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Gritos de independencia cierran el acto central en la Ciutadella n Los partidos, inmersos en el juego electoral, desoyen el mensaje de unidad de Montilla y tachan su discurso de partidista

La Diada institucional dice «Adéu Espanya» y reivindica el catalán

El president insiste en que «hay que dejar reposar los ánimos»  para superar la actual «inquietud».

  • La Diada institucional dice «Adéu Espanya» y reivindica el catalán
Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

12 de septiembre de 2010. 01:20h

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Barcelona. 12/9/2010

La desafección política que tanto temen los candidatos a la Presidencia de la Generalitat se coló ayer como invitada en la fiesta del Onze de Setembre. Muchos barceloneses aprovecharon que hacía buen tiempo para despedirse del verano, lejos de la ciudad. Y las 15.000 personas que, según la Generalitat de Cataluña, participaron en el acto institucional de la Diada se contagiaron del carácter sobrio y contenido del presidente, José Montilla. Entre el público, se vieron menos «esteladas» que otros años y apenas se lanzaron proclamas nacionalistas. Sólo al final, un grupo de independentistas despidieron el acto con gritos de «independència» y con la clásica cantinela: «No queremos ser una nación de España, no queremos ser un país ocupado. Queremos la independencia».

Reivindicación en el escenario
Sobre el escenario, la nota reivindicativa de la ceremonia, dirigida por Joan Ollé, llegó a la hora de rememorar el 150 aniversario del poeta Joan Maragall –abuelo de Pasqual–, con el poema «Oda a Espanya», una de las piezas de «Els tres cants de guerra», escrito entre 1896 y 1899, que acusa a España de vivir de glorias pasadas e insta a Cataluña a romper la cuerda que le une con ella. Sin duda, una elección nada baladí tras la sentencia del Estatut.

El cantautor Xavier Ribalta, acompañado por el Quartet Diem y el Coro Lieder Càmera, dio voz al texto que acaba con un «Adéu. Espanya!» y empieza con un «Escucha, España, la voz de un hijo que te habla en lengua no castellana; hablo la lengua que me ha legado la tierra áspera».

Esta apertura rendía homenaje al catalán, el hilo vertebrador del acto, por el que desfilaron todos los acentos de la lengua catalana. Desde el catalán afrancesado de la cantante de Perpiñán Gisela Bellsolà, que interpretó «A la vora del mar», al catalán exótico de los italianos Franca Masu y Claudio Gabriel Sanna, que entonaron una canción popular de Cerdeña.

Joan Maragall no fue el único recordado. La ceremonia institucional también rindió homenaje al 25 aniversario de la muerte de Salvador Espriu, los centenarios de Màrius Torres y Vicenç Vives y a la Nova Cançó. Uno de sus miembros fundadores, Josep Maria Espinàs, se encargó de recordar los orígenes de este movimiento antifranquista, hace ya medio siglo.

La solemnidad con la que se vistió el acto, lo hizo en algún momento aburrido. Los políticos, a la sombra, aguantaron, pero hubo gente entre el público, al sol, que se retiró antes de que actuaran las «sardanas flamencas» y se cantaran las jotas de estilo catalán, balear y valenciano, que logró desmelenar –en la medida de lo posible–, a Miquel Iceta y Josep Huguet. Montilla, los ex presidentes Pasqual Maragall y Jordi Pujol, los consellers y las autoridades invitadas como Carme Chacón y Jorge Fernández, se despidieron cantando «Els Segadors».

La concordia duró hasta que apareció un micrófono en escena. La Diada dio comienzo oficialmente a la carrera electoral. Los partidos desoyeron a Montilla, que la víspera del 11 de septiembre recetó unidad para superar las desavenencias con España frente a la «pulsión separadora» que mueve a sus adversarios. El discurso no gustó a nadie, excepto al PSC. El candidato de CiU, Artur Mas calificó de «extraño» que el president critique el separatismo «cuando ha gobernado los últimos cuatro años con ERC» y el respublicano Joan Puigcercós tachó el discurso de «separatista». En un intento de sembrar concordia, Alicia Sánchez-Camacho reclamó  que la Diada no se convierta en una acto de reivindicación soberanista. La presidenta del PP catalán instó al próximo ejecutivo a reconsiderar el acto de la Diada para que no todos los actos tengan un carácter reivindicativo.

Montilla tomó nota y por la tarde, durante el acto de entrega de la Medallas de Oro de la Generalitat a la Abadía de Pobler y al Institut d'Estudis Catalans (IEC) reflexionó que «la conmemoración del Onze de Setembre puede ser, más que una Diada de exaltación, una oportunidad para la meditación colectiva».

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