echenique, nada más conocerse los detalles del acuerdo europeo, que es todo un rescate –muy ventajoso y nada vergonzoso, pero rescate al fin y al cabo–, advirtió de que «los diputados de Unidas Podemos son incompatibles con el PP y con Ciudadanos». Si Iglesias mantiene la misma posición que su número dos –que suele actuar de provocador–, el Gobierno estaría condenado a conseguir el apoyo de los «indepes» de Gabriel Rufián de ERC, refractarios a todo lo que no sea una política económica radical, incompatible con los acuerdos de la cumbre europea.

La celebración de elecciones en Cataluña podría facilitar un acuerdo con ERC, pero eso tampoco allanaría el trabajo de Montero, cuyo reto es alumbrar unos Presupuestos viables y que no contengan nada que permita activar a cualquier socio europeo el llamado «Freno de emergencia», que congelaría las ayudas de Bruselas. Montero, más allá de los rumores sobre sus diferencias con la «vice» Nadia Calviño, cuenta con todo su apoyo y con su experiencia para transitar por la jungla de la burocracia europea.

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El gran reto de Montero, sin embargo, es interno. El déficit, al final de este año, puede rondar los 140.000 millones de euros, justo el montante de todas las ayudas que, sin embargo, se recibirían en varios años y después de que se cumplan las condiciones que determine la Unión Europea. Además, el equipo de la ministra de Hacienda estima un déficit del 7% del PIB para 2021, es decir, entre 70.000 y 80.000 millones. Bruselas, porque son tiempos de relajación y hay voluntad de que el proyecto europeo no descarrile, será flexible con esos números rojos, pero exigirá medidas y compromisos que chocan frontalmente con la actual agenda del Gobierno.

Dilema personal

La ministra Montero afronta todo un dilema personal: por una parte, simpatiza con algunas de las políticas que defienden Iglesias y los suyos. Por otra parte, sabe que ahora su trabajo es impedir que se aplique y, sobre todo, convencer a sus socios de Gobierno de que apoyen unas cuentas menos populares y populistas de lo que desean, sin olvidar esbozar, a medio plazo, planes de una cierta austeridad.

El punto de partida de los Presupuestos de Montero es complicado. En el primer cuatrimestre del año, el déficit alcanzó los 24.043 millones de euros, lo que anualizado supondría un 6,44% del PIB, con solo mes y medio de impacto de la COVID-19. También hasta abril, los datos de Hacienda, en su informe mensual sobre las Administraciones Públicas, estiman un PIB de 1,11 billones de euros al final de los cuatro primeros meses del año. Esa cifra es ya un 10,14% inferior a los 1,24 billones del cierre de 2019.

Todo augura, con rebrotes de la COVID-19 de por medio y la terrible temporada turística, que el desplome del PIB este año puede estar más cerca del 15% que del 10%, algo que también condicionará las cuentas de 2021. Montero también sabe que más pronto que tarde, deberá plantear asuntos tan impopulares e inevitables como una subida del IVA y la supresión de muchas desgravaciones fiscales, algo que debería hacer aunque no lo pidiera Bruselas. La ministra, todo un carácter por otra parte, puede salir airosa gracias al «maná» europeo, pero afronta una misión «casi» imposible.