El egiptólogo que vende recuerdos y revive a Hatshepsut

Oriundo de El Cairo, Mohamed comenzó una nueva vida en España en puestos de mercadillo y como guía turístico

Mohamed Ahmed Imam, «Iván», en el puesto que instaló las pasadas navidades en Getafe (Madrid)
Mohamed Ahmed Imam, «Iván», en el puesto que instaló las pasadas navidades en Getafe (Madrid)La RazónLa Razón

La familia que compraba una réplica en resina de Hatshepsut se dio cuenta enseguida de que el hombre del puesto no era un vendedor al uso. En un momento improvisó una lección de Historia sobre la legendaria reina faraón con el talento de quien siente pasión por lo que cuenta, y además sabe transmitirlo. Se trata de Mohamed Ahmed Imam pero es «Iván» a secas en España, donde llegó en 2014.

Nacido en El Cairo hace 42 años, Mohamed estudió Filología Hispánica en la Facultad de Letras de la Universidad de su ciudad, hizo después un máster en Egiptología y consiguió la licencia de guía turístico.

Empezó a trabajar en las excavaciones de las pirámides durante un año, pero no le gustó. La soledad de un yacimiento estaba lejos del contacto con el público que tanto le apasiona. Se pasó entonces al sector turístico, primero como guía acompañante y luego como guía turístico durante 17 años, hasta 2011, cuando estalló la revolución en Egipto, que le pilló precisamente con un grupo de turistas españoles en medio de «un caos tremendo».

Una vez «se acabó» el turismo en su país, se recicló como director de ventas en una empresa española de exportación en El Cairo, que enviaba frutas y verduras a Rusia. Cerró la sucursal y como se considera «ambicioso» y «activo», decidió iniciar un nuevo capítulo marchándose solo a España y dejando allí de momento a sus hermanos y a su mujer.

Ya en Madrid montó con un socio una agencia de viajes en pleno centro, organizando visitas a Egipto, pero la situación interna en su país no era la mejor. Resistieron «un año». Tirando de idiomas –además de su árabe natal habla español, inglés y «un poco» de italiano– volvió a hacer de guía acompañante para «enseñar a los árabes Madrid y Toledo», actividad que compaginaba como intérprete, pero solo en verano. Para ganarse la vida el resto del año se le ocurrió ir a Egipto a comprar artesanía y otros productos egipcios, «que gustan mucho aquí», y los vendía en ferias medievales y mercadillos. Trabaja «casi todas las semanas» y «solo» hay un parón «de enero a marzo». Cada tres meses viaja a su país, donde pasa cuatro o cinco días para comprar género. Algunos encargos se trasladan en contenedores y el resto en su propia maleta.

Se confiesa encantado en España, «un país precioso» del que destaca «la naturaleza, el paisaje, la comida» y una «calidad de vida que busca mucha gente», en referencia al «aire limpio que hace falta en muchos países árabes». Por ejemplo, su país, «donde el 96% es desierto y hay mucha contaminación». Él mismo lo nota. «Me cuesta mucho respirar cuando voy a Egipto», afirma. Estuvo este mes y «no paraba de toser», hasta el punto de creer que había cogido el coronavirus, «pero era el polvo». Por eso «he decidido quedarme aquí, no pienso volver». Y se trajo en cuanto pudo a su mujer y a su hija de 4 años. Su segunda hija nació ya aquí hace tres meses.

Después de 2020, «un año horrible», ha podido «resistir» porque ha tirado de «lo que tenía» y de la venta a través de las dos páginas web donde ofrece su mercancía. De Egipto «siempre» echa de menos la Historia, y añora los cruceros por el Nilo, a pesar de que los repitió durante 17 años, pero «nunca» se cansaba. «Yo siempre vivo con mis clientes la Historia, la imagen que estamos viendo». Como al rememorar a Hatshepsut, el primer faraón que fue mujer.