Las ligaduras de Sánchez

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en Moncloa
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en MoncloaEFE/Emilio Naranjo

Es muy ilustrativo analizar la secuencia de hechos desde que se conoció la decisión de la Justicia europea sobre el caso Junqueras. Las primeras declaraciones corrieron a cargo de la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, que sorprendió a propios y extraños con una afirmación en la que responsabilizaba a Mariano Rajoy.

Las afirmaciones naíf suelen ser más próximas a un eslogan que a una reflexión de fondo y, aunque es verdad que el último gobierno popular tenía como norma dejar macerando los problemas en los cajones, lo que importaba, [ ]el jueves por la mañana, era la opinión de algún socialista representativo de la dirección política respecto a todas las derivadas que tiene la decisión.

Es decir, se le preguntaba por su opinión sobre cómo puede afectar al pacto con ERC, a la más que probable presencia de Puigdemont por las calles de Barcelona en pocos días y a la previsible reacción del mundo independentista.

Desde que Sánchez apostó todo su caudal político a un acuerdo con Esquerra, lo que hizo fue sacar a Junqueras de su celda y encerrarse él y esto lo saben los independentistas.

Prueba de ello fue lo que ocurrió a continuación: la dirección de ERC “paralizó las negociaciones con el PSOE” hasta que Pedro Sánchez opinase sobre la sentencia europea.

No es habitual, ni tampoco razonable, que un gobierno emita un comunicado valorando una decisión judicial. Mucho menos que responda ante una presión o amenaza, que fue lo que hizo la dirección de ERC.

Sin embargo, tan solo 40 minutos después había un comunicado oficial de Moncloa con ocho puntos valorando la sentencia.

Más allá del contenido de la declaración de la presidencia del Gobierno, lo relevante es que 13 diputados independentistas, con su líder en la cárcel, tienen la llave del Estado al que detestan y tienen fuerza como para obligar al presidente del gobierno a bailar una sardana si hiciese falta.

La siguiente cuestión importante es ver si Junqueras seguirá en la cárcel o saldrá, si bien, la decisión del TJUE no afecta al cumplimiento de la condena del Tribunal Supremo. La otra cuestión es cuando Puigdemont aterrice en el Prat.

El independentismo podría haberse debilitado mucho si la sentencia del “procés” no hubiese irrumpido en una campaña electoral, pero Junqueras está reconstruyendo su relato personal y colectivo.

Quiere ser la gran víctima, el último en salir de prisión, “el Lluís Companys del siglo XXI”, Puigdemont no aspira a tanto, solo quiere no entrar en la cárcel y volver al poder, ya veremos cómo gestionan su relación.

Sánchez cree que puede engañar a los independentistas, usarlos para su investidura y que eso le salga gratis. No se da cuenta de que le han atado corto y que deciden cuándo tiene que hablar.

Cuando un dirigente confunde sus intereses con los del país, alguien debería quitarle el liderazgo. Esperemos que las ligaduras solo se las hayan puesto a Sánchez y no al Estado.