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División interna en Podemos: «Aquí nadie se fía de nadie»

Errejón gana el primer asalto a Iglesias e impone su modelo de primarias en Madrid.

  • División interna en Podemos: «Aquí nadie se fía de nadie»

Tiempo de lectura 4 min.

16 de abril de 2018. 00:41h

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Antonio M. Beaumont .  16/4/2018

Podemos atraviesa un momento «especial», con sus siglas en caída libre. Unos están con Pablo Iglesias. Otros, con Íñigo Errejón. División, crispación, vuelo de navajas. Ambos bandos han olvidado su proclamado compromiso con la ciudadanía y, en especial, con los votantes. Y mientras no se invierta su jerarquía de intereses y se sigan contemplando a ellos mismos, la lucha interna está servida. Los últimos días han sido un derroche en ese sentido volviéndose a vivir escenas que se creían desterradas desde Vistalegre II.

Las metas volantes en la ruta morada saltaron por los aires con el «caso máster» de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. La polémica ratificó a Iglesias en sus insistentes deseos de oficializar la candidatura a la Comunidad de Madrid de Errejón, quien, según repetían sus próximos, prefería «cocinar a fuego lento» ese salto. Ante tal resistencia, condicionada en buena medida por el deseo del propio cabeza de cartel in pectore de mantener su «etiqueta» de dirigente nacional, el pablismo optó por tirar para adelante. Ramón Espinar, responsable del partido en la región, convocaba el arranque del largo proceso de primarias para el próximo mayo.

La jugada fue denominada «primarias en dos tiempos» y pasaba por elegir candidato el mes que viene, y en junio o julio el resto de integrantes de la lista y el programa. La secuencia fue diseñada en el seno de un Consejo Ciudadano Autonómico. Espinar invitó informalmente a la cita a Íñigo Errejón, quien declinó asistir. «¡Nada tengo que hablar con ése!», le oyeron decir al ex número dos de Podemos. Y «ése», Ramón Espinar, ha sabido sacarlo de sus casillas hasta el punto de hacerle amagar con una renuncia al cartel electoral en Madrid.

Errejón ha visto amenazada su pretensión de total autonomía para definir su estrategia y rodearse de afines en la lista, muestra de la profunda desconfianza entre sectores. «Aquí nadie se fía de nadie», argumentan tanto pablistas como errejonistas. Y no pocos intuyen ya «días muy amargos». En esta ocasión, sin embargo, Iglesias ha cedido ante Errejón que ha logrado imponer su modelo en un «tiempo». Esto es, que el candidato y la lista se voten en un mismo proceso. Pero, es más que previsible que las heridas de Vistalegre II, jamás cerradas, continúen sangrando en la carrera hacia las urnas. Los tiras y aflojas están en el orden del día.

Por ello, Iglesias se revolvió con un aspaviento público: «Ni media tontería con asuntos internos». Lorena Ruiz-Huerta, cabeza visible de los «anticapis» y portavoz en la Asamblea de Madrid, ha visto ya el cielo abierto para disfrutar del espectáculo y, claro está, para seguir agrietando la relación entre el líder morado y Errejón: «Con un padrino así, que me quede como estoy».

Sea como fuere, la reprimenda del secretario general de Podemos pasó por alto el intento de atar en corto a su candidato imponiéndole el equipo. No creyó necesitarla, a decir de sus próximos: «Le tiene tomada la medida a Íñigo, que es más de amagar que de dar». Hasta ahora. En todo caso, la quemazón de Iglesias con Errejón ha llegado al extremo que meterlo en vereda se ha convertido para Podemos en una urgencia. Basta con echar un vistazo a las últimas semanas. Contra la opinión de la cúpula del partido, Errejón no tuvo reparos para irse a La Paz (Bolivia), invitado por Evo Morales a dar una clase magistral, en pleno estallido del caso Cifuentes. Me cuentan que fue enorme la irritación entre bambalinas de Irene Montero contra él. Sin encomendarse a nadie, y a más de 9.000 kilómetros de distancia, se sumó a la moción de censura del PSOE antes de abrir negociaciones «en vez de dar patadas a la lata», en palabras de un importante pablista, anulando así la capacidad podemita de mantenerse en la pomada de los medios. Eso, que en política a menudo resulta esencial, se lo llevó Errejón por delante en un suspiro y el malestar creado en la dirección del partido fue importante.

Llegados a este punto, la formación morada ha quedado difuminada en la región de Madrid. Con escasa visibilidad después de unas semanas en las que se podría haber aprovechado la polémica entorno al master de Cifuentes. Lo fundamental ahora, a ojos de Iglesias, es dar un salto cualitativo. No ha necesitado el líder de Podemos ningún análisis sesudo, sino solo poner el oído, para concluir que sus siglas se han quedado fuera de juego. Porque el cotarro como máximos adversarios del PP se lo han repartido PSOE y Ciudadanos. Conclusión: de cara a las elecciones del próximo año, un «errático» Errejón los ha dejado fuera del impagable podio de la promoción por la controversia sobre el máster de la presidenta de la Comunidad.

Dicho lo anterior, y vistos los mimbres con los que arranca esta cuenta atrás a las urnas, es complicado imaginar que se pueda ahormar un proyecto unificado que aguante hasta las autonómicas de 2019. Y, claro, sin conquistar la comunidad de Madrid, para Pablo Iglesias no existe asalto de los cielos que valga en las generales de 2020.

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