Opinión

Estorbos por doquier

La verdad es que la situación es muy complicada, tanto si lo quiere reconocer el Gobierno, como si no

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez FOTO: Emilio Naranjo EFE

La RAE define estorbar como “poner dificultad u obstáculo a la ejecución de algo”. Desconozco si Pedro Sánchez habrá considerado que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) también es un estorbo tras haber revisado a la baja sus previsiones de crecimiento económico para España, que, de acuerdo con los datos publicados ayer, será del 4,1% este año. La caída es de 1,4 puntos. Estas cifras se sitúan en línea con lo apuntado por la Comisión Europea, que prevé un crecimiento del 4% para nuestro país. La OCDE apunta a una inflación del 8,1% para el año en curso. O sea, menos crecimiento y más inflación, un cóctel explosivo.

Y habrá que estar atentos a lo que diga el Banco Central Europeo hoy y el Banco de España (vade retro De Cox) mañana. ¿Se atreverá Pedro Sánchez a calificar de estorbos a todas las instituciones anteriores? La verdad es que la situación es muy complicada, tanto si lo quiere reconocer el Gobierno, como si no. Con el verano en puertas (ya veremos lo que pasa con el turismo europeo) la gran prueba de fuego llegará en el próximo otoño.

Y sigo con los estorbos. Supongo que la Comisión Europea también entrará en esta categoría porque, a fecha de hoy, no ha aprobado todavía el plan para aplicar el acuerdo de la Cumbre Europea sobre el gas, vendido aquí a bombo y platillo, para conseguir una bajada del precio de la luz. Y ya que me refiero a los de Bruselas, dentro de pocas semanas se cumplirán dos años desde que los Jefes de Estado y de Gobierno aprobaron el famoso Plan de Recuperación para hacer frente a la crisis desatada por la pandemia. Pedro Sánchez volvió de allí y fue recibido con una gran ovación por sus ministros en la escalinata del Palacio de la Moncloa, porque había “logrado” 140.000 millones de euros. Una de las premisas de ese pacto era que el dinero tenía que llegar con rapidez a las empresas de los sectores considerados prioritarios. Pues bien, cuando se van a cumplir los dos años de aquellos hechos todavía espero conocer a un pequeño y mediano empresario que haya visto un euro. Debe ser que el Gobierno también se encuentra con muchos estorbos para la ejecución.