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Balance en tonos grises

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31 de julio de 2010. 01:24h

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31/7/2010

El balance del primer semestre del año del presidente del Gobierno coincidió ayer con los nuevos datos negativos del empleo en el segundo trimestre del año. De todos los aspectos de la política socialista, sin duda la destrucción acelerada de puestos de trabajo es el más negativo. Durante estos años, la gestión del presidente Rodríguez Zapatero ha sido incapaz de parar una sangría de importantes consecuencias económicas y sociales. La tendencia siguió su curso de abril a junio. El paro subió en 32.800 personas y situó la cifra total en los 4,6 millones, el 20,09 por ciento de la población activa, un nuevo récord en nuestro país. Otra consecuencia de este deterioro ininterrumpido del empleo es que ya hay 1,3 millones de hogares con todos sus miembros en paro. En los datos del Instituto Nacional de Estadística hay, sin embargo, un síntoma si se quiere esperanzador como es que la ocupación registró un fuerte aumento de 82.700 personas, aunque no logró absorber el aumento de la población activa. Es un indicio de que algo se mueve, aunque sea un clavo ardiendo al que aferrarse que no aliviará el horizonte laboral del país para los próximos meses. El presidente del Gobierno habló de «cifras inasumibles» lógicamente, y defendió la reforma laboral como «decisiva para evitar despidos», al tiempo que anunció una profunda reforma de las políticas activas de empleo para modernizar los servicios públicos y apoyar de forma directa a cada parado para que encuentre un puesto de trabajo. No podemos negar que las reformas han  supuesto ligeros avances para un mercado laboral pétreo, pero el Gobierno cometió el error de quedarse corto, con intervenciones superficiales y parciales sin atacar la raíz de las rigideces que coartan la contratación. De ahí que Zapatero, salvo algún apoyo condicionado de los nacionalistas, no cuente con respaldo alguno para una reforma que debería aglutinar al menos al principal partido de la oposición. 

Zapatero continúa por sexto año consecutivo instalado en la autocomplacencia, sea con una política ideologizada y de izquierdas, sea con otra de recortes sociales y de reformas impuestas desde Europa después de años dedicados a un incontrolado gasto público que liquidó la brillante herencia del PP. El presidente aseguró ayer que el Gobierno está prestando «un buen servicio al país», un titular que ha repetido ininterrumpidamente durante su Legislatura y media con los resultados conocidos de crisis económica, institucional y moral.

El presidente parece aferrado a la hoja de ruta impuesta por Bruselas: «Austeridad, reformas y cohesión social», la misma que el PP reclamaba desde hace tres años, pero  con este Ejecutivo las certidumbres no existen. En cuanto a crisis de Gobierno, Zapatero aseguró que no está en la agenda, mientras que de la prohibición de los toros, anunció que respetará la decisión del Parlament para no politizar el asunto. Su prioridad es reconducir las relaciones con el nacionalismo catalán por lo que pueda pasar en el futuro, y en ese proyecto la merma de libertades queda en un segundo plano.

Hace meses defendimos que el tiempo de este Gobierno estaba agotado, su proyecto finiquitado y que la alternancia política era la única salida. Y los hechos han refrendado este criterio.

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