«Si vamos a la playa y a los bares, lo lógico es que se pueda ir a votar»

En el epicentro del rebrote. En Burela se han habilitados dos pabellones con circuitos de entrada y salida para votar con seguridad

La preocupación y el pesimismo recorren las calles del municipio lucense de Burela. Esta localidad de unos 9.500 habitantes ubicada en el área central de la costa de Lugo, vive estos días momentos difíciles tras convertirse en el epicentro de un rebrote de coronavirus. A la situación sanitaria se suma la polémica, azuzada por los partidos de la oposición en la recta final de la campaña, en torno a si se dan o no las condiciones para votar en las elecciones autonómicas que se celebran hoy en la comunidad gallega. Rosa tiene 64 años y regenta el bar de la estación de tren del municipio. Es una estación fantasma donde apenas paran los ferrocarriles ni esperan los viajeros. «Una situación atípica», describe mientras juega al «Candy Crush» en su tablet. En el interior de la cafetería, decenas de relojes, que marcan el tiempo de distintas zonas geográficas, están estáticos –«gastan muchas pilas»–, dice, mientras levanta la mirada y pausa la partida. Es quizá, el mejor símil para describir la situación en Burela. El tiempo se ha parado tras decretarse el confinamiento y prohibirse la entrada y salida al concello salvo casos de fuerza mayor. Los taburetes de la barra están precintados para cumplir la normativa que decreta la prohibición de consumir en la barra de los locales de restauración. En la televisión, de fondo, varios opinadores discuten sobre si es viable o no acudir a las urnas. «Es exagerado», opina Rosa. «Hasta ahora nadie debatía sobre si a una persona que le operen de apendicitis el mismo día de las elecciones se le arrebata el voto. Para mí es lo mismo. Es normal que si estás enfermo no puedas ir a votar. Los políticos lo utilizan todo», asegura, con cierto enfado.

No en vano, el cierre de la campaña electoral en Galicia llegó a su fin justo en el escenario que muchos temían: con un brote activo y la prohibición del voto para 259 personas en la comarca de A Mariña, así como la decisión de extremar las medidas de seguridad para aquellas personas que han estado en contacto cercano con contagiados. La llamada oficial es a la calma. Se insiste en que ir a votar hoy es tan seguro como cualquier otra actividad, como ir «a la farmacia», dijo el presidente de la Xunta y candidato a la reelección, Alberto Núñez Feijóo. Una idea que comparten algunos de los vecinos de Burela.

Es la hora del aperitivo y las calles del municipio están semidesérticas. En la cafetería que está ubicada en frente del ayuntamiento, Heladio, de 76 años, y su hijo, Juan, de 29, toman un vino. «Aún no he decidido si iré a votar. Lo decidiré durante la jornada de reflexión, para eso está», afirma el joven. «Aquí ahora estamos como estabais en Madrid en abril. Hemos pasado de una treintena de contagios que hubo al principio de la pandemia a más de una centenar. La gente se relajó, dejó de llevar mascarilla, empezó a organizar grandes celebraciones, y por eso estamos así ahora», asevera.

Para las votaciones se han reubicado todas las mesas en nuevos espacios. En concreto, en dos grandes pabellones municipales que contarán con circuitos de entrada y de salida y en los que será posible garantizar la distancia interpersonal que marcan las autoridades sanitarias. «Aunque sea más incómodo porque están más lejos será más seguro porque en la Casa de la Cultura –lugar tradicional de la votación– no se puede garantizar que haya un paso de entrada y otro de salida», dice Juan. Su padre le interrumpe para confirmar que él no irá a votar. «Claro que tengo miedo», reconoce. A su edad, si se contagia sabe que el riesgo es mayor que el de los jóvenes. Vive la situación con resignación. «Que le vamos a hacer», comenta. Eso sí, indica que ahora se nota el temor al contagio. «Desde que empezó el rebrote, la gente tiene más cuidado y se usa la mascarilla».

En la hostelería se lamentan por el bajón de la actividad en plena temporada de verano. La imagen de las calles vacías son un reflejo de la anormalidad que se respira en el municipio. En las terrazas antes llenas, ahora los clientes se cuentan con los dedos de la mano. Lo mismo ocurre en las playas, en las que se ha decretado el uso obligatorio de las mascarillas. «¿Ves esas escaleras?» –señala uno de los socorristas de la playa de las catedrales, uno de los iconos de A Mariña lucense– «un día normal de julio habría enormes colas para entrar y salir», explica Kelvin. Unos metros más lejos, su compañero Roy, coloca una señal que advierte de la zonas con mayor peligrosidad. «Claro que se puede votar con seguridad, si venimos a la playa y a los bares, lo lógico es que se pueda ir a los centros de votación», sostiene. No obstante, en su opinión, lo más sensato hubiera sido aplazar las elecciones hasta que la situación de la pandemia estuviera controlada y hubiera una vacuna, «pero si están convocadas, creo que se debe facilitar el voto».

Pocos son los turistas que pasean por la playa. Por la carretera de la costa que une toda la comarca de A Mariña apenas hay coches. «En un día normal de verano estaría atascada», dice María José, una vecina de Lugo que tiene su segunda residencia en el municipio de Ribadeo. «El domingo iremos a la ciudad a votar, con precaución y respeto, pero sin miedo», asevera.

Desde la Xunta han puesto en marcha un protocolo de seguridad supervisado por Salud Pública y el comité científico en el que se han supervisado los 2.395 locales de las votaciones. Además, está previsto un gran despliegue de recursos de prevención que consta de 2,4 millones de mascarillas, más de 40.000 botes de gel hidroalcohólico y también más de 47.000 pantallas faciales. Habrá vigilantes que velen por el cumplimiento de las medidas y las personas mayores tendrán preferencia en el acceso a los centros electorales.

No obstante, el miedo y el hecho inédito de que las elecciones se celebren en verano amenazan con lastrar la participación. Ricardo, ganadero, está indeciso y preocupado por el rebrote pero sabe que la participación será la clave para la continuidad del gobierno. En el lado contrario, Chelo, 89 años, tiene su papeleta lista. «Es un derecho que tenemos que ejercer, pase lo que pase», sentencia.

Las de hoy son las elecciones más atípicas. En medio de una pandemia y con un rebrote de última hora, que puede condicionar el voto, 2,2 millones de gallegos tienen en su mano la continuidad o el cambio en la comunidad.