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Vuelve el Iglesias más duro

El líder de Podemos lamenta en su regreso que el partido «haya dado vergüenza ajena» por sus peleas internas y asegura que a Sánchez le «tiemblan las piernas» en Cataluña, con los poderosos y a la hora de aprobar políticas sociales.

  • Pablo Iglesias en su primer mitin de precampaña
    Pablo Iglesias en su primer mitin de precampaña /

    C. Pastrano

Tiempo de lectura 4 min.

24 de marzo de 2019. 05:44h

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Pablo Gómez 23/3/2019

Aunque con micrófono en mano, volvió ayer el Pablo Iglesias del megáfono. Por el tono y el volumen de su discurso pero sobre todo por el contenido, vertebrado en un ataque frontal a los poderosos, a los banqueros, a los propietarios de los medios de comunicación, al «trío de Colón» y al conjunto de los, a su juicio, autodenominados partidos constitucionalistas. El acto, con el que el secretario general de la formación morada puso fin a su permiso de paternidad y con el que dio el pistoletazo de salida a su agenda de campaña, terminó convertido también en una reivindicación de la marca Podemos en la que, no obstante, no rehuyó la autocrítica: «Sé que he decepcionado a mucha gente. Que Podemos ha decepcionado. No reconocerlo sería mentir. No hemos logrado los objetivos, nos hemos callado muchas cosas. Rodeados por mentirosos, confundimos la cortesía con no decir la cosas claras. Hemos apoyado medidas que podían aliviar pero que no solucionaban los problemas. Hemos dado vergüenza ajena con nuestras peleas internas por los sillones y por los cargos». Y sin mencionar a Íñigo Errejón en ningún momento, su agradecimiento a las «fuerzas políticas hermanas» sirvió para que lanzara un dardo a su antiguo número dos: «El valor de la unidad se demuestra en los momentos difíciles».

No recuperó las referencias pasadas a «la casta», y en su lugar centró sus críticas en los poderosos. «Voy a decir verdades sobre cómo funciona el poder que cuando se dicen se pagan», afirmó poco antes de asegurar que en la «democracia limitada» que vive España «el poder no está en el Parlamento porque hay 20 familias que tienen más poder que cualquier diputado» y «un fondo buitre extranjero manda más que el ministro de Fomento». E insistió: «Alguien tiene que decir la puñetera verdad, que a los que toman las decisiones no los ha votado nadie».

Precedido en el uso de la palabra por casi una veintena de personas –la plana mayor del partido, los candidatos de las confluencias y algunos representantes de la sociedad civil–, Iglesias fue recibido por los suyos entre gritos de «presidente». Aseguró que las del 28-A, más que unas generales, son unas «elecciones constituyentes», ante las que los poderosos esperan que pueda gobernar o bien «el trío de Colón», o bien, el PSOE de Pedro Sánchez con Ciudadanos. También hacia el presidente del Gobierno tuvo reproches. De hecho, Iglesias planteó la necesidad de que Unidas Podemos cuente con un grupo parlamentario fuerte como única vía para garantizar que se cumpla la Constitución de 1978 –leyó, Carta Magna en mano, algunos artículos– en lo que afecta, por ejemplo, al derecho a una vivienda digna, a disfrutar de un medio ambiente adecuado o a que la riqueza esté subordinada al interés general: «Dadnos el poder suficiente para poder cambiar las cosas. No renunciamos a ganar. Pero dependemos del poder político que nos dé la gente con los votos», reclamó. A su juicio, ni siquiera Sánchez –al que encuadró en este punto con PP, Cs y Vox– garantiza estos derechos. Aseguró que al presidente socialista le «tiemblan las piernas» a la hora de promover políticas sociales así como en su relación con los poderosos y en la resolución del conflicto catalán. Auguró además que un Sánchez apoyado por Rivera no revalorizará las pensiones, ni apoyará a los jóvenes ni tendrá el coraje para enfrentarse con los poderosos.

Aprovechó también su discurso para reivindicar el orgullo que debe sentir Podemos por haber acabado con el bipartidismo, por haber trabajado por la unidad popular, por haber presentado la primera moción de censura contra Rajoy y por haber apoyado a Sánchez en la segunda. Puso en valor el trabajo del grupo morado a la hora de sacar adelante el acuerdo presupuestario con el Ejecutivo de Sánchez y de arrancar medidas como la subida del Salario Mínimo.

En clave interna, no dio pistas en torno al debate sobre su sucesión más allá de recordar que en Vistalegre fue elegido líder hasta 2021. Sí destacó, por primera vez, que «no se puede hacer descansar en una personalidad un proyecto partido político» y trasladó el protagonismo de la campaña a las bases. Antes, Irene Montero y Yolanda Díaz ya habían cerrado la cuestión sucesoria: «Nunca habíamos estado tan cerca de meter a Pablo en La Moncloa»; «Pablo, hoy más que nunca, es nuestro futuro».

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