De la «rauxa al seny»

El separatismo supremacista y xenófobo ha destrozado la convivencia

El daño provocado por el desdichado Procés afecta a toda España y a las instituciones del Estado. En primer lugar, a las de Cataluña: De los tres últimos presidentes de la Generalitat, dos –Mas y Torra– han sido inhabilitados por desobediencia, y el tercero –Puigdemont– se encuentra prófugo de la Justicia.

Entre los ciudadanos catalanes, el tan preciado bien de la convivencia, ha tenido siempre un valor incalculable, sobre todo durante la Transición y los albores de la autonomía, como rezaba el lema de las pancartas que encabezaban las manifestaciones del momento: Avui més que mai, un sol poble. «Hoy más que nunca, un solo pueblo», mostraba la voluntad de no dividir a los catalanes por razón de su lugar de origen, en una Cataluña construida con el trabajo de millones de españoles venidos de otros rincones de nuestra Patria común durante los años del desarrollo económico del franquismo.

Ahora, el actual separatismo supremacista y xenófobo, encarnado en Puigdemont y Torra, ha destrozado la convivencia, ha deteriorado gravemente el halo de prestigio, respeto y afecto que se tenía hacia Cataluña y los catalanes en el resto de España; y ha transformado su imagen en sinónimo de conflictividad y radicalismo. Se repite la historia de 1640, 1700, 1909, 1934...: El catalanismo histórico traspuesto del seny a la rauxa, que hiere gravemente a Cataluña y desestabiliza a España entera. Es la hora de acertar en el rumbo, con la mirada alta, no con la gallinácea en la que parece empecinarse el Gobierno.