Reproducción de un negativo de una fotografía tomada por Robert Capa a unos exiliados republicanos caminando por la playa hacia un campo de internamiento en Le Barcarès (Francia), en marzo de 1939

«Defender a Puigdemont es apoyar a un fascista»

La comparación de Iglesias entre el ex president y los exiliados republicanos desata las críticas: Libertad Martínez, hija y nieta de represaliados, la cree «deleznable» y la Asociación de Descendientes del Exilio Español ve «sufrimientos muy diferentes»

¿Pueden compararse las columnas de soldados y civiles en retirada en 1939 –o en meses y años posteriores– con la huida del ex presidente de Cataluña Carles Puigdemont en 2017 tras declararse en rebeldía contra el Estado? La cuestión se planteó esta semana por unas declaraciones a La Sexta del vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, para quien Puigdemont es un «exiliado» que está en Bruselas por «sus ideas políticas», y cuya situación es equiparable con el exilio republicano.

Medio millón de personas se vieron forzadas a marcharse de España en los tres primeros meses de 1939, aunque hay muchas diferencias con la salida clandestina de Carles Puigdemont por la frontera francesa. Mientras unos lo hicieron a pie, en condiciones penosas, el ex presidente de la Generalitat huyó en coche para eludir la acción de la Justicia. Escapó tras montar su propio golpe de Estado, y nada tiene que ver el incipiente régimen franquista con la democracia actual. El líder de Podemos banaliza con sus palabras lo sucedido en 1939 y demuestra poca sensibilidad con los descendientes de los exiliados marcados por la represión, la miseria y la soledad. Entre quienes se encuentra buena parte del electorado morado.

El destino de aquellos huidos que pretendían eludir juicios sumarísimos, la cárcel o el pelotón de ejecución fue en gran medida terminar en campos de concentración al sur de Francia, en el norte de África o, en el peor de los casos, en campos de exterminio nazis, trituradoras de seres humanos de toda condición y nacionalidad. En el mejor, empezar de cero en países como México, que acogió por miles a españoles que jamás pudieron volver a su tierra.

El razonamiento de Pablo Iglesias ha desatado indignación entre los hijos del exilio, historiadores, asociaciones y voces afines, pero también en las redes sociales, desde donde se cargó duramente contra el líder de Podemos por «ningunear a los exiliados de la guerra» a cambio de dar unos «masajes al nacionalismo» que «como demócrata no puede justificar».

La Asociación de Descendientes del Exilio Español (ADEE) –la de mayor representación– considera que «no es posible comparar contextos políticos tan diferentes» ni «los sufrimientos padecidos en un caso y otro», entre «un exilio que intenta salvaguardar la vida y una salida bajo el foco mediático y disfrutando de un buen pasar».

Insiste la ADEE en que «no es posible» poner frente al espejo a Puigdemont «con aquellos a los que les arrebataron todo, sin olvidar que nuestros familiares que no pudieron alcanzar la frontera fueron represaliados por la dictadura por ser familia de…».

La Junta directiva de la Asociación de Descendientes del Exilio Español asegura en un comunicado que «la gran diferencia que hace totalmente incomparable el exilio republicano y la salida del país de Puigdemont es que, en la defensa y reivindicación de la memoria del exilio republicano, existe una consideración principal: la Memoria Democrática es una cuestión prepolítica».

Por contra, la salida de España del ex presidente de la Generalitat «es una cuestión política sometida a una controversia legítima en una sociedad democrática. Si no hubiese democracia en España Puigdemont sería un exiliado, no un autoexiliado como es el caso».

Por su parte, Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), rechaza la comparación entre el Estado «del que se fue Puigdemont y la España de la que huyeron los republicanos», y acusa a Pablo Iglesias de «relativizar la violencia del franquismo».

Indignada se muestra Libertad Martínez, hija y nieta de quienes se vieron también afectados por la situación en España, y pagaron con la cárcel o el exilio. Ella fue diputada de la Asamblea de Madrid y miembro de la dirección de IU en la capital hasta que la expulsó Alberto Garzón, «junto a otros 5.500, por resistirse a la fusión con Podemos». «Toda mi familia es de izquierdas», afirma. Su abuelo José, anarquista que hizo la guerra en el bando republicano, se tuvo que ir a Francia «antes de que lo detuvieran», a finales de los años 50. ¿El motivo? Los trabajadores de su fábrica «estaban protestando por las condiciones laborales» e iban a por él.

Libertad (izquierda), con su padre y su hermana Armonía
Libertad (izquierda), con su padre y su hermana ArmoníaLa Razóncedida

Tenía «un buen puesto» en La Seda de Barcelona, pero le «rompió la vida» a todos sus hijos, porque se los tuvo que llevar. «Nunca se consideró un exiliado político», pero «dejó aquí su empleo, su piso, y movilizó a toda su familia para ir a vendimiar a Perpiñán» –donde ella nació en 1967–. Afirma con vehemencia Libertad que «comparar a mi abuelo con Puigdemont me hiela la sangre. Mi familia ha pasado muchas penurias por defender las libertades».

No comprende cómo se puede «mezclar lo que es vivir en una dictadura, con lo que eso supone si tienes compromiso político» –lo que es «todavía es peor», apostilla–, «pero si no lo tienes, con lo que supone de recorte de libertades, no es comparable con gente que se ha aprovechado económica y políticamente de un sentimiento legítimo como la pertenencia a tu tierra, en este caso Cataluña». Considera con este planteamiento que «vivir a cuerpo de rey a costa de los sentimientos catalanes y comparar eso con el sufrimiento de la gente que luchó contra la dictadura es deleznable, repugnante».

Lamenta la equiparación de Pablo Iglesias con aquellos que «se dejaron la vida y se han dejado todo por la democracia» con un tipo al que, «no olvidemos», le están «sufragando». «Porque, ¿quién le paga el salario?». Por contra, recuerda que a su abuelo «nadie le salvó, él iba a cavar tomates», y su madre «trabajaba cuando podía, pero con dos hijas muy pequeñas les daba de comer la solidaridad de la gente y mi familia». Y es que Justiniano, el padre de Libertad, faltó de casa seis años que estuvo en la cárcel. De joven, en Perpiñán, fue «guerrillero», «un hombre de la montaña» que pasaba propaganda a través de la frontera. Tras varios años volvió a España y en 1970 fue detenido por intentar reconstruir el PCE, del que era secretario general en Murcia. En prisión perdió un riñón a causa de las palizas. «¿Exiliado? ¿De qué?», se pregunta sobre Carles Puigdemont.

Insiste Libertad. «No quiero insultar a Pablo Iglesias, pero dice que no se le puede confundir y claro que se le confunde, porque defender a gente como Puigdemont es apoyar a un fascista», afirma. Aunque no le «merezca ningún respeto», de Oriol Junqueras opina que «por lo menos se queda y pringa con la cárcel. ¿Pero Puigdemont, el primero en abandonar el barco?». Y lleva su crítica contra el líder del Gobierno de coalición. «Lo peor de todo es que el jefe del PSOE, nuestro presidente, lo permite. ¿Todo vale?»

Hoy, los días más complicados del pasado los resume una foto de Libertad junto a su padre y su hermana Armonía, llamadas así por una razón de peso en el que fue su exilio. «Toda mi familia estaba en Francia, suspirando por poder volver a España. Y a los que nacimos allí nos pusieron nombres que representaban sus sueños».

«Defendieron la libertad, no la quebrantaron»

Las manifestaciones de Pablo Iglesias han sido rechazadas desde el Gobierno. Tras recalcar que España es una democracia plena, la portavoz María Jesús Montero hizo hincapié en esa defensa de la legalidad vigente que hicieron los exiliados a causa del franquismo. «Otros la quebrantan», señaló en alusión a Puigdemont, pero sin hacer referencia explícita a él. Montero recordó que desde el primer momento el Gobierno de Pedro Sánchez ha querido recuperar la dignidad de los exiliados republicanos aprobando medidas como la exhumación de los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos, la recuperación del Pazo de Meirás, declarar el 8 de mayo como día del recuerdo a las víctimas del franquismo o permitir que los hijos o nietos de exiliados puedan optar a la nacionalidad española.