El 50 por ciento

En las elecciones autonómicas de diciembre de 2017 se produjo en Cataluña un auténtico terremoto político al ganar por primera vez un partido decididamente defensor de la unidad de España –Ciudadanos con 36 diputados–, adicionalmente los partidos separatistas se quedaron por debajo de la mitad de los votos con un 47,5% y una participación histórica del 75,2%, lo que indicaba la división y la movilización de la sociedad catalana ante el embate separatista. Sin embargo, una ley electoral injusta, castiga a los partidos constitucionalistas por la tramposa distribución de escaños entre las circunscripciones electorales, manteniendo de forma infrarrepresenta a la provincia de Barcelona y premiando a Lleida y Girona. El proceso secesionista empezó el 9 de noviembre del 2014, con el llamado «proceso de participación ciudadana» celebrado sin garantías democrática con 2.305.290 ciudadanos que participaron, lo que supondría un 37,032% de los llamados a votar. De estas 2.305.290 personas habrían votado a favor de la creación de un Estado catalán independiente 1.861.753. Es decir, un 29,89% sobre el total de quienes podían participar en la consulta. El 1 de octubre de 2017 se vivió en Cataluña la segunda parte del «proces», con el referéndum de independencia de Cataluña, en el que participaron 2.286.217 personas (el 43% del censo), de las que 2.044.038 votaron sí, mientras que 177.547 votaron no, otras 44.913 en blanco y 19.719 nulo, según datos publicados por el Govern. Los separatistas consiguieron mostrar una enorme capacidad de movilización.Los resultados de las últimas elecciones y de ambas consultas ilegales demuestran que, al menos hasta la fecha, son insuficientes para justificar una mayoritaria voluntad de los catalanes a favor de la independencia. Pero en las últimas semanas los dirigentes separatistas, desde Puigdemont a Junqueras y las organizaciones civiles, como la ANC, apuestan por proclamar la independencia con un 50% de votos tras las elecciones catalanas del próximo febrero.

En la encuesta que hoy publica LA RAZÓN, vuelve a quedar en evidencia que el separatismo no llega a esta cifra mágica del 50%, pero hay datos que resultan claramente inquietantes. El primero es la desmovilización del votante constitucionalista, a destacar el desplome de Ciudadanos cuya política errática les castiga de forma contundente y demuestra la inutilidad de este proyecto en Cataluña, el segundo es que el separatismo vuelve a ganar en diputados de forma contundente e incrementa su presencia de forma notable y por último el mantenimiento de una alta participación lo que significa que la sociedad catalana sigue tensionada a pesar de las crisis económica y sanitaria.

Nuevos actores faltan todavía por aparecer, entre ellos el PDECAT –la antigua convergencia– con su casi segura escisión del proyecto de Puigdemont y que puede mermar las expectativas de JxCat, y por otra parte la aparición del catalanismo constitucionalista, con la Lliga Democràtica como principal referente, que puede jugar un papel clave en la movilización de los votantes indecisos que rechazan tanto a separatistas como a separadores. Nos jugamos mucho el próximo mes de febrero. El separatismo va a plantear su órdago de alcanzar el 50% de los votos, como el nuevo mantra para mantener movilizados a sus adeptos y seguir con su estrategia de proclamar la independencia. Cataluña seguirá siendo el principal factor desestabilizador de España. Y con un 50% de votos separatistas, lo volverán a hacer.