Opinión

Cicerón, Sánchez y deuda pública

La deuda pública volvió a crecer en noviembre de 2021, hasta alcanzar los 1,42 billones de euros, con «b» de barbaridad

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez FOTO: Alberto Ortega Europa Press

Pedro Sánchez defiende que las reglas europeas de deuda, déficit, etc, son «complejas y difíciles de cumplir». Lo dijo después de reunirse con el nuevo canciller alemán, el socialdemócrata –de los de verdad– Olaf Scholz, y horas antes de que se supiera que la deuda pública volvió a crecer en noviembre de 2021, hasta alcanzar los 1,42 billones de euros, con «b» de barbaridad. Es la segunda cifra más alta de la historia, después de los 1,43 billones de septiembre pasado.

El inquilino de la Moncloa se queja de las normas de Bruselas porque son el único límite real a su poder. El que la deuda sea mayor o menor no le importaría si no fuera una de las condiciones para recibir más fondos comunitarios y repartirlos a su antojo, siempre con objetivos electorales. Por otra parte, no hay mucha complejidad en las reglas europeas, aunque es cierto que puede ser incómodo cumplirlas.

La monstruosidad de la deuda pública española –que algún día devendrá en catástrofe si no se corrige– no tiene ningún misterio. En los últimos 50 años, las cuentas públicas solo han arrojado números negros en tres ocasiones, de 2005 a 2007. En los otros 47 ejercicios hubo déficit. Desde 2008, al principio de la Gran Recesión, las administraciones públicas españolas han gastado un billón más de lo que han ingresado. Si a esa cantidad se añaden los más de 400.000 millones de deuda que había en 2008, salen los actuales 1,42 billones. Es una simple cuenta de la vieja al alcance de cualquiera, nada de grandes complejidades, pero que, como el algodón, no engaña.

La deuda crecerá más en términos absolutos porque el objetivo del Gobierno español –y de otros como el italiano– es que Bruselas sea tolerante con los déficits, algo que, diga lo que diga Sánchez, su nuevo amigo Scholz no ve claro. Los defensores de la deuda esgrimen que el crecimiento reduce el porcentaje sobre el PIB. Es cierto, pero también una forma de engañarse y engañar a la gente. Nada nuevo bajo el sol. Marco Tulio Cicerón, en el año 55 A.C., ya escribió que «el presupuesto –de Roma– debe equilibrarse, el tesoro debe ser reaprovisionado y la deuda pública debe ser disminuida». No está claro si entonces también era «complejo» como sostiene ahora Sánchez.