Antonio Catalán: «Soy partidario del cierre total en Semana Santa y de salvar el verano»

El presidente de AC Hotels by Marriott asegura que «es un año de transición, pero el turismo internacional volverá a España con fuerza»

Entrevista al presidente de AC Hoteles, Antonio Catalán.
Entrevista al presidente de AC Hoteles, Antonio Catalán.Jesús G. FeriaLa Razon

España ha podido presumir durante años de haber sido uno de los principales destinos turísticos del mundo. Hasta 80 millones de turistas internacionales al año elegían nuestro país para sus vacaciones antes de la pandemia, pero el pasado mes de enero –el peor de las últimas décadas– apenas lo hicieron 434.362. Los hoteles están al 2% de su capacidad, una auténtica hecatombe, de la que el sector espera recuperarse. «Volverá a latir con fuerza», opina Antonio Catalán, fundador de AC Hoteles y ahora presidente de AC Hotels by Marriott, la marca creada tras el acuerdo de joint-venture alcanzado con el gigante americano del sector. Ha sido un año muy difícil, pero Catalán afirma que está en forma: «Tengo bajo mi responsabilidad a 4.000 personas. Todavía me lo paso bien, estoy a tope y quiero seguir al frente de la gestión de mis hoteles», dice el empresario, que está a punto de abrir tres nuevos establecimientos. Empezó con uno en su Navarra natal y ahora tiene 90.

¿Qué cree que pasará esta Semana Santa? ¿Debería haber un cierre total de las comunidades autónomas?

Sí, yo soy partidario de un cierre total en Semana Santa y de salvar el verano. Ahora debemos ser lo más herméticos posible. Hay que sacrificar a sangre y fuego la Semana Santa y ver cómo evoluciona la curva de contagios y cómo suben las cifras de vacunación. Es el único modo de llegar a un verano razonable. La gente ahora no es del todo consciente de que la pandemia no se ha acabado aún y que hay que tener muy presente todo lo que está pasando.

¿Es partidario de que se adopten medidas similares en todo el país o que cada comunidad tome sus propias decisiones?

Soy partidario de que todo el país vaya en la misma dirección y de forma coordinada y no que cada comunidad decida si cierra o no. Tiene que haber una visión mucho más global.

¿Debería tomar de nuevo el Gobierno el poder?

Las comunidades autónomas se deben poner de acuerdo. Si no lo hacen, el Gobierno tiene que tomar medidas, ordenar cierres y que en todas partes sea igual. No puede ir cada uno por libre. Si no, sucederá lo mismo que el verano pasado cuando se relajaron las medidas porque bajó la curva de contagios. En las playas, por ejemplo, se mantenían las distancias, etc. y después llegó la tercera ola. Por otra parte, es un escándalo lo que ocurre con las fiestas privadas. Como primera medida para frenar los contactos, cerraría a cal y canto los pisos turísticos. No puede ser que haya 400 fiestas ilegales los fines de semana en Madrid. Hay mucha gente joven que pasa por la UCI.

¿Puede recuperar España el turismo y volver a los 80 millones de visitantes que había antes de la COVID-19?

Para que el turismo se recupere tiene que estar todo el mundo vacunado, incluidos los que vienen de fuera. En Madrid, por ejemplo, el noventa por ciento de nuestros clientes son internacionales y de ahí la mitad son americanos, el país del mundo con más contagios y muertes. ¿Y qué pasa con los turistas alemanes e ingleses? Todos quieren ir a Mallorca, porque somos únicos como destino de sol y playa. Somos mejores que Turquía, Grecia, Italia y Francia. La gente quiere venir aquí, pero tiene que venir vacunada. Lo del pasaporte sanitario que ahora se está debatiendo en Bruselas me parece un tema muy interesante. Este es un año de transición, pero el turismo volverá. Hay algo fundamental, cuando yo era pequeño solo podían viajar los ricos, pero ahora lo puede hacer todo el mundo.

La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, habló de normalidad este verano, ¿cómo lo ve usted?

Para el sector hotelero, 2021 está siendo peor que 2020, cuando tuvimos un primer trimestre bueno. No creo que las cosas mejoren hasta 2022, salvo que todo se arreglase a partir del verano. Dependemos de que todo el mundo esté vacunado.

La ministra también ha señalado que el turismo ha sido el sector más tutelado por el Gobierno, el que más se ha beneficiado de los ERTE y los avales ICO...

El sector turístico se recuperaría totalmente si hubiera un ICO específico para todo el sector. Necesitamos más tiempo para recuperarnos, préstamos a más largo plazo, por ejemplo a diez años, con tres de carencia. Sería una medida más fácil para el Gobierno y que podría salvarnos.

¿Qué opina de las ayudas directas por valor de 11.000 millones de euros anunciadas por el Gobierno? La Asociación de Agencias de Viajes ya ha dicho que las considera insuficientes.

Las ayudas directas son muy complicadas por mucho que las defiendan los ministros. Yo abogo por conceder préstamos específicos para el sector en base a su facturación.

Los ERTE se agotarán en mayo, ¿qué pasará después?

Los ERTE no pueden desaparecer de golpe, tiene que haber un acompañamiento en el sector para que la gente pueda reponerse. Quitarlos de golpe y porrazo sería un disparate.

¿Cree por tanto que el Gobierno no hace sus deberes?

Creo que tiene que repartir bien las ayudas, por sectores, y ponernos en pista para salir adelante, como hace Alemania que ha ido a salvar a sus empresas. Yo soy positivo y de los que piensan que el turismo volverá con fuerza.

¿Qué le falta al sector turístico para ser más competitivo?

Un precio medio. La gente puede pagar más de lo que está pagando, pero nos hemos empeñado en que sean los touroperadores quienes marquen nuestros precios. Hay que sacar al turismo en España del «low cost», que es para países en vías de desarrollo. España tiene que poner en valor su seguridad jurídica, sanitaria, etc. No es lo mismo ponerse malo en Turquía o en el Caribe que en Mallorca. Tenemos capacidad de crecimiento con mayores precios. Por ejemplo, cuando la libra cayó como consecuencia del Brexit, los precios subieron para los ingleses un 24%, pero siguieron viniendo 18 millones de ellos. Tenemos que poner en valor nuestro país y vender más caro, a un precio razonable que nos permita tener hoteles en condiciones. Hay mucho recorrido.

¿Qué le parece lo que está sucediendo en Barcelona?

La gente está muy harta. Barcelona a partir de finales de los 80, inició una época gloriosa con Pascual Maragall como alcalde y Jordi Pujol en la Generalitat. Todos remaban en la misma dirección. Había un sentido de país. Ahora Barcelona ha pasado de ser la quinta ciudad del mundo en turismo a estar desbocada. Se viven momentos muy complicados, todo es un auténtico disparate, y los que hemos vivido allí estamos perplejos. No me cabe duda de que habrá un gobierno separatista, pero confío en que algún día los socialistas vuelvan a gobernar el Ayuntamiento de Barcelona. Al PSOE le iría mucho mejor sacando a su socio Podemos del Gobierno y que el PP le apoyase. Cuanto más Podemos, más VOX y menos PSOE y PP. Yo fui partidario de un Gobierno socialista con Ciudadanos, que ahora podría desaparecer. Habría que convocar elecciones.

Usted ha dicho que el pacto con Marriott fue un milagro.

Puedo decir que, en los destinos internacionales, el 85% de nuestros clientes llegan a través de las tarjetas de fidelización que Marriott tiene en el mundo, 140 millones. Somos su único socio en el mundo y nuestra unión le permite a la compañía ser más global. Nosotros, además, tenemos buenos precios y somos la marca que más beneficios aporta a Marriott. Nuestra relación está muy consolidada.

El mejor peregrino

Antonio Catalán (Corella, Navarra, 1948), presidente de AC Hotels by Marriott, a sus «50 años, más 22», como explica él mismo con humor, «ahora lo voy a dejar en 50», ha vuelto a reinventarse tras el que, quizá, ha sido su año más duro y tras el que, a pesar de todo, encara el futuro con optimismo y con su entusiasmo de siempre. La tragedia llamó a las puertas de este navarro en el año de la pandemia. Carlos, su segundo hijo, vicepresidente ejecutivo de la cadena hotelera y su sucesor empresarial, falleció en octubre a los 42 años, víctima de un cáncer galopante. Semanas antes, el propio Antonio, contagiado de la COVID-19, estuvo casi un mes ingresado, incluidos cuatro días en la UCI, «en los que pensé que podía pasar todo», cuenta ahora, plenamente recuperado, hasta el extremo de que ha vuelto a la práctica habitual del ciclismo, su gran pasión deportiva. Todos los días hace rodillo y el domingo pasado se metió entre pecho y espalda, junto con su mujer Susana, más de 100 kilómetros por las carreteras empinadas de Monfragüe.
El último golpe que ha tenido que encajar es el muy reciente fallecimiento, a los 62 años, de su amigo/socio Arne Sorensen, presidente y CEO de Marriott International, la gran cadena hotelera global en la que se englobó AC para crear la marca AC Hotels by Marriott, una «joint-venture» con más de 200 hoteles sobre todo en España, Europa y Estados Unidos, pero también con presencia en Asia, América Latina e incluso en Sudáfrica, con un hotel en Ciudad del Cabo.
Antonio Catalán, al que la desaparición de su hijo ha llevado a retomar la dirección efectiva de la compañía, es un personaje irrepetible y uno de los grandes empresarios –de los de verdad– españoles de la historia moderna, lo que quiere decir de siempre. Creó, de la nada y una tras otras, dos de las más importantes cadenas hoteleras españolas, primero NH –vendida en una operación tan brillante como rentable– y luego AC, que a partir de 2011 se convertiría en el actual proyecto AC Hotels by Marriott que lucha ahora contra los imponderables de la pandemia, pero para el que su fundador predice un futuro exitoso, sobre todo a partir de finales de 2021 o principios de 2022. Antonio Catalán no tiene ninguna duda de que el turismo, sobre todo en España, se recuperará y volverá por sus fueros y también los viajes de negocios. «Lo importante –insiste– es que la vacuna se pueda administrar cuando antes y a casi todo el mundo».
La imaginación de Antonio Catalán carece de límites empresariales y humanos y su impulso trascendió hace tiempo a una simbiosis mágica entre el deporte, la empresa y la amistad, lo que le ha convertido 30 años después, en el que puede considerarse el mejor peregrino del Camino de Santiago, por el que en todo ese tiempo ha recorrido en bicicleta más de 25.000 kilómetros, siempre desde su Corella natal, desde la Ermita de Nuestra Señora del Villar para mayor exactitud, hasta la catedral de Santiago.
Todo empezó en 1990 cuando Antonio Catalán, que se declara creyente, hizo el mismo trayecto junto a un par de amigos para cumplir una promesa realizada por la recuperación exitosa de su hija Carlota tras un grave accidente. Aquello se ha repetido sin interrupción y se ha convertido en la llamada Ruta Xacobea AC Hotels, un acontecimiento cicloturista por etapas –no oficial por supuesto y no competitivo– y exigente: seis días consecutivos, 8.000 metros de desnivel, siete puertos de montaña, seis provincias recorridas y unas 75 localidades visitadas. El par de amigos inicial, con el paso de los años, se convirtió en un pelotón numeroso, cercano a 100 integrantes en algunas ediciones, con ilustres ciclistas participantes como Miguel Induráin y empresarios, directivos e incluso políticos: Arne Sorensen, el fallecido presidente de Marriott, era un habitual de la ruta en la que en una ocasión, entre León y Ponferrada, encima de la bici negociaron un importante acuerdo. Todo traducido, también mientras pedaleaba, por el llorado Carlos, porque como cuenta con gracia Antonio: «Arne no ha conseguido que yo aprenda inglés y yo no he logrado que Arne aprenda español», lo que no impedía su buen entendimiento y la solidez de su amistad.
El exministro Jaime Mayor Oreja; Antonio Rodríguez Pina, presidente de Deutsche Bank España; Emilio Sáenz, presidente de Volkswagen Navarra; Jaime García Legaz, consejero de Día, expresidente de Aena y hasta el torero Miguel Abellán son algunos de los notables más o menos habituales en esta peregrinación anual. Solo le falta convencer a su amigo José Luis Rodríguez Zapatero para que participe. La última, que era la edición XXX, que tanto ilusionaba a Antonio, tuvo que ser diferente. No pudo celebrarse a finales de junio, como siempre, por culpa de la pandemia, sino que tuvo que retrasarse a finales del verano, con una participación reducida a poco más que familiares y con el hándicap de que Carlos Catalán, ya bastante enfermo, la hizo desde el coche en lugar de en la bicicleta junto a su padre y amigo. Antonio, no obstante, volvió a recorrer los kilómetros que separan Corella de Santiago de Compostela y lo volverá a hacer mientras tenga fuerzas –y parece que será durante mucho tiempo– e ilusión, algo que no le faltará nunca.
Es un gran emprendedor pero, sobre todo, es el mejor peregrino, con ese otro triunfo suyo que es la Ruta Xacobea, un éxito lúdico, deportivo y espiritual y, por encima de todo, humano. Ha sido el año más duro y difícil de Antonio Catalán, pero también con la constancia y superación de «peregrino permanente» mira al futuro con optimismo desde sus nuevos «50 años» –los que de verdad cuentan–, «más 22».