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«Las jóvenes son pudorosas y se toman el desnudo en serio», explica Almansa, que desde ayer expone en el restaurante Hispano de Murcia

Pablo Almansa / Fotógrafo: «Una chica que posa desnuda te deposita una confianza increíble»

  • Pablo Almansa / Fotógrafo: «Una chica que posa desnuda te deposita una confianza increíble»

Tiempo de lectura 8 min.

26 de junio de 2012. 23:55h

Comentada
27/6/2012

MURCIA-Se define a sí mismo como un fotógrafo versátil, incapaz de elegir entre fotografiar la belleza de los paisajes que admira en sus viajes por todo el mundo o la belleza de las mujeres que inmortaliza desnudas con elegancia. Pablo Almansa (Murcia, 1973) capta y muestra en sus imágenes desnudos que rebosan erotismo. Unos desnudos en los que se observa un uso magistral de la luz y que se pueden contemplar en el restaurante Hispano de Murcia, hasta el próximo 26 de septiembre, dentro de la iniciativa «Un fotógrafo a la mesa» con la que poder comer (o no, matiza Almansa), observando arte.

-Definiéndose como un fotógrafo versátil, ¿por qué ha apostado por el desnudo en esta exposición?
-Empecé a hacer fotos con 18 años y con 21 veía mucho libro de arte en la biblioteca de mi padre, que es exquisita. Observaba libros de fotógrafos de desnudos y editoriales de moda. Me empezó a llamar la atención. En este momento comencé a hacer fotos de desnudos y me gustó, pero al igual que me gusta viajar. Respondiendo a la pregunta, lo cierto es que en esta exposición he apostado por el desnudo como una elección personal.

-¿Qué precios tienen las once fotos de la muestra?
-Los precios oscilan entre 600 y 3.000 euros por foto, pero la mayoría están sobre los 1.500 euros.

-¿Son series limitadas?
-En los desnudos hago una edición limitada de cinco y en los paisajes de diez. A esto hay que sumarle un par de pruebas de autor.

-Con la crisis, ¿ha decaído la venta de fotos?
-En España siempre ha estado mal, pero yo vendo para el extranjero. De hecho, lo último que he vendido es a un belga. Hay muchos coleccionistas interesados en mi trabajo.

-¿Cómo compagina sus viajes con sus publicaciones en revistas como «Elle» o «GQ», entre otras?
-Para mí tener tiempo de verdad, es disponer, al menos, de un mes libre. Cuando lo tengo me organizo viajes. Ahora por un encargo me he ido a Tanzania a hacer fotos de parques nacionales, del estilo de vida allí y de animales salvajes.

-Se dice que en sus viajes huye de las mujeres...
-Exacto. No me dedico a ligar, ni a intentar conocer a chicas nuevas, más bien lo evito. Además, me suelen servir para curar el desamor. De hecho, la primera vez que tuve dinero para hacer un viaje de larga duración coincidió con la ruptura de una relación que tuve. En ese momento tenía 29 años y me fui a recorrer Marruecos en bici yo solo con las cámaras de fotos. Y vine nuevo. Se me ha quedado la asociación de que un viaje ayuda a curarme. Uno de los mayores problemas del desamor es cuando te quedas sin esa persona y no sales de ese ecosistema, por lo que todo te recuerda a ella. Si no escapas de ese mundo, estás fastidiado, pero al cambiar de entorno olvidas. Los viajes me liberan.

-¿Por qué cree que algunos fotógrafos sobrepasan esa fina línea que separa el erotismo artístico de la vulgaridad?
-Es una cuestión de que pretenden hacerlo muy rápido. La fotografía hay que cultivarla. Yo he tirado muchos trabajos a la basura porque no me gustaban, por eso apelo tanto a que no se debe tener prisa a la hora de enseñar un trabajo, necesita su tiempo.  Yo tengo 39 años. Me fui a Madrid con 30  y empecé a hacer fotos con 18 años. La gente de Murcia sabía que hacía fotos, pero no comencé a enseñarlas hasta que tenía 28 años. Momento en el que hice mi primer book. Hoy en día un chaval que empieza se compra una cámara de 1.000 euros y, como disparar es gratis, se apresura. Por otro lado, no es lo mismo que te salga mal una chica vestida o desnuda. Si te sale la foto de una chica desnuda mal, tienes un problema porque, para empezar, ha depositado una confianza en ti increíble a la hora de posar así. Una joven de 23 años si está desnuda conmigo 10 horas, está más tiempo que con su novio y no se les puede defraudar con un mal trabajo. Las chicas de 23-26 años son pudorosas y aunque estén seguras de sí mismas, el desnudo es algo que se toman en serio.

-En sus fotografías solo encontramos mujeres bellas, ¿son todas modelos?
-No son modelos, hay muchas que tienen trabajos totalmente alejados de la moda. Muchas nunca han posado y simplemente les interesan los desnudos que yo he hecho y por eso se han puesto en contacto conmigo. Yo ahora no paro de hacer fotos de embarazadas, y quizá dentro de unos años haga una exposición de desnudos de embarazadas.

-Pero sí responden a los cánones de belleza actuales...
-No siempre. De hecho una de las chicas de mis fotos mide poco más de un metro y medio y la conocí porque fue a acompañar a una amiga suya modelo a un casting. En ese momento, en vez de fijarme en la que se presentaba al casting, me fijé en esa chica bajita que desbordaba belleza aunque no pueda dedicarse al mundo de la moda por su estatura.

-¿Le han influenciado en su fotografía el trabajo de grandes fotógrafos como  Helmut Newton o Guy Bourdin?
-He aprendido mucho de ellos y lo que más me ha influido es que los veo muy serios con su trabajo. La seriedad de que tienes delante una chica y se tiene que desnudar. De Helmut Newton me gustaba la seguridad que imprimía a sus modelos, aunque es cierto que técnicamente pienso que hay fotógrafos más pulidos, como Richard Avedon.

-¿Cuáles son sus ‘héroes o heroínas' en la fotografía?
-No tengo héroes pero sí que admiro a fotógrafos como Peter Lindbergh, Herb Ritts, Marco Grob y Patrick Demarchelier.

-¿Le defraudó saber que el beso de Robert Doisneau  fue algo preparado y no espontáneo?
-Me defrauda mucho más que vaya un fotógrafo de Magnum a jugarse la vida a Siria o a Afganistán y que después el editor que está sentado en un despacho, le diga que no puede publicar esas fotos porque son demasiado violentas o expresivas. Las censuran. Pero lo cierto es que en el mundo están pasando esas cosas.

-El fotógrafo de moda Luis Barta planteó el pasado domingo en la conferencia que impartió en el Med festival de Águilas que buscaba la desnudez interior de la persona que retrataba ¿se siente identificado?
-No.  Pienso que todo eso es dialéctica. Yo cuando voy a hacer una foto cuento lo que quiero conseguir. No hay nada casual, ni intento indagar en su interior. Hago la foto que tengo en la cabeza.

-¿Ha supuesto alguna vez que el desnudo pasara a ser una barrera en la sesión?
-No porque mis desnudos antes de hacerlos los hablo mucho con la persona ya que son para toda la vida y se los pueden encontrar en casa de algún coleccionista o en alguna exposición. Esto hace que me asegure que la persona lo tiene claro y luego se plasma en un contrato. En mis comienzos tuve alguna mala experiencia con alguna chica que fotografié y que su novio la presionó para hablar conmigo y que yo destruyese las fotos. Eso ya no me pasa, está todo muy hablado con anterioridad.

-¿Cuáles son sus próximos proyectos?
-Quiero hacer una exposición de desnudos de gran formato. Me gustaría que fuera en Madrid, pero no tengo una fecha concreta.

 

Personal e intransferible
–Un sueño. –Viajar.
–Una filosofía de vida. –No fiarte de mucha gente.
–Una frase. –La mayoría de los fracasos vienen de querer adelantar la hora de los éxitos.
–Aficiones. –Bucear y viajar.
–Una comida. –El arroz y conejo de Murcia.
–Un recuerdo triste. –Cuando murió mi perro.
–Un recuerdo alegre. –Que a mi hermano le han hecho jefe de cocina.
–Una emoción. –El amor.
–Una preocupación. –La salud de las personas de mi alrededor.
 

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