Editorial

Ábalos pone rostro a cien días de Gobierno

La gestión de la pandemia fue un desastre y se produjo tal desconcierto que nadie en el Gabinete puede garantizar que en las investigaciones judiciales no surjan pruebas de irregularidades que afecten a varios Ministerios.

El exministro de Transportes y diputado del PSOE, José Luis Ábalos, a su salida en el Congreso de los Diputados, a 27 de febrero de 2024, en Madrid (España). Tras la implicación de al menos 20 personas por el supuesto cobro de comisiones en adjudicaciones fraudulentas de mascarillas durante la pandemia, entre las que se encontraba el exasesor del exministro socialista José Luis Ábalos, Koldo García, el PSOE pidió ayer a José Luis Ábalos que entregase su acta de diputado en las siguientes 24 h...
Ábalos dimite como presidente de la Comisión de Interior pero mantiene su acta de diputadoEduardo ParraEuropa Press

A tenor de las afirmaciones de la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría; del ministro de Transportes, Óscar Puente, y del portavoz parlamentario socialista, Patxi López, defendiendo a capa y espada la gestión gubernamental en la emergencia pandémica y la recta contratación de los materiales sanitarios por parte de los distintos organismos ministeriales, cada vez se entiende menos la insistencia de la dirección del PSOE en la renuncia de José Luis Ábalos a su escaño en el Congreso y al abandono voluntario de la militancia.

Si el primer Gobierno de Pedro Sánchez todo lo hizo bien durante la emergencia sanitaria, presionado por las circunstancias, pero de acuerdo a la normativa de contratación pública, habría que dar crédito a las protestas de inocencia del ex ministro socialista y reconocer que le asiste alguna razón cuando afirma que tratan de convertirle en un «apestado político» sin que su nombre figure en las diligencias judiciales del «caso Koldo» ni haya tenido la menor noticia de que pueda ser encausado.

La realidad, sin embargo, no es tal y como la describen los portavoces gubernamentales ni, por supuesto, el propio Ábalos, aunque sólo sea porque la gestión de la pandemia fue un desastre desde sus inicios y se produjo tal desconcierto que nadie en el Gabinete puede garantizar que en las investigaciones judiciales abiertas no surjan pruebas de irregularidades que afecten a varios departamentos ministeriales y a algunos gobiernos autonómicos, como parece ser el caso de Baleares.

Así, toma fuerza la idea de que tras la exigencia de dimisión de Ábalos, al que su propio partido ha colocado al pie de los caballos de la opinión pública, no hay más que el intento de abrir un cortafuegos que proteja la figura del presidente del Gobierno, pese a que el ex ministro y ex secretario de Organización socialista fue uno de los muñidores clave en su retorno a la secretaría general del partido y compartían pública admiración y elogios hacia el militante Koldo García, también figura destacada en las primarias que supusieron la derrota de Susana Díaz.

Pero que Ábalos hubiera guardado silencio y acatado la disciplina partidaria tras su destitución sin explicaciones del Ministerio de Transportes y de la secretaría de Organización, él, que era la mano derecha de Sánchez, no significa que fuera a aceptar con resignación la representación del papel de cabeza de turco. Tampoco, que esta vez también vaya a guardar silencio. En cualquier caso, lo cierto es que Ábalos ha puesto rostro, poco grato pero ajustado, a los cien días del actual Gobierno de la Nación. Cien días caracterizados por la inestabilidad institucional, los bandazos en la gestión política y el uso exagerado de la propaganda gubernativa. Cien días bajo la presión de los nacionalistas, la mayor desafección de los electores socialistas y el fracaso de la estrategia de confrontación.