Canarias: ¿oasis o espejismo de la recuperación turística?

La reapertura de los corredores aéreos ha dado un rayo de esperanza al sector turístico de las islas. Pero los nuevos confinamientos pueden dar al traste con la reactivación

Las Islas Canarias vuelven a encender tímidamente el motor del turismo con el inicio de la temporada de invierno a partir de este mes. Algo que coincide con la reapertura de sus principales corredores turísticos. Alemania, Reino Unido y los países nórdicos vuelven a volar al archipiélago, pero aún no con los aviones llenos. La incertidumbre es la palabra más repetida por todos.

Mientras el resto de España, y de Europa, está viviendo duros confinamientos, estados de alarma y toques de queda, en esta segunda ola de contagios por el Covid-19, Canarias parece abrirse poco a poco en medio de esta tormenta perfecta. Las aperturas de hoteles, bares y restaurantes aún no son lo que esperaba el sector, pero alientan el optimismo.

Las islas continúan a la sombra del ERTE. En la última estimación oficial de septiembre había más de 83.000 personas bajo esta protección. Primitivo Sánchez es uno de ellos. Habla con la firmeza que da ser parte del movimiento sindical desde hace años. Lleva toda la vida trabajando en el turismo. Él, segundo jefe de cocina. Su mujer, camarera en un restaurante. Ambos, en ERTE. Desde que se iniciara la pandemia han entrado y salido de él en varias ocasiones y ven el panorama con mucha cautela. Tras el anuncio de la reapertura de vuelos extranjeros algunos de sus compañeros han empezado a reincorporarse, 60 de momento, pocos para lo que supone una infraestructura hotelera. La cadena para la que trabaja, RIU, es una de las más potentes de las islas, pero aún mantiene varios hoteles cerrados. «Los que quedaron abiertos están trabajando al 10%. Mi hotel sigue cerrado y sin perspectiva de abrir todavía. En sí, en toda la empresa, hay una media de 3.000 estancias para noviembre, eso no es ni el 10% de lo teníamos antes para un mes».

Nos cuenta que en la zona turística del sur de la isla no hay ilusión. «Todavía no se han notado esos 30.000 clientes que iban a llegar. Estábamos acostumbrados a ver la avenida de Meloneras, en Maspalomas, con un bullicio de gente. Ahora mismo solo pienso que la mayoría se comerá los turrones en casa».

El sector hostelero intenta ser optimista pese a los nubarrones. Fermín Sánchez, presidente de la Asociación de Empresarios de Bares, Cafeterías y Restaurantes de Las Palmas explica que es difícil saber el impacto que tendrá la reapertura de los corredores porque la facturación sigue siendo la misma. «De hecho, el 90% de los negocios de la zona de Playa del Inglés o Mogán están cerrados, y el de las zonas más urbanas de la capital, como Vegueta o Las Canteras, están al 40% y 25% respectivamente». Aún así, dice, «somos privilegiados si nos comparamos con el resto de España».

Mientras, Europa se blinda

La mejora en la economía canaria depende de sus principales mercados emisores. Eso hace que muchos se pongan a temblar cuando ven que los gobiernos de esos países aplican duras medidas de confinamiento a su interior. Francia, Reino Unido y Alemania han empezado a cerrar bares, comercios y a confinar ciudades. De esas de donde llegan los principales turistas en invierno.

Manuel Molina es el presidente de TSS Group, uno de los mayores consorcios de agencias de viajes de Alemania. Desde su sede en Dresde declara a LA RAZÓN que no se puede medir bien el volumen de reservas para los próximos meses porque no se sabe cuántos aviones estarán en disposición. «Entre el 15% y el 20% de nuestros clientes siempre está dispuesto a volar, pero tenemos una alta inseguridad, y no depende de Canarias, sino de lo que suceda en nuestro propio país».

El reciente anuncio de la canciller alemana Angela Merkel del cierre de la actividad de ocio y comercial ha sido un varapalo más. Los clientes no salen en masa, ya no funciona así. «Ahora esperan porque no saben si cuando regresen de sus vacaciones podrán ir a un comercio a comprar el pavo de Navidad, por ejemplo». Molina advierte de que las ventas no llegan a las 500 plazas, un número bajísimo para estas fechas. «Estamos un poco asustados de que nos cierren el último oasis, el último terreno que tenemos para vender en España. Los gobiernos de Europa no han sido los mejores asesores del turismo en estos últimos seis meses», añade.

De este lado del charco, la visión es parecida. David Déniz, preside la Asociación Canaria de Agencias de Viajes y Touroperadores (ACAVyT). Explica que los precios de los paquetes han bajado entre un 15% y un 20% por la escasa demanda y los vuelos están llegando solo con el 35% de su capacidad. Además, el primer crucero de la temporada que debía llegar esta semana ha sido cancelado por falta de pasajeros. El invierno puede ser la segunda oportunidad para las islas, dice, pero depende de que se acierte con las medidas de control. «Canarias podría ser la única zona de Europa con un verdadero cortafuego sanitario en puertos y aeropuertos si se hace bien. Para cuando entre en vigor el decreto aprobado por el Gobierno regional habrán pasado más de dos semanas y habremos tenido pasajeros llegando sin control sanitario».

La economía que crece en ‘W’

Déniz pide que no se derive toda la responsabilidad de esta situación a los hoteleros. «Si un vuelo llega a las 9 am y el check-in lo tiene a las 15 pm, ese cliente va a estar sin control entrando en comercios, restaurantes o centros comerciales y estará en contacto con más gente».

Canarias podría ser el oasis turístico de Europa si se dieran tres circunstancias: test para todos los viajeros que lleguen, cumplimiento de los protocolos y responsabilidad ciudadana. Los indicadores epidemiológicos son positivos. Han logrado estar por debajo de 50 por cada 100.000 habitantes, pero no es suficiente. Para evitar caer en un «nuevo agosto», en el que los casos subieron como la espuma, el economista y gerente de Nutrihotel, Antonio Garzón, lo resume así: «Si esos factores no se dan estaríamos hablando de una recuperación en ‘W’ –se abre, se cierra, se abre, se cierra–, y eso es lo peor que le podría pasar a la economía canaria».

Para él, los test de Covid tienen que hacerse en aeropuertos, de lo contrario, se colarían demasiados casos. «El decreto solo habla de establecimientos reglados, pero en Canarias hay muchas camas ilegales. Eso, sin contar las visitas a casas de amigos y familiares que escaparían de ese filtro».

La economía en las islas es netamente turística. El 35% del PIB proviene de él, pero si hablamos estrictamente de empleo, la dependencia es mayor. El empleo directo supone un 40% –recepcionistas de hoteles, guías turísticos, limpiadores, etc.–. El indirecto son todos los proveedores del sector. «Pero si hablamos de lo que en economía se llama empleo derivado o inducido, entonces tendríamos que decir que 8 de cada 10 canarios dependen de esta actividad», explica el especialista. «Esas personas son los hijos de los camareros, los trabajadores de comercios o hasta los trabajadores de la escuela a la que van esos hijos».

La comunidad canaria sigue siendo una de las regiones con peores indicadores de empleo. Los últimos datos de la EPA indican que el 25% de la población activa está en paro. «La recuperación en este sentido todavía es un espejismo. Este trimestre ha habido una destrucción de más de 40.000 puestos de trabajo, porque además, los que están acogidos a un ERTE están en un paro artificial, por tanto, esa cifra aumentaría», subraya Garzón.

Pasos en firme que aún quedan lejos de impulsar una recuperación, que tímidamente se abre paso en las islas.