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Una cinta para correr y dieta en el ministerio con su marido: el Orgullo de Marlaska

El ministro se convirtió en referente del colectivo LGTBI, desde el momento en que hizo pública su orientación sexual

Fernando Grande-Marlaska durante la  recepción oficial ofrecida en el palacio real por los Reyes Felipe VI y Doña Letizia, con motivo de la fiesta nacional
Fernando Grande-Marlaska durante la recepción oficial ofrecida en el palacio real por los Reyes Felipe VI y Doña Letizia, con motivo de la fiesta nacional FOTO: Ángel de Antonio Pool

El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, ha demostrado que el miedo a las consecuencias de sus actos no paraliza sus decisiones futuras y trata cada día de ser «consecuente con lo que cree y defiende». Ese es su «leiv motiv» y, de hecho, lo lleva tatuado en la muñeca. Unas palabras que le acompañan tanto en lo personal como en lo profesional. «Ni pena ni miedo» es el lema que lleva a tinta en su piel, una expresión que proviene de un dibujo que el poeta chileno Raúl Zurita instaló en el suelo del desierto de Atacama. Éste también fue el título elegido para el libro que publicó en su etapa de juez de la Audiencia Nacional.

En su etapa como magistrado fue admirado por su implacable lucha contra el terrorismo, una imagen que se ha deteriorado como ministro del Interior con decisiones polémicas como la destitución de mandos de la Guardia Civil –la de los coroneles Manuel Sánchez Corbi o Diego Pérez de los Cobos- así como sus decisiones en el traslado de presos de la banda terrorista ETA al País Vasco, algo que algunas víctimas han criticado duramente. ETA planeó asesinarle con un coche-bomba en Ezcaray, donde tiene una casa. De hecho, la banda terrorista contaba en el municipio riojano con hasta tres viviendas, alguna propiedad de familiares del comando y otra de ellas, la alquilaron. -El propio ministro ha llegado a recordar este episodio y su condición de «víctima» en alguna de sus intervenciones en el Congreso.

Distancia con la madre

Grande-Marlaska se convirtió en referente del colectivo LGTBI, desde el día que decidió hacer pública su orientación sexual. Fuentes cercanas al ministro del Interior recuerdan cómo afectó a la relación que tenía con su madre, modista de profesión –ya fallecida-, cuando su homosexualidad se hizo pública. Esto le llevó a encerrarse varios días en su habitación y permanecieron años distanciados. Lo que duró esa etapa, el que fuera magistrado de la Audiencia Nacional se sintió «abandonado» e intentó que esta situación no se prolongara mucho en el tiempo. En el libro «Ni pena ni miedo» recuerda que, cuando se reencontraron, fue como si durante todo este tiempo hubiera sufrido una «larga condena». Después, su madre tuvo mucho cariño a Gorka Arotz, la pareja de Grande-Marlaska. «Le quiso luego muchísimo», destacan fuentes cercanas al titular de Interior. Nadie ha sido tan determinante en la vida de Marlaska como su madre, una mujer a la que tuvo y tendrá siempre como referente.

Pleno en el Congreso de los Diputados.
Pleno en el Congreso de los Diputados. FOTO: Jesus G. Feria La razon

El ministro del Interior conoció a su pareja en enero de 1998 en el País Vasco en un bar de copas nocturno donde se cruzó con unos amigos que le presentaron a Gorka y se quedó a tomar algo. Una semana después se irían a vivir juntos.

Dicen que durante bastante tiempo sintió una cierta «frustración» por no tener hijos. De hecho, antes de conocer a Gorka había comenzado los trámites para adoptar. La opción del vientre de alquiler no se la planteó y, en este aspecto, ni si quiera hubo negociación al respecto. «Me interesaba más tener la estabilidad vital que Gorka representaba para mí por encima de cualquier otra consideración», llegó a confesar.

Suele decir que son cinco en la familia, porque para Grande-Marlaska sus tres perros una fox terrier, Pepa, y dos galgos adoptados, Martina y Duende, «una raza que representa la idea del maltrato sistemático de nuestra sociedad hacia los animales», también son parte de ella, pues les profesa un gran cariño y constituyen además una «responsabilidad», pues su vida, gira también en torno a ellos. «No puedo imaginar cómo sería mi vida sin ellos», reconocía en su libro.

El hoy titular de Interior dio el paso de «salir del armario» coincidiendo con la aprobación del matrimonio homosexual, algo que impactó en la Audiencia Nacional. Aunque esto no era un secreto en la judicatura, cuentan que «una cosa era saberlo y otra verlo en una portada». Esta circunstancia no le afectó en su carrera y siguió prosperando profesionalmente hasta llegar a ser ministro del Interior.

Él admiraba mucho a la periodista Rosa Montero y decidió que revelaría su condición sexual en una entrevista con ella en una publicación de tirada nacional. Fue en junio de 2006. Nunca se ha arrepentido de dar el paso, algo que hizo para «inspirar a otros», pero ahora prefiere mantenerse en un perfil más discreto para que sean otros los que «recojan el testigo».

Deporte y comida sana

Su marido, Arotz, no tiene ningún perfil mediático y, aunque se la ha pedido en varias ocasiones entrevistas, siempre ha declinado las propuestas. Aficionado a la natación, que antes de la pandemia practicaba todos los días, durante el confinamiento tuvo que trasladar su actividad deportiva a dependencias ministeriales, donde renovó una cinta de correr, con polémica incluida. El ministro y su pareja son de cuidarse, así que además del deporte, intentan no salirse de una dieta sana. Gorka acompaña a Marlaska a comer en el ministerio cuando no hay comida en la agenda oficial. Es entonces cuando le preparan un almuerzo con las calorías justas.

Sus escritores favoritos están todos en la nómina de los clásicos –Voltaire, Dickens, Flaubert– pero él destaca a Thomas Mann y sobre todos, a Marguerite Yourcenar, por su brillantez y por la indagación que hace a través de sus personajes en asuntos como el amor o la sexualidad. Amante de la ópera –se sabe de memoria las letras de muchas arias– y del rock, se licenció Derecho en 1985 y trabajó un periodo corto en una empresa de exportaciones. En 1986 empezó a opositar para juez . Lo preparó un magistrado que acabaría siendo, como él, ministro socialista: Juan Alberto Belloch. De ese modo, Grande-Marlaska dejaba Bilbao por Santoña, donde tuvo su primer destino y donde abordó su primera investigación mediática: el suicidio de Rafael Escobedo, el condenado por el crimen de los marqueses de Urquijo. Después, volvió a Bilbao, para recalar en 2004 en la Audiencia Nacional, donde sustituyó a Baltasar Garzón y donde trabajó en casos tan relevantes como el Faisán, Fórum Filatélico y todos los relacionados con ETA, que lo enfrentaron con Arnaldo Otegi.