El PP vasco desestabiliza el pacto de Génova con Arrimadas

La coalición electoral nace «tocada» por los recelos del partido de Alfonso Alonso. Los naranjas no quieren ninguna marca con el «Suma»

Urkullu lamenta los "errores" que haya podido cometer su Gobierno en Zaldibar
Los diputados del PP Alfonso Alonso y Carmelo Barrio conversan durante la comparecencia del lendakari Íñigo Urkullu ayer Bilbao EFE/ ADRIÁN RUIZ-HIERROAdrián Ruiz-HierroEFE

El PP vasco hizo estallar ayer en canal la negociación de Génova con Ciudadanos (Cs) para sellar la coalición electoral de cara a los comicios autonómicos del próximo 5 de abril. Y aunque hay acuerdo, así lo ratificaban anoche fuentes de Génova, nace tocado porque la oposición de los populares vascos a ceder representación a Cs confirmó los recelos de esta organización regional contra el pacto con los naranjas, que comparten, por cierto, en el PP catalán.

De momento, la portavoz parlamentaria de Cs, Inés Arrimadas, anunció ayer, en una entrevista con Susanna Griso, en Espejo Público, en Antena 3, que sus intenciones son devolvérsela al PP en Cataluña, una vez que los hechos han confirmado que el PP gallego concurrirá en solitario con la candidatura de Alberto Núñez Feijóo, que está en condiciones de conseguir su cuarta mayoría absoluta. Arrimadas adelantó que el PP debe prepararse para recibir en Cataluña lo mismo que ha dado en Galicia, a pesar de que la situación de los dos partidos no es exactamente la misma, ni mucho menos. En Galicia el PP es un partido de gobierno, que acumula mayorías absolutas que le han permitido gestionar la Xunta hasta convertir esta comunidad en un feudo histórico de los populares. En Cataluña Cs consiguió ganar las últimas elecciones autonómicas, sin tocar poder, y las encuestas anticipan una caída considerable del voto naranja en las próximas catalanas.

Está por ver si Arrimadas cumple su amenaza de no favorecer el pacto en Cataluña, que ha forzado en el País Vasco donde no tiene representación y para evitar la desaparición definitiva de sus siglas en ese territorio, y después de que también dijera que era condición obligada la coalición electoral en Galicia y finalmente haya renunciado a ella.

La dirección nacional del PP se afanó ayer tarde noche en volver a coser el pacto con Cs en el País Vasco después de que su organización regional se «rebelase» contra lo que Ciudadanos decía haber conseguido en ese acuerdo. El control de las listas es de los populares, pero el PP vasco rechazó que el «dos» por Álava y por Vizcaya fuesen cuota de Cs. A través de Twitter, el PP vasco lanzó el órdago. «La propuesta anunciada por Ciudadanos sobre las candidaturas para una posible coalición electoral en el País Vasco es inasumible, no guarda relación con la realidad de cada partido aquí y no forma parte de ningún acuerdo con el PP».

La crítica de los populares vascos tiene su punto de apoyo. El PP que preside Alfonso Alonso es un partido con estructura y organización, con implantación territorial, y es una parte muy importante de la historia general del PP por su compromiso en la lucha contra el terrorismo. Estuvo en los años de plomo de ETA, ha marcado la historia de España por su batalla por la libertad y los derechos de los vascos, que le ha costado la vida a importantes dirigentes y militantes de este partido. Ciudadanos no tiene ni siquiera estructura. Y, lógicamente, tampoco tiene representación en el Parlamento vasco ni en el Congreso por esta circunscripción. La revuelta del PP vasco descolocó ayer la negociación de Génova. Alonso tiene el control del partido regional, y esto ha limitado ya en buena parte la capacidad y el deseo de injerencia de Madrid en la organización vasca para moldearla al servicio de los nuevos tiempos y de la nueva etapa que lidera ahora Pablo Casado.

Nadie puede discutir que los últimos resultados electorales del PP vasco son malos, pero Alonso tiene a su favor que la estructura orgánica del partido le apoya, entre otras razones porque ellos son parte de su equipo. Y si llegara otro líder, como algunos quieren en Madrid, haría otro equipo.

La discusión con Cs ha estado en las cuotas de poder de cada parte, pero también en el nombre de la coalición. Los naranjas no quieren ninguna marca en la que aparezca el «Suma» que recuerda al eslogan de «España suma» de los populares de las pasadas elecciones generales. El PP ha vetado la propuesta naranja de «Mejor Unidos». Para el PP vasco renunciar a sus siglas es una cesión determinante en la historia del partido, no así para Cs.

La comisión negociadora tiene que pactar también un programa conjunto, en el que igual que sucedió en Navarra los de Ciudadanos tendrán que rectificar su rechazo a la foralidad. Arrimadas ha tenido que ir haciendo cesiones, una tras otra, por la debilidad heredada de la gestión de Albert Rivera. Atrás se ha quedado Galicia, y la coalición electoral vasca solo sale adelante si deja en manos del PP el control de las candidaturas.

Por cierto, en Galicia, después de la renuncia a la coalición, Cs dice que se presentará en solitario con listas propias, y su manera de seguir presionando al PP gallego es alimentar la hipótesis de que perderá la mayoría absoluta por no haber sumado las siglas de Cs a las de su partido.