Mario Conde vuelve a la vida social por amor

El empresario mantiene una relación con Adriana Torres Silva, marquesa de Casa Mendaro

Mario Conde y su novia, Adriana Torres Silva
Mario Conde y su novia, Adriana Torres SilvaJosé Ramón Hernando Europa Press

El 29 de marzo pasado Mario Conde volvía a sus orígenes. Regresaba al que había sido el despacho presidencial durante su etapa de banquero poderoso, temido y envidiado. Esta vez ya no existía Banesto, la entidad bancaria que le aupó a la gloria efímera, sino que su reino había sido sustituido por la suite real del Hotel Four Season. Igual que en aquellos años era un sancta sanctorum donde solo tenía cabida el poder, ahora se mantiene como lugar inalcanzable para los simples mortales. Los cuatrocientos metros cuadrados de habitación a veinte mil euros la noche sirvieron para que Conde se reencontrara con su pasado.

Era una de sus primeras salidas tras la desaparición del Estado de Alarma. En solitario y sin el acompañamiento de su actual novia Adriana Torres. El que fuera íntimo amigo del Conde de Barcelona dejó hace tiempo de ser el centro de atención de las convocatorias públicas. La razón principal de esta invisibilidad ha sido elegida y no impuesta. Durante un tiempo se encerró en su pazo del municipio de A Mezquita (Orense) y desde allí lanzaba sus mensajes zen a través de las redes sociales.

Mario Conde y su novia, Adriana Torres Silva, durante la inauguración de la exposición de fotos de Jean-Daniel Lorieaux con motivo del día de los océanos
Mario Conde y su novia, Adriana Torres Silva, durante la inauguración de la exposición de fotos de Jean-Daniel Lorieaux con motivo del día de los océanosJosé Ramón Hernando Europa Press

Se había casado por segunda vez con la abogada María Pérez Ugena. Un matrimonio que no llegó a los seis años. Abandonó las charlas consigo mismo y salvo sus conversaciones durante el confinamiento con Javier Negre a través de su canal de YouTube nada se sabía de su trayectoria vital, ni de lo que hacía. Ya tenía publicados 26 libros que incluían varias de sus memorias y de sus experiencias carcelarias y en este aspecto, como se dice vulgarmente, el ex banquero ya tiene todo el pescado vendido. Un hombre hiperactivo que se mantenía a la sombra de los afectos familiares y de los pocos amigos de verdad que no le traicionaron cuando dejó de ser el poderoso Mario Conde.

En 2016 la puso a la venta por tres millones y medio de euros el chalet de tres plantas en el barrio de Chamartín. No hubo operación inmobiliaria porque retiró la vivienda del mercado. Hasta que conoció a Adriana Torres, marquesa de Casa Mendaro y su pareja actual, dividía su existencia entre Madrid y Orense. Con la aparición en su vida de la aristócrata pintora, la finca Los Carrizos en Castilblanco de los Arroyos se ha convertido en una especie de cuartel general donde disfrutar de la intimidad. Nada se sabía de esa relación hasta que la revista «Vanity Fair» dio la noticia. A partir de ese momento se publicaron imágenes en las que aparecían circulando en moto por las calles de Sevilla. El ex banquero de paquete y la aristócrata de conductora. Una visión que marca esta nueva relación amorosa en la que ambos han encajado sus vidas anteriores.

Mario Conde y su novia, Adriana Torres Silva
Mario Conde y su novia, Adriana Torres SilvaJosé Ramón Hernando Europa Press

La marquesa de Casa Mendaro vive en una finca en Utrera donde tiene su estudio. Licenciada en Bellas Artes ha presentado exposiciones en solitario y colectivas tanto en España como en Europa y Estados Unidos. Divorciada del empresario Felipe del Cuvillo tiene tres hijas que han congeniado con el nuevo compañero de su madre. Hace una semana, Conde retomó su vida pública para acompañar a su novia en un evento lúdico. Se trataba de una muestra del fotógrafo francés Jean-Daniel Lorieux titulada «Azul, Azul», cuya inauguración coincidió con el Día Mundial de los Océanos. Mientras que Adriana Torres no tuvo inconveniente en dar su opinión sobre la obra del artista gráfico, Conde procuraba permanecer en un segundo plano. Demostraba con esa actitud que su presencia en el acto no era por iniciativa propia sino como acompañante. Un cambio de actitud que poco tenía que ver con las presentaciones de sus libros. Ha elegido una vida discreta junto a la pintora a la que reencontró tras el confinamiento.