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Olimpiada sí

Tiempo de lectura 4 min.

09 de julio de 2011. 21:02h

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10/7/2011

Creo que el Alcalde de Madrid acertaría presentando la candidatura de Madrid como sede de los Juegos Olímpicos de 2020. La gente se ha acostumbrado a decir «los mundiales» y «las olimpiadas» como si se celebraran varias y en diferentes lugares, simultáneamente. Madrid perdió en 2012 y en 2016. En el primer intento porque prevaleció la inexperiencia. En el segundo, porque no tocaba y, para colmo, el tonto ese que se acaba de casar vestido de Primera Comunión se pasó siete pueblos. Después de esas experiencias negativas hay que recuperar el optimismo. En 2020 toca Europa, y no creo que haya ciudades más preparadas que Madrid para que la Capital del Reino de España cumpla con su viejo sueño. Una Olimpiada.

En las candidaturas previas, Madrid se ha comportado con excesiva elegancia. Y ha tratado a muchos miembros del Comité Olímpico Internacional con una cortesía que no merecían. El COI está compuesto por personas honorables y personas deleznables. Con las honorables no hay que cambiar el paso. Sí con las deleznables. Alberto Ruiz-Gallardón ha perdido una oportunidad de oro con un individuo que pertenece a la segunda opción. El individuo no es otro que el memo que se acaba de casar vestido de Primera Comunión luciendo sus condecoraciones a la altura de los cataplines. El Ayuntamiento de Madrid tendría que haberle mandado un par de jamones para la boda. Un pequeño soborno jamonero de pata negra. No más, porque la inversión no puede exceder el límite de lo aceptable. El gordito calvo de la Primera Comunión con medallas a la altura de los dídimos se halla en Sudáfrica, cuna de su mujer, en viaje de novios. Y tienen prevista una visita a un gran parque natural. Supongamos, que es mucho suponer, que al gordito hablador se lo come un león. En ese caso, la pérdida de dos jamones nadie se la tendría en cuenta a nuestra candidatura. Hasta el león se mostraría agradecido por el buen sabor del chisgarabís.

Pero me voy por las ramas. Madrid ha trabajado mucho y bien para alcanzar el sueño de la Olimpiada. Las infraestructuras de Madrid son insuperables. Accesos, comunicaciones y hoteles. Tenemos construido el Estadio Olímpico y contamos con el apoyo de instituciones deportivas que aportarían sus instalaciones. La Caja Mágica es una realidad. Tengo la seguridad de que, a pesar de la crisis, las grandes empresas españolas contribuirían con generosidad a la culminación del objetivo. El Reino Unido, con la Olimpiada de Londres ya concedida, no pondría trabas a la candidatura de Madrid, y su influencia en muchos de los votos de los miembros pertenecientes a naciones de la «Commonwealth» estaría en nuestras manos con una buena labor diplomática. Y a los detractores de la Olimpiada habría que convencerlos de que una buena parte de las inversiones ya están ejecutadas, y que una Olimpiada es siempre el mejor negocio de imagen y prestigio para una ciudad como Madrid.

Equipo, apoyos institucionales, ayudas económicas, el respaldo de España y el entusiasmo popular los tiene asegurados el Alcalde de Madrid. Hay que ir a por ello y a por ellos. Manifestaba días atrás Juan Antonio Samaranch que en el COI se valora la perseverancia. No contemplo la posibilidad de un nuevo desaire. Madrid ofrece mucho más que otras grandes ciudades. Entre otras cosas, convicción. En esta ocasión, el tonto no tiene nada que hacer.
Se lo coma o no se lo coma el león.

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