Muere el “emperador” de Samsung y hombre más rico de Corea del Sur

Lee Kun-hee tenía una fortuna de 17.000 millones de euros y llegó a ser más poderoso que los propios presidentes del país asiático

El presidente de Samsung, Lee Kun-hee, en una feria de electrónica en Las Vegas, EE UU, en 2012Steve MarcusREUTERS

El grupo Samsung anunció hoy la muerte, a los 78 años, de su presidente, Lee Kun-hee, el empresario que transformó al conglomerado en un gigante multinacional y el hombre más rico y uno de los más poderosos de Corea del Sur. Samsung dijo en un comunicado que Lee falleció acompañado por su familia, incluyendo a su hijo mayor y vicepresidente del grupo, Lee Jae-yong, que ha estado al frente del conglomerado desde que su progenitor quedó postrado en una cama hace más de seis años tras sufrir un infarto y que se espera herede oficialmente su cargo.

Lee Kun-hee, tercer hijo varón del fundador de Samsung, Lee Byung-chul, poseía la mayor fortuna de Corea del Sur, calculada en más de 20.000 millones de dólares (unos 16.860 millones euros), según Forbes, y para muchos llegó a ostentar en un momento dado más poder e influencia que los presidentes del país asiático. Lee será recordado como el hombre que heredó un gran conglomerado y lo convirtió en un titán multinacional, con el gigante tecnológico Samsung Electronics al frente.

Una empresa de comida

El empresario nació en los últimos años de la ocupación japonesa, en 1942, en Uiryeong, condado de la provincia de Gyeongsang del Sur (sureste del país) donde su familia poseía grandes extensiones de tierra. Su padre había aprovechado el capital familiar para fundar en 1938 una empresa de comercio de alimentos a la que llamó Samsung (“Tres estrellas” en coreano) y que en muy poco tiempo pasó a hacer negocio con casi cualquier tipo de mercancía.

Lee Kun-hee, en una foto de su infancia en Corea del SurSAMSUNG HANDOUTEFE

Tras cursar estudios universitarios en Japón (al igual que su padre) y EE.UU., Lee Geun-hee comenzó a trabajar para Samsung en 1968, justo en la época en la que el consorcio comenzó a fabricar electrónica de consumo. Dos décadas después, en 1987, asumía la presidencia del grupo tras la muerte de su padre y tras imponerse en el proceso sucesorio a sus dos hermanos mayores.

Un plan revolucionario

A mediados de 1993 presentó su famoso plan de “Nueva gestión” en una reunión celebrada en un hotel de Fráncfort en la que aparentemente exhortó a los ejecutivos presentes que cambiaran “todo excepto a sus mujeres e hijos”. Esa estrategia para “competir en calidad y no en cantidad” acabó por lograr que Samsung Electronics pasara de ser una empresa que producía televisores de segunda a convertirse en el mayor fabricante de chips de memoria y de teléfonos del planeta.

El plan de “Nueva gestión” es considerado hoy la Biblia del conglomerado, que en su centro de recursos humanos en Seúl tiene una réplica de la sala de reuniones de Fráncfort que visitan los nuevos reclutas de Samsung cuando reciben los primeros cursos de formación. La vida de Lee como presidente del mayor “chaebol” (los gigantescos conglomerados familiares surcoreanos) nacional y como símbolo de la modernidad económica de un país que hoy tiene el duodécimo mayor producto interior bruto (PIB) del mundo, también tiene sus puntos sombríos.

Indultos presidenciales

Por sobornar al Gobierno o evadir impuestos a gran escala, Lee logró, como líder de un grupo de empresas que generan una quinta parte de ese PIB, evitar pisar la cárcel tras recibir dos indultos presidenciales. No ha corrido la misma suerte su hijo y sucesor Lee Jae-yong que pasó un año entre rejas entre 2017 y 2018 tras ser condenado por su participación en la llamada trama de corrupción de la “Rasputina”, que motivó la destitución de la entonces presidenta surcoreana, Park Geun-hye, condenada a 32 años de cárcel.

Peor aún, la semana que viene comenzará a repetirse el juicio contra él en este caso después de que el Supremo así lo ordenara el año pasado al considerar que no se habían tenido en cuenta una serie de pagos millonarios que Lee efectuó en el marco de esta trama. El heredero del trono Samsung encara además otro juicio por supuesto fraude y manipulación de precios de activos bursátiles en el marco de una polémica fusión de dos compañías del grupo realizadas en 2015 para afianzar su liderazgo sobre el conglomerado.

Para entonces su padre ya llevaba un año hospitalizado en un ala privada del hospital que Samsung tiene en el sur de Seúl tras haber sufrido un infarto que lo dejó incapacitado hasta su muerte. Aunque se trate de meras especulaciones, lo cierto es que se calcula que solo por heredar las acciones que poseía el patriarca la familia Lee deberá abonar al fisco en los próximos unos 10 billones de wones (unos 7.470 millones de euros/8.860 millones de dólares).

Miembro de honor del COI

Lee Kun-hee era además de presidente del Grupo Samsung desde 1987, miembro del COI desde 1996 (en la actualidad, honorario desde 2017), incorporándose a las Comisiones de Cultura (1997) y Finanzas (1998-1999) de este organismo. “Lee Kun-hee hizo una gran contribución al Movimiento Olímpico y al éxito de los Juegos Olímpicos, no sólo haciendo de Samsung un socio principal del COI, sino también promoviendo los Juegos Olímpicos en todo el mundo y fomentando el vínculo entre el deporte y la cultura”, ha señalado el presidente del COI, Thomas Bach, en un comunicado. “Este legado olímpico de Lee Kun-hee seguirá vivo. Para conmemorarlo, el COI ondeará la bandera olímpica a media asta en Lausana”, añadió Bach, trasladando las más profundas condolencias a la familia.

Un año después del ascenso de Lee al cargo de presidente, Samsung comenzó su legado con los Juegos Olímpicos como patrocinador local en Seúl 1988. Con los de Invierno de Nagano 1998, la asociación se elevó al nivel mundial. A partir de los Juegos Olímpicos de Invierno de PyeongChang 2018, Samsung amplió su categoría de asociación olímpica, pasando de la comunicación inalámbrica a incluir el equipo de computación, con lo que aumentó su compromiso con el Movimiento Olímpico.

Lee practicó la lucha libre como su deporte preferido y fue presidente y luego presidente Honorario de la Federación Coreana de Lucha aficionada desde 1982 a 1997. En este cargo, también fue miembro del Comité Olímpico de Corea, del que posteriormente pasó a ser vicepresidente (1993-1996) y luego presidente honorario. Recibió varios premios nacionales de atletismo, la Orden Olímpica (1991), la Legión de Honor de la República Francesa (2004) y el “Premio Van Fleet” de la Sociedad Coreana en Nueva York (2006).