Un aliado inesperado

Los de Sánchez han encontrado en los de Feijóo un inesperado y sorprendente aliado en algunos de los asuntos en los que entran en fricción con la formación morada

Rebeca Argudo

Tres añitos se cumplen de las elecciones y los enfrentamientos del PSOE de Sánchez con sus socios de gobierno siguen siendo lo habitual. Ya en la noche de bodas eran un matrimonio mal avenido. Podemos, en su habitual deriva conspiranoica (todo el mundo les tiene manía y el perro se ha comido sus deberes), cree ver un acercamiento entre PSOE y PP para hacerles la puñeta.

Lo cierto es que, aunque un acuerdo entre este PSOE y este PP parece aun más complicado que una semana sin desencuentros entre PSOE y Podemos, los de Sánchez han encontrado en los de Feijóo un inesperado y sorprendente aliado (por llamarlo de alguna manera) en algunos de los asuntos en los que entran en fricción con la formación morada.

Las enmiendas sobre vivienda, por poner un ejemplo. Se vetaba ayer la regulación del límite al precio del alquiler, la prohibición de los desahucios y las obligaciones a grandes propietarios (entre otras enmiendas) por la Mesa de la Comisión de Presupuestos del Congreso de los Diputados. Tras la decisión que tumbaba las modificaciones exigidas por Podemos, ERC y Bildu, Podemos alertaba, airado y sobreactuado, sobre el retroceso que supone una alianza bipartidista.

Una, en realidad, muy poco probable más allá de una muy puntual (y casual) coincidencia en la postura ante un tema concreto. Sobre todo porque Sánchez, tan conciliador él, no duda en atizar al líder del PP a la mínima ocasión. Le acusa, entre otras cosas, de ser un pelele en manos de unos poderes (mediáticos y económicos) que no son más que el hombre de paja necesario para que lo que tenga enfrente este nuestro presidente sea (crea él que es) un enemigo a la medida. Ni siquiera en asuntos como la ley trans, esa que ha conseguido poner de acuerdo a la derecha y las feministas clásicas de izquierdas en su contra, consigue que parezca posible, ya no la concordia, sino el respeto al menos.

Aprovechaba alguna de estas feministas para acusar a la derecha de oportunismo, como si el hecho de coincidir en el más mínimo de los aspectos frente a una ley con el contrario fuera, ya no ilegítimo, sino casi pecado mortal de necesidad. Como si alcanzar la misma conclusión desde dos puntos de vista discrepantes en otros asuntos fuese imposible. O como si, me decanto por esta tesis, les diese miedo que les acusen de fachas (esa palabra comodín que sirve para designar a cualquiera que no piense lo que ellos han decidido que es lo correcto) como ellas han hecho tantas veces con otros. Así las cosas, no debe temer Podemos una alianza entre PP y PSOE, no entre este PP y este PSOE. No uno ad hoc para fastidiarles a ellos (ya lo siento).

Lo que sí hacen bien en temer es a la ausencia de lealtad de Sánchez, que sabe que en esas leyes más sensibles, en esas en las que son evidentes las discrepancias con sus socios, encontrará en el PP la responsabilidad con los ciudadanos necesaria como para contar con su apoyo y no depender de servidumbres con una novia ya cadáver. No la necesita Sánchez para que le den los números y no es melindroso en sus acuerdos si de mantener poltrona se trata. Eso sí, con las municipales y las autonómicas a la vuelta de la esquina, antesala y casi presagio de las generales, podría costarle algún voto del lado de la izquierda más a la izquierda. Y hay cosas que no las arregla luego ni Tezanos y sus precocinados.