Historia

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La infidelidad de Isabel II que trae de cabeza al Reino Unido

El estreno de la tercera temporada de «The Crown» y el retrato del supuesto «affair» de la reina con Lord Porchester ha causado un auténtico terremoto en el Reino Unido. Mientras, desde el palacio de Buckingham guardan silencio

Isabel II junto a Lord Porchester
Isabel II junto a Lord Porchesterlarazon

El estreno de la tercera temporada de «The Crown» y el retrato del supuesto «affair» de la reina con Lord Porchester ha causado un auténtico terremoto en el Reino Unido. Mientras, desde el palacio de Buckingham guardan silencio.

Siempre se ha considerado a Isabel II una reina impecable, devota cumplidora de sus deberes constitucionales y fiel a su marido el príncipe Felipe, duque de Edimburgo. Por eso, las revelaciones de la tercera temporada de la serie «The Crown», que se estrena mañana, han causado ya, «avant la lettre», un revuelo nunca visto en el Reino Unido.

Son vox pópuli los devaneos del que fuera príncipe Felipe de Grecia y Dinamarca, convertido en consorte de Isabel en 1947. Pero ésta ha mantenido siempre incólume su fama casi victoriana a pesar de que –como sabemos– sobre la reina Victoria también corrieron rumores por su relación con su sirviente escocés John Brown. Las habladurías dieron pie a la película «Su Majestad Mrs. Brown», de 1997, en la que Judi Dench interpretó a Victoria. También dio de qué hablar su afecto por su sirviente indio Abdul Karim, objeto de una película estrenada en 2017, «La Reina Victoria y Abdul».

La nueva Isabel II, antes interpretada por Claire Foy, es en esta temporada Olivia Colman, ganadora de un premio Oscar este año por su interpretación en «The Favourite». A ella le ha tocado representar, por vez primera en la historia del reinado más largo de Inglaterra, algo muy delicado. Y es que, naturalmente, hablar de una posible infidelidad de Isabel II son palabras mayores, siendo tal especulación objeto de diversas condenas populares y mediáticas. Desde luego, el Reino Unido se caracteriza por su avanzada transparencia en todo lo que tiene que ver con su familia real, pero esto ha superado –para algunos– una línea roja hasta ahora intacta. La polémica ha surgido al hablarse en la serie de un supuesto «affaire» de Isabel II con Lord Porchester, conocido familiarmente como «Porchie» e interpretado en esta tercera serie por el actor John Hollingworth.

¿Quién es «Porchie»?

Pero, ¿quién es este personaje? De todos es sabido la pasión de la reina –y de muchos de sus antepasados– por los caballos. Lord Porchester, que criaba estos animales desde los 19 años, fue desde 1969 el entrenador de sus corceles, o más bien gerente de las carreras en las que los rocines regios participaban. Pero fue también confidente de la Reina y amigo de infancia de la soberana.

Educado en Eton, miembro de los Royal Horse Guards, durante la guerra sirvió en el norte de África. Isabel II mantuvo una cercana amistad con él hasta su muerte en 2001 y en ella se ha basado «The Crown» para sugerir un idilio entre ambos cuyas pruebas brillan por su ausencia pues, aunque Isabel II y «Porchie» acudieron muchas veces juntos a diversos eventos, nunca se probó que esa amistad hubiera ido más allá.

Henry George Reginald Molyneux Herbert, barón de Porchester, convertido a la muerte de su padre, en 1987, en el 7º Conde de Carnarvon, era el propietario del castillo de Highclere, que se hizo mundialmente conocido al ser el escenario de la serie televisiva «Downton Abbey». Es sabido que a Isabel II le encantaba verla–como también «The Crown»– lo que ha servido para haya quien, rizando el rizo, insinúe que es porque le traía especiales recuerdos de «Porchie», quien, por cierto, no vivió para ver dicha serie. Le sucedió como gerente de las carreras de la Reina su propio yerno, John Warren.

El abuelo de «Porchie», el 5º Conde de Carnarvon, se hizo famoso al descubrir en Egipto, junto a Howard Carter, la tumba de Tutankamón. George Reginald Oliver Molyneux Herbert, actual Conde de Carnarvon, residente en el citado castillo de Highclere y ahijado, por cierto, de Isabel II, declaró hace poco a «The Telegraph» que su padre y la Reina eran de la misma generación y por eso pasaron juntos la guerra, además de que compartían un gran amor por el campo y por la naturaleza, así como por los caballos. Ya estuvieran caminando en Sandringham, Highclere o en Escocia, siempre fue ésa su gran obsesión.

Para intentar quitar hierro al asunto, algunos aducen que la serie es pura ficción y, por tanto, no son criticables las licencias cinematográficas. Pero lo cierto es que la mayoría piensa que la pretensión de «The Crown» es reflejar cómo es la vida de la soberana británica sin dejar temas en el tintero por espinosos que sean.

Relativa credibilidad

Uno de los que ha encabezado el rasgado de vestiduras es Dickie Arbiter, durante años secretario de Prensa de la Reina, que afirmó de modo tajante a The Sunday Times: «Todo esto me parece de muy mal gusto y totalmente infundado. La Reina es la última persona en el mundo que consideraría mirar a otro hombre que no fuese su marido», y añadió que la relación «Porchie»-Isabel era la de empleado-empleador, lo que resulta algo exagerado.

Aunque salva la situación al señalar que los diálogos son tan inventados como en cualquier película. Y, por tanto, su credibilidad es más que relativa. Diálogos como el de Isabel II y el príncipe Felipe tras un viaje de ella con «Porchie» para visitar granjas de sementales. En él, el duque de Edimburgo interroga a la Reina manifestándole sus sospechas acerca de su relación con Porchie. Isabel es taxativa: «Si tienes algo que decir, dilo ahora. De lo contrario, si no te importa, estoy muy ocupada». Sin embargo, la escena termina con un beso entre ambos. Y también le llega a decir: «No tengo nada que ocultarte, “Porchie” es un amigo».

El biógrafo real Tom Bower piensa, en cambio, que la mayor parte de lo contado en «The Crown» es cierto y que «Porchie» e Isabel tuvieron algo más que una amistad apasionada. En todo caso, los caballos han acompañado supuestos o reales idilios, como sucedió en los casos de la princesa Margarita, hermana de Isabel II, y su relación con Peter Townsend –algo reflejado en la primera temporada de esta ficción–; en el de Coco Chanel con Étienne Balsan; en el de Rodolfo y Madame Bovary, en la famosa novela de Gustave Flaubert.

Cuando se pertenece a la realeza hay que asumir lo que la reina María de Rumanía escribía en sus memorias «Historia de mi vida», a saber, que los miembros de familias reales son la diana de miles de ojos que discuten y juzgan sus gestos, encontrándose sin defensa ante quienes les critican, e incluso insultan, sin que puedan protestar o replicar, debiendo permanecer mudos como si no tuvieran sentimientos ni opiniones, soportando estoicamente caricaturas y deformaciones de acciones o palabras. Parece que ese digno silencio será la actitud de Isabel II ante este golpe.

Otras polémicas que nacieron en el castillo de Windsor

Carlos de Gales, seducido por Camilla

La Duquesa de Cornualles, nacida Camilla Rosemary Shand, es ahora la estable esposa del príncipe Carlos, el perpetuo heredero de la Corona británica. Se ha elucubrado mucho sobre si ella, una vez ascienda Carlos al trono, se convertirá en reina consorte de Inglaterra o no. Muchos pensamos que no hay razón para que no sea de ese modo. En la serie se profundiza acerca de los albores de la relación entre Carlos y Camilla, que llevarían a que en un momento dado yante la «BBC», la princesa Diana de Gales proclamara que en un matrimonio tres son multitud. Se ha criticado mucho lo peligroso que es dejar caer conspiraciones organizadas por la Reina para obstruir el romance de Carlos con Camilla. Algo que, según «The Daily Telegraph», podría hacer mucho daño.

Más risibles aún son las imaginadas escenas que representan a Lord Mountbatten y a la Reina Madre conspirando para organizar una intervención en el floreciente romance de Carlos y Camilla, dividiéndolos a la fuerza. Andrew Parker Bowles, hijo de Derek Parker Bowles, un viejo amigo de la Reina Madre, mientras estaba conociendo a Camilla, fue amigo especial de Lady Caroline Percy, hija del duque de Northumberland, y de Lady Amabel Lindsay, hija del conde de Hardwicke. Andrew era conocido, según una de sus ex, como el mejor amante de Londres. Algunos piensan que el inicio de la relación entre Camilla y Carlos fue debido al despecho. Si Andrew seducía a Ana, ella seduciría a Carlos. No se tuvo que emplear a fondo. Carlos cayó con facilidad. Pero el matrimonio era imposible. Él era muy joven y ella realmente quería a Andrew. Tampoco Ana se casaría finalmente con Andrew. Éste era católico, lo que en aquella época, y hasta 2011, resultaba suficiente para impedir cualquier romance de alguien de esa religión con una princesa de la casa real británica.

La princesa Ana ¿y un "cuadrángulo"amoroso?

Mucho se he escrito sobre la princesa Margarita, hermana de Isabel II, y sus «flirts» y problemas con adicciones, y sobre la duquesa Sara de York y ciertos devaneos amorosos. La princesa Ana, calificada por algunos como sarcástica e inteligente, había salido bastante indemne de habladurías y comadreos.

Conocida por su semblante severo, su peinado anticuado y su modo de vestir sumamente discreto, por no decir «demodé», la puesta en escena de la princesa Ana en esta tercera entrega de la serie es sorprendente. No tienen reparos en retratarla en «lingerie» negra mientras Andrew Parker Bowles se pasea con el torso desnudo por la habitación antes de meterse en la cama con Ana. No se debe olvidar la frustrada relación entre Ana, a poco de salir de Benenden School, y Gerald Ward, oficial de caballería educado en Eton, luego padrino del príncipe Harry, ni la que tuvo con el jugador de polo Sandy Harper, dos años mayor que ella, o la habida con Brian Alexander o la existencia de su admirador Richard Meade.

Peter Morgan declaró hace poco en «The New York Times» que el serio trabajo realizado hasta ahora le da derecho a incluir algo de sexo y diversión en esta nueva entrega. En efecto, Ana aparece en medio de las historias de chantaje, sexo y traición que sobrevuelan toda la filmación. Ana piensa que la vida de princesa no es de cuento de hadas y que ha tenido que lidiar con quienes consideran que no posee una belleza perfecta, empezando por ella misma. Se ha volcado toda su vida en el trabajo en pro de la Corona en total obediencia a su madre Isabel II. Dicen que su máxima es «duty not beauty», es decir “deber y no belleza”. Algo que contradice la imagen ofrecida en esta tercera entrega de «The Crown».