Ofensiva contra el Valle de los Caídos: el Gobierno quiere asfixiar económicamente a los benedictinos

En paralelo a la Ley de Memoria Democrática, Patrimonio Nacional ha congelado desde hace tres años la partida destinada a mantener Cuelgamuros

Un religioso de la orden benedictina, en el complejo detrás de la Basílica, donde se encuentran la Hospedería y la Abadía del Valle de los Caídos
Un religioso de la orden benedictina, en el complejo detrás de la Basílica, donde se encuentran la Hospedería y la Abadía del Valle de los CaídosManu FernandezAP

Madrugón. Para cualquiera. Menos para los benedictinos, que ya llevan rato en danza. Oración de laudes y tercia. En las peticiones, oración por España y por los fallecidos que descansan en la basílica. Por todos. Los de un lado y los del otro. Plegaria cotidiana. También el día en el que el Consejo de Ministros aprueba el proyecto de ley de Memoria Democrática que pretende sacarles, con o sin calzador, de la que ha sido su casa desde 1958. Llegaban a Cuelgamuros tras la firma de un convenio entre la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y la comunidad contemplativa de Silos. En aquel entonces también hubo sus más y sus menos. Primero, porque no se cumplía el acuerdo económico de financiación. Después, porque se les consideró sospechosos para el régimen.

La bandera de la resignación ondear desde hace tiempo en la abadía. Los 23 monjes se dan por amortizados y ya tienen más que integrado que antes o después puede que tengan que hacer las maletas para marcharse del espacio que han custodiado. Se sienten literalmente «en manos de Dios». Y echan mano de las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo para ilustrar su sensación de desamparo: «El hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza». Pena porque se haya adosado la razón de estar allí a la presencia/ausencia de Franco, cuando no es así. Sufrimiento, por estas décadas de entrega, tanto a la oración, como al acompañamiento a los peregrinos de la hospedería y, especialmente a los chavales de la escolanía que en estos años ha logrado colarse como un coro de referencia a escala internacional.

Calma a las familias

El anuncio de Moncloa se ha colado por el claustro de la comunidad, pero ni mucho menos les ha interrumpido su día a día. Están curados de espanto y ya tienen digerido verse de repente en los titulares. Eso sí, les tranquiliza que, al menos en esta ocasión, el jaleo mediático les ha cogido con la escolanía de vacaciones. No fue para ellos plato de buen gusto que la exhumación del dictador, con el correspondiente revuelo político, tuviera lugar en pleno curso escolar, con los menores en clase y sus familias preocupadas. En septiembre contarán con una treintena de chicos, una media razonable en comparación con otros centros similares y teniendo en cuenta el contexto pandémico que ha condicionado de alguna manera la matrícula.

Precisamente por ellos, el prior Santiago Cantera enviaba estos días una carta a los padres de los estudiantes para pedirles «Nosotros seguiremos nuestra vida en el Valle y el curso académico con toda tranquilidad y normalidad, sabiendo que Dios y nuestra Madre celestial velan por todos nosotros», expone en la misiva, en la que llama a la calma frente a los anuncios «muy inquietantes» procedentes del Ejecutivo de coalición y la «inquina» de algunos medios de comunicación.

En el documento filtrado en redes sociales, el superior de la comunidad lanza además un llamamiento «a la serenidad y a guardar la paz y la confianza en Dios», con el convencimiento de que la tramitación y aplicación de la ley puede «incluso prolongarse un año», amén del anunciado recurso de inconstitucionalidad de VOX y la puesta en marcha del nuevo régimen jurídico del Valle, que sí podría ser recurrible desde la abadía.

«Nuestra presencia no depende única ni exclusivamente de la existencia de la Fundación, sino que tiene otros fundamentos de peso que no se pueden anular sin más», subraya en la carta.

A la espera de este desahucio a golpe de ley, la presión de Moncloa también se recrudece por el bolsillo. Desde hace tres años Patrimonio Nacional viene congelado la partida de 340.000 euros -a los que habría que descontar 20.000 euros de gastos de luz-, recogida en los Presupuestos Generales del Estado para el mantenimiento del lugar bajo el argumento de que los monjes no han presentado un “presupuesto equilibrado, fundamentado y veraz”. Desde la abadía, defienden que se han facilitado losa datos de todos aquellos bienes que son administrados por la fundación, con la tranquilidad de saber que tienen las demás cuentas en orden, vía Hacienda. En total, los benedictinos han dejado de recibir más de un millón de euros del Estado.

Quienes siguen de cerca este tejemaneje, llegan a calificar de «mobbing» inmobiliario la actitud de la Administración Pública, como una maniobra para forzar el desalojo de los religiosos o, al menos, complicarles un poco más la existencia. Y, de alguna manera, lo están consiguiendo. A pesar de la austeridad de los religiosos que les ha permitido contar con unos ahorros para salir al paso, de ninguna manera contaban con que se cerrara el grifo durante tanto tiempo, unido a la clausura obligada de la hospedería por el coronavirus, que esperan reabrir en breve. Las visitas sin Franco también se han reducido en este tiempo.

En definitiva, la hucha se queda vacía, a pesar de los donativos de los particulares. Los monjes no llegan a fin de mes y los edificios se resienten. La última vez que el Estado metió mano fue en 2017 para arreglar siete bóvedas. Las otras siete que se prometieron para 2018 nunca se llegaron a tocar. Desde entonces hasta hoy se acumulan grietas, y humedades en todo el complejo, con un Filomena de por medio que se llevó por delante tejas y pararrayos. Por no hablar del estado de abandono de la cruz de 150 metros de altura que preside Cuelgamuros y que, desde Moncloa, sostienen que no tocarán a pesar de la ambigüedad mostrada por el ministro Félix Bolaños.

Con este panorama, en la comunidad no quedan ganas de emprender batallas legales, después del desgaste por su resistencia a la exhumación de Francisco Franco en octubre de 2019. Y eso que durante esta semana son muchas las llamadas de apoyo que han recibido con ofrecimientos varios. Entre ellos, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, que, a través de Twitter daba un paso al frente para salir en su defensa: En las manos de Dios. Y echando mano de las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo: “El hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza”. De la misma manera, el purpurado se ha ofrecido para salir al rescate en materia financiera si se llegara a necesitar.

Tampoco les faltan novias a los contemplativos del Valle en caso de que Moncloa les ponga de patitas en la calle. Son varios los espacios que ya les han ofrecido para acogerles, aunque ellos, de momento, ni se lo plantean. Hay quien da por hecho que su destino sería Paracuellos del Jarama, donde el obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla quiere levantar un monasterio en la conocida como ‘catedral de los mártires’. Sin embargo, allí está previsto que vaya una congregación femenina. De la misma manera, sí se descarta que se disuelva la comunidad. Se moverían en bloque. Máxime teniendo en cuenta la vitalidad de una abadía en la que, a los mayores se suma una nueva generación, con cuatro jóvenes en formación y otros tantos que en estos meses están viviendo experiencias para ingresar.