La presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Maite Araluce
La presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Maite AraluceServicio Ilustrado (Automático) EUROPA PRESS

La AVT cumple 40 años de testimonio de una de las mayores injusticias que ha sufrido España

Nació en un momento en que las víctimas de ETA eran las grandes olvidadas, con pensiones de miseria y sin el apoyo social que merecían

Hoy cumple la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) 40 años de existencia. Nació como una Hermandad de Familiares de personas afectadas por la actividad criminal de las bandas delictivas, en especial ETA, en un momento en que esos familiares eran los grandes olvidados, unas personas incómodas a las que había que mantener en la sombra. Las pensiones eran de miseria; las ayudas asistenciales, inexistentes, y su visualización terminaba el día que iban recoger el féretro de sus familiares asesinados para darles sepultura.

Fueron años difíciles, de muchas puertas cerradas, hasta que iniciativas periodísticas, en especial la promovida por ABC y especialmente continuada durante los más de veinte años de existencia de LA RAZÓN, permitieron que la Asociación tuviera la voz que se merecía en la sociedad española; además de los medios materiales que precisaban para realizar su labor y que la administración les negaba.

Desde, entonces, la AVT ha luchado por las víctimas en todos los aspectos, no sólo el económico (con la concesión de indemnizaciones acordes al mal recibido que debían pagar los etarras, siempre “insolventes), sino en el plano humano, de acompañamiento, psicológico, con especial atención a los niños que, de la noche a la mañana, veían desaparecer a sus progenitores por el mero hecho de llevar un uniforme o pensar diferente de los pistoleros y los que les apoyaban.

La Asociación es hoy una realidad y, según anuncia, durante este año han puesto en marcha la campaña “AVT: 40 años trabajando por y con las víctimas” que englobará una serie de actos e iniciativas para la celebración de tan importante hito.

Recuerdan que “desde que el 4 de febrero de 1981 tres valientes mujeres (Sonsoles Álvarez de Toledo, Isabel O’Shea y Ana Vidal Abarca) dieran un paso al frente e inscribieran en el Registro de Asociación del Ministerio del Interior la Hermandad de familiares de víctimas del terrorismo, germen de lo que después sería la Asociación de Víctimas del Terrorismo, muchos e importantes han sido los logros de la AVT en favor de las víctimas del terrorismo. En este aniversario queremos poner el foco en el trabajo realizado por la AVT. 40 años de trabajo incansable por y con las víctimas del terrorismo en torno lo que han sido los cinco pilares del trabajo de la asociación durante estos años:.

-- Dar visibilidad al colectivo de víctimas del terrorismo, sin distinción de ideologías o del grupo terrorista responsable.

--Ofrecer una asistencia integral y especializada a las víctimas del terrorismo. --Concienciar, e interpelar, a la sociedad sobre el problema del terrorismo en España -y en el mundo-, sus causas injustificables y sus víctimas.

--Llevar la voz de las víctimas, y defender la memoria, la verdad, la dignidad y la justicia del colectivo ante las instituciones, tanto públicas como privadas, nacionales e internacionales, los tribunales de justicia y los medios de comunicación.

-- Alzar la voz de alarma y ser el dique de contención frente algunas decisiones políticas que han resultado lesivas para las víctimas del terrorismo.

Pretenden, entre otras cosas, llegar a los más jóvenes que desconocen esta parte de la historia de España y desconocen el papel de la AVT. “Queremos mostrar la cara más desconocida de la AVT la de su trabajo diario al servicio de las víctimas del terrorismo”. Para ello, realizaremos una serie de actividades, que concluirán con la celebración de su congreso.

A título personal. La primera vez que me reuní con los responsables de la AVT en un restaurante de Madrid, creo recordar que en 1987, les expuse los proyectos que teníamos para dar esa visibilidad a la asociación. Los que se sentaban en la mesa, entre los que quiero recordar de manera especial a Ana Vidal Abarca (sin que ello suponga olvidar a Soledad e Isabel, las otras grandes fundadoras), una mujer valiente donde las haya, se volcaron para apoyar dichas iniciativas. La sensación de soledad, sobre todo por parte de la administración y, por qué no decirlo, de la mayoría de la sociedad (por falta de concienciación), era terrible. Paso a paso, aquella situación logró superarse y que las víctimas tuvieran el sitio que les corresponde en la España democrática. Los logros de hoy no deben hacer olvidar el pasado, porque fueron muchos los que sufrieron y se fueron sin conocer esta realidad.