«Pepón», el preso del que Sánchez no lamentó su muerte

Se ahorcó el mismo día que el etarra Igor González. Este año 29 presos se han quitado la vida

Las palabras de Pedro Sánchez lamentando la muerte del etarra Igor González Sola han indignado a gran parte de la sociedad. No solo por referirse a la organización criminal como «la banda ETA», sin el apellido «terrorista», sino por tildar de «desgraciado suceso» la muerte del preso, que puso fin a su vida de forma voluntaria en la prisión de Martutene (Guipúzcoa) el pasado 4 de septiembre. «Quiero, antes que nada, decir algo obvio. Y es lamentar profundamente su muerte. Lo lamento», decía Sánchez este martes en el Senado dirigiéndose a sus socios de Bildu. Pero el mismo día en el que los funcionarios de Martutene encontraban el cuerpo sin vida del etarra González, sus compañeros de la prisión de Dueñas (Palencia) se toparon con otro preso que también se había quitado la vida en su celda. Su muerte, sin embargo, no la ha lamentado públicamente ningún presidente de Gobierno.

Se trata de Sinforiano Motos Vázquez, alias «Pepón», un hombre de solo 26 años que estaba preventivo y que también decidió poner fina su vida, como lo han hecho ya, al menos, 29 personas en lo que va de año, según el recuento realizado por Tu Abandono Me Puede Matar, una asociación de funcionarios de prisiones que lleva años denunciando no solo las condiciones en las que trabajan, sino también las que soportan los internos por el histórico abandono de Interior hacia las cárceles.

Aunque el final de los días de González y de Motos fuera similar (de forma intencionada y en la celda de una prisión), sus carreras delictivas no se parecen en nada. El etarra, de 47 años, fue miembro activo del Comando Donosti, uno de los más sanguinarios de ETA. A este «talde» se atribuye uno de los crímenes más conocidos de la banda terrorista: el secuestro y asesinato del concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco. Igor fue condenado en 2005 a 20 años de cárcel por colaboración con banda armada, falsificación de documento oficial y depósito de armas. En noviembre de hace dos años fue uno de los presos «acercados» al País Vasco y en marzo de este año, en pleno confinamiento, cumplió tres cuartas partes de su condena, por lo que podría haber comenzado a optar a beneficios penitenciarios. Sin embargo, la mañana del pasado viernes, fue hallado sin vida en su celda, al igual que Motos en la prisión de Dueñas.

Una nota de despedida

En el protocolario conteo de presos de las 8:00 horas, al llegar a la celda de «Pepón», el cuerpo del interno se encontraba en el suelo ya sin vida. Había dejado una nota de despedida, según fuentes cercanas. «Pepón», junto con otro hombre, también preso preventivo apodado «El Rafi», son los presuntos responsables de la muerte de «El Chispi» el pasado mes de enero en Salamanca. El crimen provocó una gran guerra entre familias de etnia gitana en el barrio del Tormes. Al parecer, el asesinato fue motivado por un asunto sentimental (la mujer de «Pepón» se habría ido con «El Chispi») y a Motos le detuvieron en febrero cuando estaba huido en Valladolid. Desde entonces, está preso. Primero ingresó en la prisión de Topas (Salamanca), pero pronto fue trasladado a la de Dueñas, en su caso no por ningún programa de acercamiento de presos (su familia es de Salamanca) sino porque tenía problemas de amenazas con otros internos. De hecho, las familias siguen enfrentadas y la de «Pepón» se tenido que mudar de manera forzosa: el llamado «destierro entre gitanos. A sus hijos, por ejemplo, no les sacaban al patio del colegio para evitar ponerles en peligro, según fuentes cercanas. Su muerte, sin embargo, solo la ha lamentado su familia, que este fin de semana le enterraba en el cementerio municipal de Peñaranda de Bracamonte.

Otro suicidio el día 1

Además de los suicidios de González y de «Pepón», el día 1 de septiembre lo hacía otro interno de la prisión de Puerto I (Cádiz). Se trata de Francisco Torres, de 54 años, que también contaba con delitos de sangre a sus espaldas. Torres se ahorcó en su celda, después de haber intentado matar unos días antes a otro preso con un cepillo de dientes afilado. Y es que éste es el día a día en las prisiones españolas, según denuncian desde Tu Abandono Me Puede Matar. «La falta de funcionarios provoca que no siempre se puedan aplicar de forma adecuada los protocolos de prevención de suicidios», denuncian. Normalmente este protocolo se aplica a todos los internos que entran y, en función de la valoración médica, se alarga más o menos en e tiempo. Consiste en tener un interno de apoyo las 24 horas, lo que se conoce como «preso sombra», aunque la medida se va rebajando con el paso del tiempo. También les quitan mecheros, cordones y sudaderas (por los cordones). Sin embargo, es frecuente que utilicen las sábanas, por lo que es muy complicado evitarlo.

23 muertos por sobredosis

Otro método habitual es por intoxicación: mezclando los medicamentos prescritos con drogas o alcohol. En lo que va de año ya han muerto 23 personas por sobredosis, si bien muchas son involuntarias. Se ha notado un fuerte descenso durante el estado de alarma ya que las comunicaciones íntimas han sido suspendidas por la covid y los familiares no han pasado estupefacientes a las cárceles.