Las amenazas del emir de Dubái: pistolas en la almohada y una cárcel en el desierto para su mujer

El tribunal supremo de Londres da a entender que el Gobierno británico intentó que no se investigaran los oscuros secretos de Mohammed bin Rashid Al Maktum

La hija del recordado Hussein de Jordania y su esposa Alia con su marido el emir en los tiempos felices de su matrimonio en Ascot

Hubo un tiempo en el que la princesa Haya –hija del difunto Hussein y hermanastra del actual rey Abdullah de Jordania– fue la mejor imagen para simbolizar a Dubái como un oasis de tolerancia en medio de un desierto gobernado por los regímenes más autoritarios del mundo. En 2004, la princesa –licenciada en Oxford– se convirtió en la sexta esposa del emir de Dubái y jefe del Gobierno de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), el jeque Mohamed bin Rashid Al Maktum, 25 años mayor que ella. Quizá por ser la más preparada de sus esposas o por ser la más joven de todas ellas, se convirtió en su preferida. El matrimonio cimentó las conexiones con las familias reales europeas, particularmente, con Buckingham Palace, ya que la pareja compartía su devoción por los caballos con Isabel II. Tuvieron dos hijos–Jalila, hoy de 12 años, y Zayed, de 7–. En total, la prole del jeque asciende a 25.

Durante 15 años, Haya, de 45, y el emir, de 70, viajaron por todo el mundo vendiendo una imagen idealizada del emirato a orillas del Golfo, convertido en los últimos años en un enorme centro de negocios y en atractivo destino turístico. Sin embargo, todo cambió en abril del año pasado, cuando la princesa se fugó junto con sus dos hijos a su exclusiva mansión de 75 millones de libras en el oeste de Londres portando una maleta con 31 millones de libras para preparar un costoso divorcio y asegurando que temía por su vida. La justicia le dio la razón. Su ya ex marido fue encontrado culpable de “secuestro, retorno forzado, tortura y una campaña de intimidación. Durante un tiempo, la sentencia del Tribunal Superior de Londres permaneció en secreto por deseo del billonario e influyente jeque. Pero, a petición de la Prensa británica, el Tribunal Supremo la ha sacado a la luz y ahora se ha abierto una caja de pandora que revela los secretos más aterradores de un hombre que, aparte de intimidar a su sexta esposa, ha torturado y mantiene secuestradas, desde hace años, a dos hijas de matrimonios anteriores que intentaron fugarse de Dubái.

Imagen de archivo de la princesa Haya de Jordania y su todavía marido, el emir de Dubái. La pareja se enfrenta a uno de los procesos de divorcio más largo y costoso de la historia de las Casas Reales

La sentencia no solo ha echado por tierra la reputación del multimillonario jeque, sino que además plantea ahora serios problemas diplomáticos al Reino Unido, donde además el gobierno del que fuera premier, Tony Blair, se ha visto ahora salpicado con un caso de obstrucción a la justicia. En definitiva, una auténtica bomba de relojería. La batalla judicial entre Haya y el jeque por la custodia de sus hijos comenzó cuando este último se enteró de un supuesto affaire entre ella y su guardaespaldas, un ex oficial del Ejército británico casado. La princesa siempre se opuso a que sus hijos regresaran a Dubái y explicó ante el tribunal que temía que el jeque estuviera negociando casar a su hija Jalila con el príncipe heredero Mohammad bin Salman de Arabia Saudí. En este sentido, pidió protección de seguridad argumentando que temía que fueran secuestrados tal y como ya había sucedido anteriormente con dos de las hijas mayores del emir. La primera, Sheikah Shamsa, escapó al Reino Unido en 2000, pero luego fue capturada en Cambridgeshire por agentes de su padre, que supuestamente le inyectaron un sedante antes de ser devuelta a Dubái, donde permanece aún en cautiverio. Robin Cook, el que fuera ministro de Exteriores con el Gobierno de Tony Blair en el momento de la desaparición de Shamsa, pidió que se le mantuviera informado sobre el progreso de la investigación policial antes de que al detective a cargo le retiraran del caso, tal y como se informó durante el proceso judicial. Asimismo, la Policía de Cambridge solicitó viajar al emirato para investigar la desaparición, pero su petición fue rechazada. La segunda hija del emir que intentó escapar es Sheikah Latifa, quien lo intentó fallidamente en dos ocasiones, en 2002 y 2018. Tras el primer intento fue encarcelada por su padre durante más de tres años. En un vídeo que puso en circulación por las redes sociales a principios de 2018 aseguró, con lágrimas en los ojos, que tras aquella fracasada fuga fue sometida a maltratos y torturas. El 24 de febrero de 2018, justo después de difundir el vídeo, la princesa lo volvió a intentar, esta vez con la ayuda de un ex espía del servicio secreto francés con el que había trabado amistad online y de una amiga finlandesa. Navegaron en el barco del espía hasta cerca de las costas de la India, pero las fuerzas especiales de ese país asaltaron el navío atendiendo a una petición del emir. Pasajeros y tripulación fueron devueltos a Dubái. El jeque Mohamed “sigue privando de libertad a ambas mujeres”, escribió el juez McFarlane.

“La moralidad de un caballero”

Por otra parte, la sentencia revela también las amenazas que formuló el jeque a su sexta esposa en los últimos meses de su convivencia. “Su propósito era intimidar y asustarla y alentó a otras personas a hacerlo en su nombre”, manifiesta el texto. A finales de 2018, el jeque constató el affaire de su mujer con su guardaespaldas. Publicó un poema titulado ‘La moralidad de un caballero’, donde advirtió: “Si mi amigo transgrede, perdono una vez, pero si repite la ofensa, aseguro su arrepentimiento”. A partir de entonces, la princesa experimentó un “clima progresivamente más hostil”. El jeque empezó a publicar más poemas lanzando mensajes velados. Y para que Haya se tomara esas advertencias en serio, los hombres de confianza del jeque colocaron, por ejemplo, en dos ocasiones sobre su almohada una pistola con el cierre de seguridad echado. Y otro día, un helicóptero aterrizó junto a su residencia y su tripulación la amenazó con trasladarla a una remota cárcel en el desierto. Asimismo, le dejaron varias notas anónimas en su habitación: “Su hija es nuestra, vamos a quedarnos también con su hijo y su vida ha terminado”. Fue entonces cuando empezó a temer por su vida y a planear huir. No está claro si su amante la ayudó a escapar del emirato.

La princesa Haya de Jordania, acompañada por su esposo el Jeque Mohammad, en una imagen de archivo

La princesa, que se ha quedado con la custodia de sus hijos, apoyó la petición de la Prensa para hacer pública la sentencia porque dijo que era importante que se supiera la verdad. Por su parte, Mohammed denuncia que sus hijos no estarán protegidos ahora de la atención mediática de la misma manera que otros involucrados en las audiencias del tribunal de familia. “Como jefe de gobierno estaba sumamente ocupado y no pude participar en el proceso de investigación de la corte. Esto ha dado como resultado la publicación de un juicio que inevitablemente solo cuenta una versión de la historia”, matiza el emir. Isabel II mantenía hasta la fecha una relación muy estrecha con el jeque. El matrimonio siempre era uno de los invitados a las famosas carreras de Ascot. Pero tras la sentencia quizá ahora el Palacio de Buckingham tenga que plantearse rescindir la invitación de este año. En cualquier caso, Haya sigue viviendo en Reino Unido.

Batalla costosa con abogados celebrities

La princesa Haya de Jordania y el emir de Dubai, en Londres

La batalla legal por la custodia de los dos hijos de la princesa Haya y el emir de Dubái y jefe del Gobierno de los Emiratos Árabes Unidos, el jeque Mohamed bin Rashid Al Maktum, ha contado con algunos de los abogados más respetados y caros del Reino Unido. Se estima que las facturas legales totales superan los 5 millones de libras. El jeque contrató a Lord Pannick para dirigir su equipo legal, el mismo que impidió a Boris Johnson derogar por más tiempo la actividad en Westminster pese a los intentos del primer ministro para que los diputados no interfiriesen en sus planes respecto al Brexit. Asimismo, los abogados del jeque incluyeron a Lady Helen Ward, conocida en el Reino Unido como “La gran dama del divorcio”, que representó al director de cine Guy Ritchie en su divorcio con Madonna. Por su parte, la baronesa Shackleton de Belgravia, conocida como “La magnolia de acero”, fue la responsable del equipo legal de Haya. La abogada ya defendió al príncipe Carlos en su tortuoso proceso de separación con Diana. Asimismo, representó a Paul McCartney, en su ruptura con Heather Mills, en 2008. Mills demandó al Beatle por 160 millones de euros, pero Shackleton consiguió que solo tuviera que pagar treinta. La sentencia enfadó tanto a Mills que terminó vertiendo una jarra de agua sobre la cabeza de la abogada en plena sala.