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Casado tapona las fisuras en el PP para resistir la imputación

La previsión de Génova es que se le investigue, pero que se archive la causa con rapidez

El presidente del PP, Pablo Casado, asiste desde su escaño, ayer, a la primera jornada de control de este periodo de sesiones en el Congreso de los Diputados. Foto: Cristina Bejarano
El presidente del PP, Pablo Casado, asiste desde su escaño, ayer, a la primera jornada de control de este periodo de sesiones en el Congreso de los Diputados. Foto: Cristina Bejaranolarazon

La previsión de Génova es que se le investigue, pero que se archive la causa con rapidez.

La nueva dirección del PP está ya preparada para afrontar la batalla judicial por el máster de Derecho Autonómico que Pablo Casado realizó en el polémico Instituto de Derecho Público de Enrique Álvarez Conde, en la Universidad Rey Juan Carlos, entre 2008 y 2009. Génova asume que habrá investigación, pero también prevé que se archive con rapidez.

La situación que se le viene encima al líder popular es complicada y Casado necesita un férreo cierre de filas para resistir a la previsible petición de suplicatorio y a la investigación judicial. A día de hoy, esta unidad la tiene garantizada. El «sorayismo» está extinto, y lo que queda de la oposición «cospedalista» a nivel territorial no tiene fuerza más que para enredar en sus circunscripciones. Génova se ha preocupado en la resaca congresual de mimar especialmente a la ex secretaria general María Dolores de Cospedal. Con ella ha almorzado su relevo en el cargo, Teodoro García Egea. Y han sido constantes los gestos dirigidos a reconocerle estatus y respeto en esta nueva etapa.

Antes del Congreso de la sucesión de Rajoy la situación era distinta. Cospedal y Casado guardaban sus distancias, y dentro del partido se sabe que los fieles a Cospedal no han sido nunca partidarios de lo que representaba en la dirección de Rajoy el «nuevo PP» de Casado, Javier Maroto o Andrea Levy. El choque entre ellos en la primera fase del proceso congresual fue brutal, aunque luego se recondujera por el interés mutuo de parar los pies a la ex vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Un objetivo compartido por los demás aspirantes al liderazgo del PP y por ex ministros y otros ex altos cargos.

Casado, no obstante, ha dedicado el verano a tender puentes y a neutralizar cualquier posible foco de tensión, por pequeño que fuera. Entre ese «cospedalismo» territorial siguen los recelos hacia el nuevo líder, pero están bajo control y no tienen fuerza como para desestabilizar al presidente nacional.

El Tribunal Supremo empezará a tomar decisiones esta misma semana sobre la exposición motivada que le remitió la jueza de Madrid, que instruye también el caso de Cristina Cifuentes, y sobre si abre causa para investigar cómo consiguió su título. La Sala de Admisiones del Supremo entrará en el fondo de la cuestión y fijará criterio sobre si, finalmente, Casado debe ser investigado por los delitos de cohecho y prevaricación administrativa.

Génova no pasó ayer por alto la advertencia de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, al presidente del PP sobre que ya estaría imputado si no contara con la protección del aforamiento. La Fiscalía del Supremo tiene que pronunciarse inicialmente, y ahora, en la oposición, desde el PP sí señalan a la dependencia orgánica de la Fiscalía con respecto al Gobierno y a la ministra de Justicia, que ayer se descolgó en el Congreso con unas declaraciones que levantaron todo tipo de suspicacias dentro del PP.

Delgado sentenció que Casado estaría ya imputado si no fuera porque es aforado. «Si el aforamiento lo ciñésemos al ejercicio de los cargos o a los hechos cometidos en el propio cargo, a lo mejor el señor Casado estaría imputado como el resto de sus compañeros». La portavoz del PP en el Congreso, Dolors Montserrat, reclamó que se retiraran esas palabras del diario de sesiones. La ministra hizo alusión al caso del máster de Casado al fijar posición sobre el compromiso de eliminar los aforamientos, que Pedro Sánchez asumió con Albert Rivera en febrero de 2016, cuando negociaron un acuerdo para formar gobierno.

Hasta que haya noticias del Tribunal Supremo, Génova ha tenido que recolocarse a la fuerza en el tablero político tras la dimisión de Carmen Montón. Y ayer se sumó a la exigencia de Ciudadanos para que el presidente del Gobierno dé explicaciones sobre su tesis. Como temían, la dimisión de Montón ha abierto espacio a Ciudadanos para recuperar espacio en la oposición. El temor es que el asunto esté «caliente» durante la campaña de las elecciones andaluzas, una cita complicada para el partido de Pablo Casado.