La ilusión de sentirse vigilado por Interior y el CNI

Ay, dura es la fuga en tiempos de encierro y estados de alarma: solo te quieren en Venezuela o en Cuba, y eso con la recomendación de Pablo

El Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, general José Manuel Santiago
El Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, general José Manuel SantiagoAgencia Efe

El jefe de la Guardia Civil la ha liado parda, cosa del todo impropia en los hombres de verde. Ha dicho que vigila las redes para minimizar el clima contrario a la gestión del Gobierno. El clima contrario a la gestión del Gobierno se está convirtiendo en un ciclón, de lo que se deduce que los vigilantes de la playa no ven venir el tsunami o que minimizan muy poco, como si en el fondo y en la forma no estuvieran muy de acuerdo con esa tarea protectora de los que conducen a ciegas y ya sin puntos en el carné.

El ministro Marlaska ha salido rápidamente de su despacho de supervisor de redes para aclarar que se trata de una equivocación, un lapsus. Freud llamaba a los lapsus «actos fallidos», que en contra de lo que algunos puedan pensar no se trata de un gatillazo por falta de viagra, sino la expresión contraria a la intención consciente del sujeto que se desliza al hablar, o sea, una faena del inconsciente que va a su aire por ahí y nos hace meter la pata.

De cualquier forma, sea lapsus o revelación inapropiada, a uno le hace ilusión jugar a las películas y sentirse vigilado por Interior. Por Interior, quizá por el CNI y, ya puestos, por la CIA. Solo me falta Garganta Profunda. Siempre me ha atraído la figura del testigo protegido, pero si me tienen que proteger los mismos que me vigilan, no sé yo qué gano. Un lío. Ya nos avisaba Él: nuestras vidas se van a convertir en sucesivos estados de alarmas, un concierto de sirenas. Pedro y Pablo están tan alarmados que, según leo, buscan blindar su coalición.

Buena idea, pero ¿con qué materiales? ¿Los que le proporcione ERC y Bildu? Tienen que elegir Pedro y Pablo, Pablo y Pedro, entre el blindaje o la habitación del pánico. La política es el arte de elegir, ya se sabe, entre lo malo y lo peor. Mientras, crece en las redes el clamor contra Él, crece el «SánchezVeteYa». El presi puede que se mire angustiado en el espejo y se diga: «Bueno, me voy, pero, ¿a dónde? No me van a dejar entrar en cualquier país por mi cara bonita». Ay, dura es la fuga en tiempos de encierro y estados de alarma: únicamente te quieren en Venezuela o en Cuba, y eso con la recomendación de Pablo. Hace muchos años, Aznar lanzó su famoso «¡Váyase, señor González!» Hoy, Aznar y Casado votarían a favor, creo, de un gobierno «Sálvame» presidido por Felipe.

Esto no quiere decir que el tiempo ponga a cada uno en su sitio, sino que el tiempo es, más que relativo, un agujero negro: devora todo lo oscuro que hay a su alrededor y mucho más tarde caga estrellas. Casado ha declarado en este periódico: «Sánchez pretende ganar tiempo a costa de repartir errores». Como hombre justo que pretende ser, procurará repartirlos equitativamente, digo yo. Si el encargado de repartir los errores fuera Iglesias, daría más a los que más necesitan aprender de ellos, y así, irónicamente, volverían al Gobierno.

También ha dicho Casado que exigirá a Sánchez que aclare si pidió a Interior perseguir las críticas. Y Sánchez le dirá, tan evangélico como siempre: «Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda». O aquello de Mark Twain: «Siento demasiado respeto por la verdad para sacarla a relucir por cualquier cosa». En fin, por si tengo pinchado el teléfono: ¿alguien podría traerme unas mascarillas y gel?