Canarias, el paraíso para el teletrabajo en la era del coronavirus

Las islas quieren atraer a 30.000 trabajadores europeos en remoto. Seguridad sanitaria, conectividad, clima y tributación, sus grandes bazas

La fibra óptica fue lo primero que Guayarmina y Joaquín probaron al llegar a Carrizal de Ingenio, una pequeña población al sureste de Gran Canaria. Ahí contaban con una casa familiar, ambiente tranquilo y lo más importante, menos probabilidades de contagio por Covid-19 que en Newcastle, Reino Unido, donde vivían y trabajaban desde hacía seis años. Las campanas de la iglesia repican mientras charlamos. Su pequeña hija, de apenas tres años juega al fresco de la casa. El calor del sur grancanario es algo a lo que todavía tienen que acostumbrarse. Él, sevillano, y ella, canaria, decidieron regresar este verano por razones de seguridad sanitaria. «Con el Covid-19, lo que era un plan de volver a largo plazo, se adelantó y ha sido ahora cuando nos hemos decidido. Cuando tienes niños, lo valoras mucho más».

El «remoting» en Inglaterra es algo común e incluso cultural, mucho antes de que la pandemia obligara a eso. «Nuestros clientes son “e-commerce” internacionales, y eso ayuda. Nosotros nos movemos por objetivos, mientras los consigas, da igual desde dónde lo hagas», nos cuenta esta joven pareja, creadores de su propia agencia en tierras inglesas, New Horizon, Marketing & Advertising, dedicada al marketing digital y al posicionamiento en buscadores.

Pero, ¿por qué Canarias?, preguntamos. «Aquí mantenemos el mismo uso horario que en Reino Unido, y hay todas las conexiones aéreas que quieras, incluso más potente que en otras ciudades españolas».

Ya estando en Gran Canaria adaptaron habitaciones como oficina, montaron escritorios y reutilizaron paredes para el efecto croma sobre el que grabar sus vídeos. Cámara y trípode completaron el equipaje de vuelta.

El mundo del trabajador en remoto no es tan onírico como parece. No son tantos los que escriben desde la playa, la terraza o al borde de la piscina. Hay más de orden, establecer planes y disciplina de lo que se cree.

¿Vacaciones o trabajo? Equilibrio

Derek Irvine es irlandés. Lleva viviendo en Gran Canaria desde hace seis años. Aunque no es un nómada digital, sí trabaja en remoto desde entonces. Antes de la pandemia, el 30% de sus empleados trabajaban fuera de la sede principal. A raíz del Covid-19 ese porcentaje subió al 99%.

Vicepresidente de la empresa internacional Workhuman, Derek se dedica al desarrollo de software, curiosamente para ayudar a la gente a estar más conectados. «Las aplicaciones les recuerdan la importancia de no perder ese contacto», cuenta. Su familia y él ya conocían las islas antes de mudarse. Algunas vacaciones previas les animaron a tomar esa decisión.

Buen clima, el mar cerca y la amabilidad de su gente fueron los motivos para quedarse. «No quería vivir en una ciudad tan grande y con tanto tráfico como Madrid. Además, hay mucha conectividad. Para cualquier viaje de trabajo estoy a dos horas y media de tomar un vuelo directo a San Francisco o Tokio».

Derek reconoce que es fácil confundir estar de vacaciones a estar trabajando. «Si nunca antes has vivido en un lugar con tanto sol es normal que puedas dispersarte un poco al principio, pero al final aprendes a tener ese equilibrio».

Carlos es un informático de 33 años. Tiene claro que una de las razones por las que ha planteado a su empresa trasladarse a Canarias es el temor al contagio. «En una ciudad tan masificada como Madrid la gente no puede evitar tanto los contactos. Cualquier paseo por la calle hace que las personas se expongan más ante el virus», subraya.

Además, el edificio donde trabaja es compartido con otras empresas y se incrementa el nivel de exposición. Este canario sabe lo que es vivir en grandes urbes. Después de su paso por Ciudad de México, y ahora en Madrid, el estrés ocasionado por el nuevo virus le ha hecho replantearse las cosas. Aficionado al deporte y a las actividades al aire libre, en especial al surf, siente la necesidad, hoy más que nunca, de volver a vivir en espacios más abiertos. Como ellos, muchos empiezan a idear vivir esta nueva normalidad desde otra latitud. Y el archipiélago los ve, a su vez, como un atractivo segmento de viajeros con el que promocionarse y compensar la pérdida de turistas.

Las islas afortunadas tienen el potencial para incorporar anualmente más de 30.000 teletrabajadores en los próximos cinco años. Profesionales que no vendrían solo en época vacacional, por lo que ayudaría a desestacionalizar el turismo. Por esta razón, el Gobierno de Canarias está impulsando una campaña de captación para el que invertirá hasta medio millón de euros.

El perfil de este trabajador suele estar enfocado a la animación digital, el desarrollo de software y marketing digital. Todos ellos con suculentos ingresos que quedarían en buena parte en su día a día en las islas. La mayoría viaja solo, aunque cada vez más en familia. Tienen en promedio entre 26 y 45 años y alto poder adquisitivo. Suelen alquilar viviendas vacacionales o de larga estancia de tres meses a un año. No se vinculan a los touroperadores, ya que ellos mismos se organizan el viaje y reservan a través de plataformas de internet. «Gastan localmente, consumen ocio y participan en eventos locales», nos cuenta Nacho Rodríguez, fundador de Repeople Conference 2020, realizado este año de forma virtual.

El impacto socioeconómico es un hecho. Tan solo en la capital grancanaria hay más de 450 espacios de «coworking» y van en aumento los «coliving». A muchas empresas, además, les resulta interesante trasladarse a las islas, «ya que al localizarse aquí tributan al 4% en el Impuesto de Sociedades, uno de los más bajos de Europa», explica Cosme García, director de la Sociedad de Promoción Económica de Gran Canaria.