MENÚ
sábado 17 noviembre 2018
20:06
Actualizado
  • 1

«Franco estará en perfecto estado, la piel como el cuero»

Antonio Piga, último superviviente del equipo encargado de embalsamar el cuerpo del dictador, relata a LA RAZÓN cómo fue la operación. Revela que les citaron a las 24:00 horas del día 19 «porque ya había fallecido» y que se comunicó oficialmente el 20

  • Antonio Piga observa la figura de Franco que hizo el Museo de Cera de Madrid en el año 1977, con el mismo uniforme que el militar llevó y que fue cedido al centro. Detrás, cortada, se encuentra la figura de Azaña/ Foto Alberto R. Roldan
    Antonio Piga observa la figura de Franco que hizo el Museo de Cera de Madrid en el año 1977, con el mismo uniforme que el militar llevó y que fue cedido al centro. Detrás, cortada, se encuentra la figura de Azaña/ Foto Alberto R. Roldan

Tiempo de lectura 8 min.

26 de agosto de 2018. 15:38h

Comentada
Aurora G. Mateache Madrid. 25/8/2018

El doctor Antonio Piga transmite sabiduría sin hablar. Envuelve al entrevistador sin ser consciente de ello, con una mirada serena, acogedora, que analiza con la distancia del que ya sostiene 79 sólidos años, salvo cuando vuelve al pasado y se iluminan sus ojos claros como si volviera a tener aquellos 36 años, como si volviera a entrar en aquella sala del Hospital la Paz aquel 19 de noviembre de 1975 y se diera cuenta de que aquel cuerpo desnudo e inerte bajo la sábana era el del mismísimo Caudillo de España, el del Generalísimo Francisco Franco.

Profesor Emérito de la Universidad Alcalá de Henares, Piga es el último superviviente del equipo encargado de embalsamar el cadáver que el Gobierno quiere exhumar. «Franco estará perfectamente conservado», asegura, mientras se sienta y mira absorto la figura que el Museo de Cera colocó en una de sus salas en 1977, cerca de la de Manuel Azaña y otros personajes históricos. ¿Parecido a la figura?, le preguntamos. La expresión del forense se torna seria mientras mira la réplica de Franco, ataviado con el uniforme militar que él mismo llevó y que fue cedido al museo. El dato le impresiona y recorre la figura con la mirada como si estuviera viendo el cuerpo real a través de la ropa. «No. El rostro que me encontré denotaba sufrimiento, la cara pálida... tuvimos que maquillarlo ligeramente», explica. Cuando se le pide que imagine cómo estará ahora el cadáver que despidió hace 43 años, no lo duda: «Deshidratado, con la piel pegada a los huesos y como el cuero». Ahora que el Ejecutivo de Sánchez se empeña en «revivir» el pasado, Piga, que no se le puede tachar de hablar con apasionamiento, sino con bastante racionalidad, no entiende la decisión. «Yo creo que las heridas se van cerrando lentamente, y reavivarlas supone reabrir un debate que ahora ya lo van a mantener las personas que no han sido protagonistas, argumenta. «Creo que es desviar la atención de los problemas actuales, al final te encuentras que las personas que lo hemos vivido estamos tranquilas, y están encendiendo a gente que no sabe nada de aquella época. Todo cadáver merece respeto, entre una persona viva y una muerta hay una diferencia sustancial». Tras estas palabras, se le dibuja una sonrisa medio pícara cuando se le plantea si tendría curiosidad por ver el estado de su trabajo 43 años después. «Imagínese que después de lo que le he dicho nos encontramos con alguna transformación... ¡Podría ustede acusarme de impostor y tendría razón!».

El doctor fue la voz mediadora entre el equipo de embalsamadores y el Gobierno de Franco. En aquel entonces, su padre era catedrático de la Universidad Complutense, y los dos conocían al doctor Pozuelo Escudero, encargado de asistir al dictador. Piga trabajaba en el Centro Nacional de Especialidades Quirúrgicas cuando, para su «sorpresa», vio aparecer al médico un 20 de octubre. «Me miró muy solemne y me dijo: Antonio, lo que te tengo que contar exige la máxima discreción porque es un secreto de Estado. Franco está muy mal. El Gobierno está preparando todo lo que haya que hacer para cuando fallezca». El joven médico forense no entendió que dicha eminencia fuera a verle a él, pero tenía su explicación. Pozuelo Escudero no quería contactar directamente con su padre porque si el médico de Franco iba a visitar a un catedrático de Medicina se iba a «levantar la liebre» respecto al terminal estado de salud del entonces Jefe del Gobierno. De tal modo que Piga se convirtió en el mediador entre el Gobierno de Franco y su progenitor durante el mes que el militar se mantuvo con vida desde que recibiera la ilustre visita. «Para mi padre era un desafío profesional», recuerda. «Lo primero que tuvo que hacer es constituir el equipo: desde el director del instituto anatómico forense hasta un ATS especializado en labores tanatológicas, que ayudaba a los americanos cuando tenían que hacer un embalsamiento en la base de Torrejón de Ardoz, porque en España era exclusivamente un tema sanitario, pero en Estados Unidos la técnica también buscaba la estética y tenían un equipo de maquillaje», se ríe abiertamente.

¿Cómo fue el proceso? A diferencia de otros ambalsamientos «históricos», como lo fue el de Lenin, Eva Perón, Stalin o Ho-Ch Ming o Mao Tse Tung, en los que se sustituyeron los líquidos por parafina, el equipo liderado por el padre de Piga incidió la piel de Franco y por vía arterial inyectó agua, alcohol y formol. «Se hace lantamente, se extrae sangre por otra vía y luego hay que vigilar que ese líquido empiece a actuar. En unos minutos se nota ya el endurecimiento de los tejidos blandos y que el formol se ha distribuido bien», explica. Además, relata el forense, contaban con el problema añadido de que, al haber sida intervenida quirúrgicamente la red bascular en más de una ocasión, estaba interrumpida y podían quedar zonas sin tratar. «Nos dijeron que se precisaba una conservación durante una semana porque lo querían exhibir en el Palacio de Oriente y luego ya no importaba que el cuerpo se fuera desecando», explica. En esos momentos no estaba en la mente de los organizadores que años después alguien pensaría exhumarlo, pero Piga asegura que se conservará bien debido a las condiciones en las que se ha mantenido el ataúd. Piga recuerda aquellos momentos como una nebulosa de gran revuelo político a su alrededor, en el que la familia mantenía contactos con el Gobierno de Arias Navarro y el que sería después Jefe del Estado, Don Juan Carlos, para decidir dónde enterrar a Franco, hasta que se decidió que fuera en el Valle de los Caídos que, si la puesta en marcha de Sánchez prospera, tendrá que abandonar.

« A mí me impresionó enormemente verlo muerto, una persona con tanto poder...», se introduce el doctor en la máquina del tiempo. «Es en esos momentos cuando te das cuenta de que la muerte es igual a todos».

El equipo, escoltado por un coche civil de la casa militar, entró por la puerta de atrás para no llamar la atención. «Imagínese, entrando con dos maletones negros...». La preparación duró una hora y media, y una vez comprobado que el trabajo estaba bien hecho procedieron a vestirlo con el uniforme de Gala de Todos los Ejércitos.

Piga sorprende de pronto con una primicia: sostiene que, a diferencia de lo que se cree, Franco no murió el día 20 de noviembre, sino el día anterior. «Nos llamaron a las 23:00 horas para que estuviéramos preparados , nuestra intervención iba a ser inminente», detalla. «Y a las 24:00 horas nos citan en La Paz porque el Generalísimo ya había fallecido». El médico reflexiona unos segundos antes de responder cuál considera que fue la razón por la que se fijaron las 5.25 horas el momento de su muerte, como reflejó el parte médico emitido posteriormente por RNE. En su opinión fue la manera que tuvo el Gobierno de evitar revueltas nocturnas. ¿Y cree que habrá revuelo décadas después tras la exhumación? «Que lo dejen así», pide. «Si este debate se hubiera abierto un lustro después de su muerte tendría sentido, pero no ahora».

La Fundación Franco: «Sólo la más alta jerarquía de la Iglesia Católica puede impedir tamaño desafuero»

La Fundación Francisco Franco pidió ayer a la «más alta jerarquía» de la Iglesia Católica que impida la exhumación de los restos mortales del dictador del Valle de los Caídos y no contribuya a la «desafección de millones de católicos de todo el mundo en un acto que sería de colosal ingratitud». Esta entidad opina que la intención del Gobierno al exhumar los restos de Franco es «claramente vejatoria y contraria a la dignidad de su memoria» y le acusa de promover una «humillación póstuma de carácter público». Además, considera que quienes apoyan la exhumación en realidad quieren «acabar con un lugar sagrado en el que reposan muchos beatos mártires» y también buscan «acabar derribando por abandono o acción directa la mayor Cruz de la tierra». Así, desde la Fundación Franco apelan directamente a la «más alta jerarquía» de la Iglesia para que «no contribuya por dejación u omisión a la desafección de millones de católicos de todo el mundo en un acto de colosal vejación» con los miles de españoles que reposan en esta basílica construida «como símbolo de reconciliación bajo el amparo de los brazos de la Cruz». Considera, por tanto, que «sólo la alta jerarquía de la Iglesia Católica, al amparo de la inviolabilidad que los acuerdos con la Santa Sede otorgan a la Basílica, puede impedir tamaño desafuero». «Nos negamos a creer que la Iglesia Católica Universal no proteja a quién fue su salvador y protector en los momentos más críticos para esta en toda su historia», termina la misiva.

Últimas noticias