El fallido secuestro del Mensaje del Rey

Su Majestad incidió en la dura realidad que pretende obviar la izquierda radical

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Pocas veces habremos asistido a una pataleta política tan estruendosa y fuera de la realidad como la que protagonizaron ayer los distintos partidos de la extrema izquierda española y algunos nacionalistas ante el Mensaje navideño de Su Majestad. Es cierto, también, que nunca una formación radical y declarada antisistema como Unidas Podemos había formado parte del Gobierno de la Nación, pero no deja de ser muy significativa la incapacidad de sus portavoces a la hora de analizar los hechos, que, simplemente, se traducen en que el Rey, con el refrendo reglamentario de La Moncloa, como establece nuestra Constitución, desdeñó el intento de secuestro de un discurso que, mal que pese al vicepresidente segundo del Gabinete, Pablo Iglesias, dirigía el Jefe del Estado al conjunto de los españoles, cuyas preocupaciones están muy alejadas de las cuitas de una izquierda metida en su burbuja particular.

Porque, no hay que dejarse despistar por los alegatos absolutamente demagógicos de los representantes podemitas, detrás de la campaña contra el rey emérito y de las exigencias de condena previa de quien, por su situación institucional, no puede defenderse, se ventila una operación de desgaste de la Monarquía parlamentaria y, por lo tanto, del sistema político español, que pasa, como en toda estrategia del marxismo, por negar la propia realidad de los hechos. Unos hechos, que en el caso de Don Felipe, no admiten dudas sobre su compromiso con la ética pública, por más dolorosas, a efectos personales y familiares, que sean las consecuencias. Que a Pablo Iglesias y demás compañeros mártires la referencia explícita de Su Majestad a la innegociable igualdad ante la ley de todos los españoles les haya parecido insuficiente carece del menor valor, puesto que parte de una posición de prejuicio, que raya lo sectario. Pero no sólo. El mensaje del Rey incidía en los asuntos fundamentales que la izquierda radical trata de obviar.

Como la crisis terrible, económica y social, que atraviesa nuestro país, y que Don Felipe repasó sin lugar a la complacencia o al subterfugio, con un reconocimiento del dolor de tantas familias que han perdido a sus seres queridos, del paro asfixiante que sufren las generaciones más jóvenes y las dificultades de empresarios y trabajadores para salir adelante. Y, por supuesto, la defensa sin fisuras de la Constitución, como instrumento de concordia y unidad de la Nación, garantía de nuestras libertades, sólo a partir de la cual nos será dado poder superar la tremenda situación que atraviesa España y recuperar su fortaleza. En definitiva, las palabras que demandaba la dura realidad que vivimos. Las palabras que reflejan las verdaderas preocupaciones del pueblo español.