La crónica de Mariñas: Amigos más que colegas

Para Pedro Carrasco solo tengo palabras y gestos de gratitud. Recuerdo que cuando murió mi madre –que en paz descanse– se presentó en Barcelona aunque el entierro era a primera hora de la mañana porque por aquella época ni eso se podía elegir. A las diez llegó Pedro al tanatorio de Sancho Dávila donde ya estaban, igualmente madrugadores, otros amigos de toda la vida como Montserrat Caballé, Bernabé Martí y Luis del Olmo con los compañeros de «Protagonistas», la muy seguida radio matinal de la que años después me echaron por unos comentarios míos críticos sobre Carmen Romero, presidenta consorte. Me parece que entonces empezábamos en la Cope, donde Encarna Sánchez ya era reinona indiscutible y no le gustó nuestra compañía –¿o competencia?– por más que potenciase al medio. Íbamos de mostrador en mostrador porque la mañana radiofónica era solamente nuestra. Todos me daban el pésame y mostraban su cariño igual que tantas otras veces aunque no entendían que estuviera allí, cumplidor, con mi madre aún de cuerpo presente, el boxeador. Los periodistas éramos amigos más que colegas, algo que ya no se estila por culpa de la competencia. Años únicos, siempre experimentando, y nos sentíamos portavoces de la actualidad inmediata. De eso arranca mi cariño por Carrasco compartido por Rocío Jurado, a la que su hermano Amador bautizó «la más grande», quizá anticipándose a lo que llegaría. Un exceso de entusiasmo confirmado con el tiempo y los éxitos solo en España y Latinoamérica, porque nunca entró ni impactó en Europa como, pese a su inexpresividad gesticuladora, después sí lo consiguió Julio Iglesias superando a Raphael, nuestro otro divo negado para el mercado continental. Julio era tan estático que para cantar Eurovisión le hicieron una chaqueta con los bolsillos cerrados para que se moviera algo. «Se nos rompió el amor» hizo historia. Ahí sigue eternizando el recuerdo de la chipionera a quien siempre vestían Tony Benítez y Tony Ardón. La cantante ahora ha sido recuperada televisivamente en un verano que estuvo huérfano de noticias sensacionales con la efímera corte mallorquina decaída. No está mal resucitar a Rocío Jurado y demás como símbolo de una época musical donde España imponía como ya no hace. Ni tampoco surgen nuevos divos musicales de la talla de Caballé, Raphael, Massiel o Julio Iglesias. La nostalgia al menos nos sirve de consuelo, ay.