Granada

«Señor que pueda ver» por Luis Emilio Pascual

La Razón
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«Dale limosna, mujer; que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada». Refleja el bello romance una situación social de los ciegos muy similar a la que pudo contemplar Jesús en Israel, donde la ceguera era un mal corriente. ¿Qué puede hacer un ciego sino extender la mano y esperar limosna? Sin embargo, hay otra ceguera. «No veo nada», se escucha en algunas conversaciones, y entendemos que alguien se encuentra sin saber qué dirección tomar. El hombre difícilmente se reconoce «ciego», y suele tomar conciencia de su ceguera con el sufrimiento, que le llega como una nube en los ojos, como unas cataratas; la respuesta suele ser el reproche a la propia vida, a los demás, a Dios, el tirar la toalla en la lucha de la vida, se avinagra el carácter, llega la depresión... y en el caso límite se acaba en suicidio.
Si lo pensamos un poco «todos andamos un poco miopes»: ¿qué actitud tomo ante mi hijo: comprensión, perdón o mano dura?, ¿no sería mejor divorciarnos?, ¿para qué seguir esforzándome si no me lo tienen en cuenta?, ¿le decimos que tiene cáncer o lo envolvemos en mentiras sus últimos días?, ¿no habré hecho el tonto con esta familia numerosa?, ¿para qué estudiar si voy al paro?... ¿Solución?: la de Bartimeo, el ciego de Jericó: sentarse al borde del camino, a la orilla de la vida… y extender la mano pidiendo una limosna, mendigar unos afectos que compensen mi desgracia, etc.
La Palabra de Dios es siempre actual y es eficaz. Si hoy es proclamada es porque delante tiene una «asamblea de ciegos» que deben recuperar la vista, a quienes hay que anunciar el gozo de Jesucristo, avivar la fe y devolver la luz y la esperanza; en definitiva gente que quiere vivir. No pueden vivir sin luz, y Jesús es «la luz del mundo». Bartimeo había oído hablar de Jesús; escucha el murmullo, el Maestro pasa cerca, y sin dudar un instante, grita y grita. Necesita ser escuchado, quiere salir de su postración y recuperar su dignidad de persona. ¿Qué es la oración sino un grito al único que puede sacarnos de las tinieblas y devolvernos la luz, la esperanza y la vida? Bartimeo, pasó de las tinieblas de la orilla del camino a la vereda de la luz; se disiparon para siempre sus oscuridades, su soledad se convirtió en compañía y se unió al cortejo del Hijo de David: pasó de la fe al seguimiento.
Pidamos al Señor que ilumine la mente de los científicos, dirija la mano de los oftalmólogos y desaparezca la minusvalía de la ceguera. Pidamos que, mientras tanto, reciban de sus hermanos algo más que limosna y se eliminen las barreras que impiden su integración. Pero más importante, deseemos y pidamos que a todo hombre o mujer que sufre las tinieblas de la propia existencia, se le acerque la Iglesia de Jesucristo y le anuncie de parte del Maestro: «¡Ánimo!, levántate, que te llama». Y que él o ella, sin temor, pueda responder: «¡Señor, que pueda ver!... ¡Quiero seguirte!».