Félix Bolaños: el gregario de Sánchez que fue árbitro de fútbol

En las etapas de montaña del Gobierno, se pone en cabeza para cubrir a Sánchez. Pedaleó en la exhumación de Franco, en las negociaciones de la coalición con Podemos y las del CGPJ con el PP

El ministro de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Félix Bolaños, antes de participar en el primer Consejo de Ministros
El ministro de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Félix Bolaños, antes de participar en el primer Consejo de MinistrosEduardo Parra Europa Press

En los equipos ciclistas hay dos tipos de corredores: líderes o gregarios. El papel de ambos es muy diferente y, aunque no lo parezca, tan importantes son los primeros como los segundos. Uno es el que destaca por encima del resto, el que tiene la responsabilidad de ganar y sube al podio. El otro, quien sacrifica sus propios intereses por los del líder y el equipo, quien trabaja a gran intensidad para ayudar a ganar. El Gobierno, como el ciclismo, es un deporte de equipo. Aunque cada uno parezca montado en su propia bicicleta y dar pedales en solitario, lo cierto es que todos deben avanzar en la misma dirección. Todo es un engranaje común y el equipo trabaja en conjunto para que el presidente gane las próximas elecciones. Con la remodelación del Ejecutivo de la semana pasada, Pedro Sánchez busca dar un impulso político a su equipo para lograr llegar el primero a meta en 2023, ahora que Pablo Casado va pegado a su rueda. Pero hoy estas líneas no se van a centrar en el líder, algo demasiado habitual, sino en el gregario: Félix Bolaños.

En las etapas de montaña del Gobierno, este madrileño de 45 años se puso en cabeza para cubrir a Sánchez. Negoció con la familia Franco la exhumación del dictador del Valle de los Caídos, se sentó con Pablo Echenique para conformar la coalición con Podemos, le puso letra al ahora cuestionado estado de alarma o lideró las conversaciones con el PP para la renovación de los órganos constitucionales. No todas las etapas acabaron en victoria, pero el gregario fue afianzando la confianza de su líder y, sobre todo, protegiéndole del desgaste. «Era y seguirá siendo uno de mis principales colaboradores. Es un hombre preparado, tenaz y eficaz, que conoce como pocos las estructuras y el funcionamiento del Gobierno». Así le presentó el propio Sánchez en su puesta de largo ante los medios.

Bolaños no ambicionaba ser ministro. En privado despachaba las quinielas que le colocaban en el Gabinete, haciendo gala de su discreción y reivindicando la vida tranquila que llevaba hasta entonces. Él mismo lo reconoció en su toma de posesión cuando confesó «las veces que he pensado y me he alegrado de no ser ministro». Pero al presidente no se le puede decir que no. El ahora titular de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática es el nuevo hombre fuerte de Sánchez en el Gabinete y, a falta de una vicepresidencia política, será quien marque esta línea dentro del Ejecutivo. Es hijo único, durante su infancia y su adolescencia vivió en el barrio de Campamento –en el sur de Madrid–, donde estudió en el Colegio Público Hermanos Pinzón.

Doble colegiado

Durante su etapa de estudiante pudo pagarse la carrera universitaria gracias a becas y realizando trabajos esporádicos, entre ellos, como árbitro de fútbol. De un colegiado a otro. Porque Bolaños es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y número uno de su promoción, tanto en el Curso Especial de Abogacía, como en el Curso Especial de Derecho Laboral, impartidos por la Escuela de Práctica Jurídica. Antes de llegar a Moncloa, ejerció como abogado en el Departamento Laboral de Uría Menéndez y también dentro del equipo jurídico del Banco de España, donde fue jefe de la división de Asesoría Jurídica Laboral y Documentación Jurídica. No es su única faceta, también se bregó en la docencia como profesor de Programa de Gestión Estratégica de Relaciones Laborales en el Instituto de Empresa.

Conoció a Pedro Sánchez siendo militante de base del Partido Socialista y esto supuso un cambio de rumbo. En la primera etapa al frente de Ferraz, Bolaños dirigió la Comisión Federal de Ética y Garantías. Tras el traumático Comité Federal del 1 de octubre de 2016, que descabalgó a la dirección, siguió al lado de Sánchez durante la travesía en el desierto que fueron las primarias contra Susana Díaz y el aparato y tras la victoria fue designado por la Comisión Ejecutiva Federal coordinador del nuevo Reglamento Federal de Desarrollo de los Estatutos del PSOE. Pasado y futuro. Ahora, coordina la Ponencia «PSOE 2030: un partido de futuro», que abordará el modelo de partido en el próximo Congreso Federal del PSOE, que se celebrará a mediados de octubre en Valencia.

Cuando Sánchez llegó a Moncloa en junio de 2018 le nombró secretario general de la Presidencia del Gobierno y en 2019 tras la repetición electoral, que hizo imprescindible el entendimiento con Unidas Podemos, recibió el encargo, por parte del presidente, de preparar las estructuras de los ministerios del primer Gobierno de coalición desde la II República. Desde entonces, forma parte de la comisión de seguimiento del pacto de coalición. Bolaños ha tenido que negociar con los interlocutores más duros en los peores momentos de entendimiento. Con Ciudadanos entabló conversaciones para pactar los Presupuestos, mientras Iglesias hacía la guerra por su cuenta con Bildu y ERC. Asumió las riendas de la negociación con Génova para la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y otros órganos constitucionales, haciendo equilibrios –se ha demostrado que imposibles– entre las pretensiones del PP y las de los morados. Y fue capaz de templar los ánimos con los Franco, que no podían ni ver a su jefa, Carmen Calvo.

De Tintín a Rayuela

Cuando todo esto le supera, Bolaños busca refugio. Lo encuentra en los libros y en su familia. Reconoce que para desconectar le gusta leer y pasar tiempo con su hijo. Ese pequeño que no dudó en lanzarse a los brazos de su padre en cuanto terminó el acto de intercambio de cartera el día de su toma de posesión. La lectura es su principal afición, en ella se inició de niño con los cómics de Mortadelo y Filemón y Tintín y, con puntería y a salto de página, ya más mayor, confiesa que «Rayuela» de Julio Cortázar le dejó huella. Algo de alma de sufridor debe tener, porque es seguidor del Rayo Vallecano, que, como él, este año juega en primera división. Por cierto, Félix Bolaños monta en bicicleta y estas semanas no habrá podido estar muy pendiente del Tour. Estos 30 meses de legislatura por delante se antojan su Angliru.